sábado, 28 de junio de 2014

Los restos de una de las mayores hogueras neandertales de Europa

Los restos de una de las mayores hogueras neandertales de Europa
Los arqueólogos que trabajan al yacimiento del Paleolítico mediano de la Roca de los Bueyes de Sant Llorenç de Montgai (Lleida) han descubierto una hoguera hecha por el hombre de Neandertal que podría ser una de las más grandes de Europa cuando se acabe de excavar totalmente. Hasta ahora, han podido comprobar que tiene más de tres metros de ancho y los arqueólogos creen que no se usaba para cocinar sino para hacer fuegos rituales -como las hogueras que se hacen para San Juan-, algo que "no sería extraño", según el director de la excavación, Rafael Mora.

El equipo de arqueólogos que durante este junio excava al yacimiento de la Roca de los Bueyes centra su trabajo en intentar explicar la funcionalidad que podría tener la hoguera, de la que queda una acumulación de cenizas de tres metros de diámetro originadas hace 55.000 años. Sus grandes dimensiones, más del triple de lo que se había encontrado hasta el momento, lo convierten en casi único en toda Europa. Este hecho, sumado a la forma cóncava que tiene y los restos recuperados a su interior, hace plantear la hipótesis que los grupos de neandertales que vivían en la zona lo hubieran encendido con finalidades rituales.

Además de las cenizas propias de la combustión de la hoguera, que tienen más de 20 centímetros de profundidad, se han encontrado diferentes objetos quemados que forman parte de su vida cotidiana, como por ejemplo osos y objetos líticos (de piedra). Además de estos vestigios, también se han localizado y documentado varios restos de fauna carbonizada de especies poco habitual en el registro, como por ejemplo carnívoros y aves carroñeras, todos con marcas de corte que fueron consumidas. El estudio de los materiales, que se hace a las instalaciones del Espacio Orígenes, en Camarasa (Lleida), servirá para obtener datos con las que, entre otros, confirmar que la actividad simbólica de estos grupos es real.

Rafael Mora, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) ha matizado que todavía es difícil determinarlo mediante la metodología científica y que serán necesarias diversas campañas de excavación para poder contrastar estos datos. Las excavaciones, coordinadas desde el Centro de Estudios del Patrimonio Arqueológico de la Prehistoria (CEPAP) de la UAB, se llevan a cabo con el apoyo técnico y económico del Departamento de Cultura y el de Educación de la Generalitat, el Ministerio de Economía y Competitividad español y el Ayuntamiento de Camarasa.

Las tareas de excavación al yacimiento y del laboratorio, donde se cataloga y se define la morfología de los objetos encontrados, las llevan a cabo una veintena de arqueólogos y estudiantes de arqueología de diferentes universidades de todo el Estado. El equipo se incrementará con diez personas más a partir de julio, cuando empiecen los trabajos a la Cueva Grande de Santa Linya, donde se contará con la colaboración de una docena de profesionales y alumnos de varias universidades de los Estados Unidos. Todo ello está abierto a la ciudadanía, a través de la actividad Work in process..., con la que todo el mundo puede ir a ver cómo realizan el trabajo. Es una manera de divulgar su tarea y explicar la importancia que tiene la preservación y valorización del patrimonio.

El yacimiento de la Roca de los Bueyes, museizado desde 2010, se puede visitar de forma guiada con el apoyo de tabletas digitales. Este sistema permite recrear y dar a conocer cómo era la forma de vida de los neandertales, que utilizaban esta cavidad como lugar de paso durante sus viajes entre las comarcas de la llanura de Lleida y las del Pirineu. La apuesta por las nuevas tecnologías permite al visitante acercarse al entorno y la prehistoria de forma autónoma y, con la ayuda de un guía a la parte final del recorrido, conocer la metodología de investigación en arqueología con la que se descubren nuevos detalles sobre los primeros pobladores de la zona.

ACN | 20minutos.es

viernes, 27 de junio de 2014

La dieta omnívora del neandertal

La dieta omnívora del neandertal
Frente a la idea de que los neandertales eran seres altamente carnívoros, un nuevo estudio publicado en la revista PlosOne sugiere que consumían una cantidad significativa de vegetales. En el estudio, liderado por Ainara Sistiaga de la Universidad de La Laguna y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, se han analizado restos fecales de hace 50.000 años procedentes del yacimiento de El Salt en Alicante.

En el enclave arqueológico de El Salt en Alicante, un equipo de investigación dirigido por la profesora Bertila Galván de la Universidad de la Laguna ha proporcionado durante más de 20 años de excavación numerosos testimonios de ocupación neandertal que incluyen restos humanos o algunos de los ejemplos mejor conservados de fuegos del Paleolítico medio ibérico.

El equipo de investigación ha conseguido identificar la huella molecular dejada por la materia fecal en el sedimento. Concretamente, han hallado cantidades importantes de coprostanol, un lípido que se forma cuando los microbios intestinales atacan el colesterol, pero también cantidades significativas de 5β-stigmastanol en 2 muestras, un compuesto derivado de la acción microbiana en esteroles procedentes de las plantas.

La dieta a debate

En el debate sobre la dieta de los neandertales sigue habiendo muchas contradicciones. Mientras los innumerables restos de huesos animales y los datos de análisis de isótopos de C y N realizados en huesos señalan una dieta eminentemente carnívora, ninguno de los dos métodos puede hablar de los elementos de la dieta que no contienen grandes cantidades de proteínas, minusvalorando de este modo el papel de los vegetales en la dieta.

Por otro lado, los escasos restos vegetales hallados y los análisis de microfósiles vegetales analizados en los dientes de algunos neandertales informan de una dieta más variada y compleja. Sin embargo, no se puede descartar que estos grupos utilizaran los dientes como herramientas y que esos restos no estén relacionados con la alimentación.

Las dos versiones son posibles, pero hasta hoy no existía ninguna evidencia de consumo conjunto. “Nuestros resultados suponen la primera evidencia de dieta omnívora”, afirma Sistiaga.

Estudio de restos fecales

La aproximación de esta doctoranda de la Universidad de La Laguna junto con las profesoras Carolina Mallol y Bertila Galván (ULL) y del geobiólogo y profesor del Massachusetts Institute of Technology (MIT) Roger Summons, es mucho más directa al centrarse en restos fecales. “Es la primera vez que estamos seguros de que estos vegetales fueron ingeridos ya que pasaron por el tracto intestinal”, puntualiza Sistiaga.

El trabajo comenzó en el campo, con el muestreo conjunto para análisis de biomarcadores y de micromorfología de cinco muestras de sedimento de diferentes niveles en el yacimiento de El Salt. Después fueron analizadas por Sistiaga y Summons en el MIT para extraer la materia orgánica del sedimento y analizar los residuos con instrumentos habitualmente utilizados en la geoquímica orgánica.

Todas las muestras contenían coprostanol, el indicador de ingesta de colesterol, pero dos de ellas mostraban una presencia significativa del marcador de ingesta de plantas. Además, Mallol consiguió identificar, en las láminas delgadas que se corresponden con estas muestras, microcoprolitos (heces fosilizadas de tamaño minúsculo) con parásitos que podrían ser humanos.

Los resultados de este trabajo tienen varias implicaciones importantes: además de representar la primera evidencia omnívora y la materia fecal humana más antigua, se trata de la primera vez que este tipo de método es aplicado en yacimientos tan antiguos. Además, este hallazgo proporciona datos sobre la flora intestinal y el metabolismo del colesterol de estos humanos, un asunto hasta este momento imposible de abordar debido a la no conservación de tejidos blandos neandertales.

Ahora, los investigadores quieren llevar su estudio aún más lejos, a la Garganta de Olduvai (Tanzania), un yacimiento de 1,8 millones de años, donde se han descubierto algunas de las primeras evidencias humanas. "Es importante entender todos los aspectos de por qué la humanidad ha llegado a dominar el planeta como lo hace", afirma en un comunicado Roger Summons, profesor de geobiología en el MIT. “Mucho de eso tiene que ver con la mejora de la nutrición a lo largo del tiempo”, concluyen.

Universidad de La Laguna | SINC

viernes, 20 de junio de 2014

Cráneos de Atapuerca iluminan la evolución humana

Cráneos de Atapuerca iluminan la evolución humana
Una investigación que publica la revista Science da a conocer el análisis de 17 cráneos del Pleistoceno Medio hallados en la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos); entre ellos, siete nuevos. Sus resultados indican que los cambios en la cara fueron los primeros pasos en la evolución del linaje neandertal.

Un equipo de investigación internacional, liderado por un amplio número de científicos españoles, publica en la revista Science la colección de los 17 cráneos humanos hallados hasta el momento en el yacimiento de la Sima de los Huesos (Atapuerca, Burgos) –siete de ellos nuevos–.

En la colección de cráneos que albergaba la cueva, los investigadores han identificado características de los neandertales, pero también otros rasgos propios de humanos más primitivos. Este mosaico de especies apoya la teoría de que la evolución neandertal no sucedió de una sola vez, sino que estos humanos desarrollaron sus rasgos por separado y en diferentes momentos.

Los restos fósiles presentan diferentes estados de conservación y se dan a conocer veintiún años después de que se presentaran en la revista Nature los tres primeros encontrados en este yacimiento.

La antigüedad de estas calaveras, que pertenecen a una misma población biológica, se estima en unos 430.000 años. Pertenecen al Pleistoceno medio, un periodo en el que el camino evolutivo de los humanos es controvertido para los científicos. Aún no se ha determinado de qué especie son.

“Esa es una cuestión que se deja para más adelante. No es la misma morfología que la de la mandíbula de Mauer, el holotipo de Homo heidelbergensis [el espécimen que sirvió para describir a su especie], pero esto ya lo sabíamos. El problema es que no hay ninguna otra mandíbula como la de Mauer, y que tenemos poco fósil para describir toda una especie”, explica a Sinc Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología Humana de la Universidad Complutense de Madrid.

Sobre si son o no neandertales, Arsuaga matiza: “Los restos de la Sima pertenecen al grupo de los neandertales, pero tampoco son neandertales ‘clásicos’, sino incipientes. Así que ya veremos en qué queda todo esto. Ahora vienen unos congresos importantes en los que habrá oportunidad de discutir el tema”.

Se calcula que el número de individuos acumulados en este lugar se acerca a la treintena y sus esqueletos parecen estar completos, aunque los fósiles se encuentran en muchos casos rotos y mezclados.

“Solo tenemos noticia de estos 17 cráneos y aún están muy incompletos. Queda, por lo tanto, mucho por descubrir. Por otro lado, que pertenezcan a la misma población biológica aporta una gran ventaja porque se puede estudiar la variación en el interior de la población y así ver si otros restos de su época entran dentro de esa variación o pertenecen a poblaciones diferentes”, añade Arsuaga.

Ignacio Martínez coautor del estudio y catedrático de Paleontología de la Universidad de Alcalá, subraya: "Con los cráneos que encontramos es posible caracterizar la morfología craneal de una población humana del Pleistoceno medio europeo por primera vez".

Evolución facial de los neandertales

Los huesos pertenecen a individuos que vivieron en una época apasionante para los paleoantropólogos, y también llena de enigmas. Hace alrededor de 400 a 500 mil años, en el corazón del Pleistoceno, los humanos arcaicos se separaron de otros grupos que vivían en África y Asia del Este en la misma época, para establecerse en Eurasia, donde se desarrollaron características que vendrían a definir el linaje neandertal. Cientos de miles de años después, los humanos modernos, que se habían desarrollado en África, se asentaron en Eurasia también y se cruzaron.

Por qué los neandertales se diferenciaron rápidamente de otras especies, y qué patrón de cambios tuvieron, aún es objeto de debate.

En este sentido, por el desarrollo de los cráneos hallados en la Sima de los Huesos, este artículo desmonta las teorías de una evolución simple frente al patrón evolutivo modular o en mosaico.

“Lo que hemos visto es que no todos los rasgos neandertales evolucionaron al mismo ritmo. Cara y dientes se adelantaron al cráneo cerebral. También nos parece que la evolución no se produjo a la vez a todo lo largo del continente europeo, sino que cada región tiene su propia historia”, asegura Arsuaga. “Los primeros rasgos neandertales aparecieron en la cara, los dientes y la articulación de la mandíbula –continúa–, lo que hace pensar que tenían algún tipo de especialización en el aparato masticador. Quizás se tratase de un uso de los dientes de delante no relacionado con la alimentación, pero eso está por ver”.

La Sima de los Huesos, un yacimiento único

No hay ningún yacimiento en la historia que haya proporcionado tantos cráneos de una especie humana extinguida.

"Este yacimiento se ha excavado de forma continua desde 1984. Después de treinta años, hemos recuperado casi 7.000 fósiles humanos que corresponden a todas las regiones del esqueleto de por lo menos 28 personas. Esta extraordinaria colección incluye 17 cráneos fragmentados, muchos de los cuales son muy completos", agrega Martínez.

Desde finales de los años ochenta el equipo de investigación sostiene que la población de la Sima está relacionada con los neandertales. Ahora saben además que el origen de todo el grupo tiene al menos 430.000 años. Los fósiles de la Sima son los más antiguos conocidos con rasgos neandertales.

La uniformidad de la población de la Sima contrasta con la variación que se encuentra cuando se comparan todos los fósiles europeos del Pleistoceno medio, periodo que va desde hace 780.000 años hasta hace 130.000 años.

Algunas desemejanzas pueden deberse al tiempo que separa los yacimientos, pero otras parecen tener más que ver con diferencias regionales. Incluso es posible que convivieran poblaciones con rasgos neandertales más o menos marcados junto con otras que presentan un aspecto arcaico.

Según los investigadores, también es probable que hubiera reemplazamientos de unas poblaciones por otras e intercambios genéticos, como se ha apuntado al respecto del genoma mitocondrial recuperado hace poco en uno de los fósiles de la Sima, y que no es del tipo neandertal.

SINC

domingo, 8 de junio de 2014

Las tres ‘manos’ del linaje neandertal

Las tres ‘manos’ del linaje neandertal
Científicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos, y del Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social, de Tarragona, han llevado a cabo un estudio que indica que la utilización de la boca para la manipulación de objetos por parte de los neandertales puede deberse a una capacidad limitada de integración entre cuerpo y cerebro, en particular para aquella funciones de coordinación visuo-espacial asociadas a las áreas parietales.

Emiliano Bruner, paleoneurólogo del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), en Burgos y Marina Lozano, antropóloga del Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), de Tarragona, acaban de publicar un artículo sobre arqueología cognitiva en la revista Journal of Anthropological Sciences, que sugiere que la utilización de la boca para la manipulación de objetos por parte de los neandertales puede ser resultado de una limitada capacidad de integración entre cuerpo y cerebro, en particular para aquella funciones de coordinación visuo-espacial asociadas a las áreas parietales.

Como evidencia el estudio de las estrías en la superficie de sus dientes, los neandertales y sus antepasados (Homo heidelbergensis) utilizaban habitualmente la boca como “herramienta” para manipular objetos. Estas mismas marcas están presentes en poblaciones modernas de cazadores-recolectores, aunque no de una forma tan frecuente.

Bruner y Lozano sugieren en su trabajo que esta necesidad en los neandertales de utilizar la boca como herramienta se pueda relacionar con una organización inadecuada de las áreas neurales que controlan el sistema ojo-mano, principales interfaces entre nuestro cerebro y el ambiente externo.

En este caso, se puede suponer una cierta falta de coordinación entre evolución biológica y evolución cultural, que conllevaría la necesidad de buscar el apoyo de otras partes del cuerpo que no están precisamente adaptadas para la manipulación, incluso arriesgando sus principales funciones, que en el caso de los dientes sería la alimentación.

Los humanos modernos, Homo sapiens, que no muestran marcas de uso de los dientes tan frecuentes, de hecho presentan cambios anatómicos del cerebro que afectan a las áreas parietales, efectivamente dedicadas a integración viso-espacial, es decir, particularmente implicadas en integrar el ambiente externo y el ambiente interno a través del cuerpo.

La mente extendida

Y es que partiendo de la teoría de la mente extendida, que sugiere que nuestra cognición es el resultado de una integración entre cerebro y ambiente, mediada por nuestro propio cuerpo, se podría pensar que en aquellos homínidos extintos el sistema ojo-mano probablemente no era adecuado para permitir una interacción completa a través de estas interfaces del cuerpo, y que como solución, se han arriesgado a involucrar la boca, es decir un elemento que sirve para otra función, y que además es extremadamente sensible y delicado.

“Aunque en arqueología cognitiva las hipótesis son difíciles de demostrar en este caso sí que sería posible buscar más informaciones, analizando evidencias sobre otras funciones asociadas a la integración visuo-espacial en estas especies extintas” , concluye Bruner.

Esta hipótesis, resultado de una integración entre datos arqueológicos, paleontológicos, neurobiológicos, y cognitivos, ha recibido comentarios de especialistas como Lambros Malafouris (Universidad de Oxford), Marco Langbroek (Universidad de Ámsterdam), Thomas Wynn y Frederick Coolidge (Universidad de Colorado) y Manuel Martín-Loeches (Universidad Complutense de Madrid) que se pueden descargar gratuitamente en el sitio web de la revista.

CENIEH | SINC

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