domingo, 3 de agosto de 2014

Una de las primeras ocupaciones humanas de la Península Ibérica

Una de las primeras ocupaciones humanas de la Península Ibérica
Un mundo natural diverso y lleno de grandes mamíferos. Ese es el escenario que reconstruye un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Institut Català de Paleoecología Humana i Evolució Social en el yacimiento de Barranc de la Boella, La Canonja (Tarragona), cuya antigüedad ha sido datada entre un millón y 780.000 años. Los restos arqueológicos hallados en esta excavación evidencian una de las primeras ocupaciones humanas conocidas en la Península Ibérica y gracias a los numerosos restos de animales los investigadores han reconstruido el entorno en el que vivían estos homínidos.­­

El estudio publicado en la revista PLOS ONE atestigua una de las primeras dispersiones humanas portadoras de una tecnología prehistórica, la achelense, que en el Plesitoceno Inferior final estaba muy extendida por África pero no así en Euroasia. De hecho, las rocas talladas con tecnología achelense se generalizaron en los conjuntos arqueológicos de Europa a partir de la colonización definitiva del continente, que según se cree se produjo durante la segunda mitad del Plesitoceno Medio (hace entre 500.000-125.000 años).

La coexistencia del achelense con la tecnología olduvayense, predominante en ese momento en la Península Ibérica, demuestra un nuevo evento de dispersión de homínidos, posiblemente procedentes de África. “Esto sugiere la presencia del achelense en Europa hace un millón de años, de modo que los nuevos emigrantes coexistieron en la Península con pobladores más arcaicos”, explica Antonio Rosas, investigador del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y corresponsable del estudio junto a Josep Vallverdú, del Institut Català de Paleoecología Humana i Evolució Social y director arqueológico del proyecto.

“El Barranc de la Boella constituye un nuevo conjunto de yacimientos que proporcionan una valiosa información sobre la evolución biológica y cultural de las poblaciones humanas durante el Pleistoceno Inferior y Medio, un periodo muy singular de la evolución humana”, asegura el investigador del CSIC.

Una rica megafauna

El equipo de Rosas ha contribuido a la caracterización cronoestratigráfica de los hallazgos de Barranc de la Boella y a la reconstrucción del medio ecológico en el que vivieron los homínidos en esta región a través de los más de 500 restos de fauna encontrados.

Entre las especies fósiles recuperadas, los investigadores han identificado, entre otros, mamuts, rinocerontes, osos, gamos, e hipopótamos. La presencia de estos últimos así como la de huesos correspondientes a castores indica, según este trabajo, que los homínidos explotaron los recursos naturales de ambientes próximos a cursos de agua, sometidos a frecuentes inundaciones.

Los científicos también han encontrado restos de pequeños mamíferos como ratones y también “han aparecido restos de macaco, lo que añade una nota de interés a las investigaciones”, añade Rosas.

Otra de las conclusiones a las que llega el estudio es que hubo actividad de carnívoros en las inmediaciones. Las marcas de dientes detectadas sobre los restos de grandes animales, entre ellos caballosy bóvidos, además de la presencia de heces fosilizadas, apuntan a que carnívoros como las hienas de gran tamaño buscaban allí su alimento.

En el trabajo han participado profesionales de distintas disciplinas e instituciones para establecer un marco cronológico, arqueológico y paleobiológico del yacimiento.

CSIC

sábado, 5 de julio de 2014

Los rasgos propios de los humanos evolucionaron por separado

Los rasgos propios de los humanos evolucionaron por separado
Una nueva evidencia climática y fósil analizada por un equipo de investigadores sugiere que los rasgos propios de los seres humanos no surgieron juntos en un solo paquete.

Por el contrario, varios ingredientes clave que se creían que definían al 'Homo' evolucionaron de antepasados anteriores como el 'Australopithecus' hace entre 3 y 4 millones de años, mientras que otros surgieron mucho más tarde.

Se ha creído durante mucho tiempo que muchos rasgos únicos de los seres humanos se originaron en el género 'Homo' hace entre 2,4 y 1,8 millones de años en África. Aunque los científicos han reconocido estas características desde hace décadas, se están reconsiderando los verdaderos factores evolutivos que los generaron.

Un cerebro grande, piernas largas, la capacidad de elaborar herramientas y largos periodos de maduración se cree que han evolucionado de forma conjunta al inicio del linaje del 'Homo' conforme las praderas africanas se ampliaban y el clima de la Tierra se volvía frío y más seco.

Este equipo de investigación, cuyo trabajo se publica en 'Science', usó un enfoque innovador al integrar datos paleoclimáticos, nuevos fósiles y la comprensión del género 'Homo', restos arqueológicos y estudios biológicos de una gran variedad de mamíferos (incluidos los humanos).

La síntesis de estos datos llevó a estos expertos a la conclusión de que la capacidad de los primeros seres humanos de adaptarse a las condiciones cambiantes posibilitó en última instancia a las primeras especies de 'Homo' variar, sobrevivir y empezar a propagarse desde África hacia Eurasia hace 1.850.000 años.

Uno de los autores, el paleoantropólogo de la Institución Smithsonian, en Washington, Estados Unidos, Richard Potts, desarrolló un nuevo marco climático para la evolución humana de África oriental que representa la mayor parte de la era de entre hace 2,5 millones a 1,5 millones años como una época de fuerte inestabilidad climática e intensidad cambiante anual de las estaciones secas y húmedas.

Este marco, que se basa en los ciclos astronómicos de la Tierra, proporciona la base para algunas de las principales conclusiones del artículo y sugiere que múltiples especies coexistentes con el 'Homo' que se superpusieron geográficamente surgieron en entornos altamente cambiantes.

"Las condiciones climáticas inestables favorecieron la evolución de la flexibilidad de las raíces humanas en nuestros ancestros --sentencia Potts, conservador de Antropología y director del Programa de Orígenes Humanos en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian--. La narrativa de la evolución humana que surge de nuestro análisis hace hincapié en la importancia de la capacidad de adaptación a entornos cambiantes, en lugar de adaptarse a cualquier entorno, en el temprano éxito del género 'Homo".

El equipo revisó todo el cuerpo de la evidencia fósil relevante para el origen de 'Homo' para comprender mejor cómo evolucionó el género humano. Por ejemplo, cinco cráneos de alrededor de 1,8 millones de años del sitio de Dmanisi, en la República de Georgia, muestran variaciones en los rasgos típicamente vistos en el 'H. Erectus' de África pero difieren de la definición de los rasgos de otras especies de 'Homo' temprano conocido sólo en África.

Esqueletos recientemente descubiertos de 'Australopithecus sediba' (de unos 1.980.000 años de edad) de Malapa, Sudáfrica, también incluyen algunas características del 'Homo', como sus dientes y manos, al tiempo que muestran rasgos no únicos de este género, como el cráneo y los pies.

La comparación de estos fósiles con el rico registro fósil de África del Este indica que la diversificación temprana del género 'Homo' fue un periodo de experimentación morfológica, en el que varias especies del linaje 'Homo' vivieron al mismo tiempo.

A pesar de que todas las especies 'Homo' superpusieron los tamaños del cuerpo, el cerebro y los dientes, también tenían cerebros y cuerpos más grandes que sus posibles ancestros, los 'Australopithecus'. Según el estudio, estas diferencias y similitudes muestran que los distintos rasgos humanos evolucionaron por separado y en diferentes momentos en el pasado en lugar de todos juntos.

Además de estudiar el clima y los datos fósiles, el equipo de investigadores también revisó la evidencia de antiguas herramientas de piedra. "En conjunto, estos datos sugieren que las especies de 'Homo' antiguo eran más flexibles en sus hábitos dietéticos que otras especies -dice Leslie Aiello, presidenta de la Fundación Wenner-Gren para la Investigación Antropológica, en Nueva York, Estados Unidos-. Su dieta flexible, probablemente centrada en la carne, se ingirió con la ayuda de herramientas de piedra que ayudaron a nuestros antepasados a explotar una amplia gama de recursos".

El equipo llegó a la conclusión de que esta flexibilidad probablemente mejoró la capacidad de los ancestros humanos para adaptarse con éxito a un entorno inestable y disperso de África. Esta flexibilidad sigue siendo un sello distintivo de la biología humana en la actualidad y, en última instancia, fomenta la capacidad de ocupar diversos hábitats en todo el mundo.

Las investigaciones futuras sobre nuevos fósiles y hallazgos arqueológicos tendrán que centrarse en la identificación de las características adaptativas específicas que se originaron con los primeros 'Homo', lo que dará lugar a una mejor comprensión de la evolución humana.

EUROPA PRESS

sábado, 28 de junio de 2014

Los restos de una de las mayores hogueras neandertales de Europa

Los restos de una de las mayores hogueras neandertales de Europa
Los arqueólogos que trabajan al yacimiento del Paleolítico mediano de la Roca de los Bueyes de Sant Llorenç de Montgai (Lleida) han descubierto una hoguera hecha por el hombre de Neandertal que podría ser una de las más grandes de Europa cuando se acabe de excavar totalmente. Hasta ahora, han podido comprobar que tiene más de tres metros de ancho y los arqueólogos creen que no se usaba para cocinar sino para hacer fuegos rituales -como las hogueras que se hacen para San Juan-, algo que "no sería extraño", según el director de la excavación, Rafael Mora.

El equipo de arqueólogos que durante este junio excava al yacimiento de la Roca de los Bueyes centra su trabajo en intentar explicar la funcionalidad que podría tener la hoguera, de la que queda una acumulación de cenizas de tres metros de diámetro originadas hace 55.000 años. Sus grandes dimensiones, más del triple de lo que se había encontrado hasta el momento, lo convierten en casi único en toda Europa. Este hecho, sumado a la forma cóncava que tiene y los restos recuperados a su interior, hace plantear la hipótesis que los grupos de neandertales que vivían en la zona lo hubieran encendido con finalidades rituales.

Además de las cenizas propias de la combustión de la hoguera, que tienen más de 20 centímetros de profundidad, se han encontrado diferentes objetos quemados que forman parte de su vida cotidiana, como por ejemplo osos y objetos líticos (de piedra). Además de estos vestigios, también se han localizado y documentado varios restos de fauna carbonizada de especies poco habitual en el registro, como por ejemplo carnívoros y aves carroñeras, todos con marcas de corte que fueron consumidas. El estudio de los materiales, que se hace a las instalaciones del Espacio Orígenes, en Camarasa (Lleida), servirá para obtener datos con las que, entre otros, confirmar que la actividad simbólica de estos grupos es real.

Rafael Mora, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) ha matizado que todavía es difícil determinarlo mediante la metodología científica y que serán necesarias diversas campañas de excavación para poder contrastar estos datos. Las excavaciones, coordinadas desde el Centro de Estudios del Patrimonio Arqueológico de la Prehistoria (CEPAP) de la UAB, se llevan a cabo con el apoyo técnico y económico del Departamento de Cultura y el de Educación de la Generalitat, el Ministerio de Economía y Competitividad español y el Ayuntamiento de Camarasa.

Las tareas de excavación al yacimiento y del laboratorio, donde se cataloga y se define la morfología de los objetos encontrados, las llevan a cabo una veintena de arqueólogos y estudiantes de arqueología de diferentes universidades de todo el Estado. El equipo se incrementará con diez personas más a partir de julio, cuando empiecen los trabajos a la Cueva Grande de Santa Linya, donde se contará con la colaboración de una docena de profesionales y alumnos de varias universidades de los Estados Unidos. Todo ello está abierto a la ciudadanía, a través de la actividad Work in process..., con la que todo el mundo puede ir a ver cómo realizan el trabajo. Es una manera de divulgar su tarea y explicar la importancia que tiene la preservación y valorización del patrimonio.

El yacimiento de la Roca de los Bueyes, museizado desde 2010, se puede visitar de forma guiada con el apoyo de tabletas digitales. Este sistema permite recrear y dar a conocer cómo era la forma de vida de los neandertales, que utilizaban esta cavidad como lugar de paso durante sus viajes entre las comarcas de la llanura de Lleida y las del Pirineu. La apuesta por las nuevas tecnologías permite al visitante acercarse al entorno y la prehistoria de forma autónoma y, con la ayuda de un guía a la parte final del recorrido, conocer la metodología de investigación en arqueología con la que se descubren nuevos detalles sobre los primeros pobladores de la zona.

ACN | 20minutos.es

viernes, 27 de junio de 2014

La dieta omnívora del neandertal

La dieta omnívora del neandertal
Frente a la idea de que los neandertales eran seres altamente carnívoros, un nuevo estudio publicado en la revista PlosOne sugiere que consumían una cantidad significativa de vegetales. En el estudio, liderado por Ainara Sistiaga de la Universidad de La Laguna y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, se han analizado restos fecales de hace 50.000 años procedentes del yacimiento de El Salt en Alicante.

En el enclave arqueológico de El Salt en Alicante, un equipo de investigación dirigido por la profesora Bertila Galván de la Universidad de la Laguna ha proporcionado durante más de 20 años de excavación numerosos testimonios de ocupación neandertal que incluyen restos humanos o algunos de los ejemplos mejor conservados de fuegos del Paleolítico medio ibérico.

El equipo de investigación ha conseguido identificar la huella molecular dejada por la materia fecal en el sedimento. Concretamente, han hallado cantidades importantes de coprostanol, un lípido que se forma cuando los microbios intestinales atacan el colesterol, pero también cantidades significativas de 5β-stigmastanol en 2 muestras, un compuesto derivado de la acción microbiana en esteroles procedentes de las plantas.

La dieta a debate

En el debate sobre la dieta de los neandertales sigue habiendo muchas contradicciones. Mientras los innumerables restos de huesos animales y los datos de análisis de isótopos de C y N realizados en huesos señalan una dieta eminentemente carnívora, ninguno de los dos métodos puede hablar de los elementos de la dieta que no contienen grandes cantidades de proteínas, minusvalorando de este modo el papel de los vegetales en la dieta.

Por otro lado, los escasos restos vegetales hallados y los análisis de microfósiles vegetales analizados en los dientes de algunos neandertales informan de una dieta más variada y compleja. Sin embargo, no se puede descartar que estos grupos utilizaran los dientes como herramientas y que esos restos no estén relacionados con la alimentación.

Las dos versiones son posibles, pero hasta hoy no existía ninguna evidencia de consumo conjunto. “Nuestros resultados suponen la primera evidencia de dieta omnívora”, afirma Sistiaga.

Estudio de restos fecales

La aproximación de esta doctoranda de la Universidad de La Laguna junto con las profesoras Carolina Mallol y Bertila Galván (ULL) y del geobiólogo y profesor del Massachusetts Institute of Technology (MIT) Roger Summons, es mucho más directa al centrarse en restos fecales. “Es la primera vez que estamos seguros de que estos vegetales fueron ingeridos ya que pasaron por el tracto intestinal”, puntualiza Sistiaga.

El trabajo comenzó en el campo, con el muestreo conjunto para análisis de biomarcadores y de micromorfología de cinco muestras de sedimento de diferentes niveles en el yacimiento de El Salt. Después fueron analizadas por Sistiaga y Summons en el MIT para extraer la materia orgánica del sedimento y analizar los residuos con instrumentos habitualmente utilizados en la geoquímica orgánica.

Todas las muestras contenían coprostanol, el indicador de ingesta de colesterol, pero dos de ellas mostraban una presencia significativa del marcador de ingesta de plantas. Además, Mallol consiguió identificar, en las láminas delgadas que se corresponden con estas muestras, microcoprolitos (heces fosilizadas de tamaño minúsculo) con parásitos que podrían ser humanos.

Los resultados de este trabajo tienen varias implicaciones importantes: además de representar la primera evidencia omnívora y la materia fecal humana más antigua, se trata de la primera vez que este tipo de método es aplicado en yacimientos tan antiguos. Además, este hallazgo proporciona datos sobre la flora intestinal y el metabolismo del colesterol de estos humanos, un asunto hasta este momento imposible de abordar debido a la no conservación de tejidos blandos neandertales.

Ahora, los investigadores quieren llevar su estudio aún más lejos, a la Garganta de Olduvai (Tanzania), un yacimiento de 1,8 millones de años, donde se han descubierto algunas de las primeras evidencias humanas. "Es importante entender todos los aspectos de por qué la humanidad ha llegado a dominar el planeta como lo hace", afirma en un comunicado Roger Summons, profesor de geobiología en el MIT. “Mucho de eso tiene que ver con la mejora de la nutrición a lo largo del tiempo”, concluyen.

Universidad de La Laguna | SINC

viernes, 20 de junio de 2014

Cráneos de Atapuerca iluminan la evolución humana

Cráneos de Atapuerca iluminan la evolución humana
Una investigación que publica la revista Science da a conocer el análisis de 17 cráneos del Pleistoceno Medio hallados en la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos); entre ellos, siete nuevos. Sus resultados indican que los cambios en la cara fueron los primeros pasos en la evolución del linaje neandertal.

Un equipo de investigación internacional, liderado por un amplio número de científicos españoles, publica en la revista Science la colección de los 17 cráneos humanos hallados hasta el momento en el yacimiento de la Sima de los Huesos (Atapuerca, Burgos) –siete de ellos nuevos–.

En la colección de cráneos que albergaba la cueva, los investigadores han identificado características de los neandertales, pero también otros rasgos propios de humanos más primitivos. Este mosaico de especies apoya la teoría de que la evolución neandertal no sucedió de una sola vez, sino que estos humanos desarrollaron sus rasgos por separado y en diferentes momentos.

Los restos fósiles presentan diferentes estados de conservación y se dan a conocer veintiún años después de que se presentaran en la revista Nature los tres primeros encontrados en este yacimiento.

La antigüedad de estas calaveras, que pertenecen a una misma población biológica, se estima en unos 430.000 años. Pertenecen al Pleistoceno medio, un periodo en el que el camino evolutivo de los humanos es controvertido para los científicos. Aún no se ha determinado de qué especie son.

“Esa es una cuestión que se deja para más adelante. No es la misma morfología que la de la mandíbula de Mauer, el holotipo de Homo heidelbergensis [el espécimen que sirvió para describir a su especie], pero esto ya lo sabíamos. El problema es que no hay ninguna otra mandíbula como la de Mauer, y que tenemos poco fósil para describir toda una especie”, explica a Sinc Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología Humana de la Universidad Complutense de Madrid.

Sobre si son o no neandertales, Arsuaga matiza: “Los restos de la Sima pertenecen al grupo de los neandertales, pero tampoco son neandertales ‘clásicos’, sino incipientes. Así que ya veremos en qué queda todo esto. Ahora vienen unos congresos importantes en los que habrá oportunidad de discutir el tema”.

Se calcula que el número de individuos acumulados en este lugar se acerca a la treintena y sus esqueletos parecen estar completos, aunque los fósiles se encuentran en muchos casos rotos y mezclados.

“Solo tenemos noticia de estos 17 cráneos y aún están muy incompletos. Queda, por lo tanto, mucho por descubrir. Por otro lado, que pertenezcan a la misma población biológica aporta una gran ventaja porque se puede estudiar la variación en el interior de la población y así ver si otros restos de su época entran dentro de esa variación o pertenecen a poblaciones diferentes”, añade Arsuaga.

Ignacio Martínez coautor del estudio y catedrático de Paleontología de la Universidad de Alcalá, subraya: "Con los cráneos que encontramos es posible caracterizar la morfología craneal de una población humana del Pleistoceno medio europeo por primera vez".

Evolución facial de los neandertales

Los huesos pertenecen a individuos que vivieron en una época apasionante para los paleoantropólogos, y también llena de enigmas. Hace alrededor de 400 a 500 mil años, en el corazón del Pleistoceno, los humanos arcaicos se separaron de otros grupos que vivían en África y Asia del Este en la misma época, para establecerse en Eurasia, donde se desarrollaron características que vendrían a definir el linaje neandertal. Cientos de miles de años después, los humanos modernos, que se habían desarrollado en África, se asentaron en Eurasia también y se cruzaron.

Por qué los neandertales se diferenciaron rápidamente de otras especies, y qué patrón de cambios tuvieron, aún es objeto de debate.

En este sentido, por el desarrollo de los cráneos hallados en la Sima de los Huesos, este artículo desmonta las teorías de una evolución simple frente al patrón evolutivo modular o en mosaico.

“Lo que hemos visto es que no todos los rasgos neandertales evolucionaron al mismo ritmo. Cara y dientes se adelantaron al cráneo cerebral. También nos parece que la evolución no se produjo a la vez a todo lo largo del continente europeo, sino que cada región tiene su propia historia”, asegura Arsuaga. “Los primeros rasgos neandertales aparecieron en la cara, los dientes y la articulación de la mandíbula –continúa–, lo que hace pensar que tenían algún tipo de especialización en el aparato masticador. Quizás se tratase de un uso de los dientes de delante no relacionado con la alimentación, pero eso está por ver”.

La Sima de los Huesos, un yacimiento único

No hay ningún yacimiento en la historia que haya proporcionado tantos cráneos de una especie humana extinguida.

"Este yacimiento se ha excavado de forma continua desde 1984. Después de treinta años, hemos recuperado casi 7.000 fósiles humanos que corresponden a todas las regiones del esqueleto de por lo menos 28 personas. Esta extraordinaria colección incluye 17 cráneos fragmentados, muchos de los cuales son muy completos", agrega Martínez.

Desde finales de los años ochenta el equipo de investigación sostiene que la población de la Sima está relacionada con los neandertales. Ahora saben además que el origen de todo el grupo tiene al menos 430.000 años. Los fósiles de la Sima son los más antiguos conocidos con rasgos neandertales.

La uniformidad de la población de la Sima contrasta con la variación que se encuentra cuando se comparan todos los fósiles europeos del Pleistoceno medio, periodo que va desde hace 780.000 años hasta hace 130.000 años.

Algunas desemejanzas pueden deberse al tiempo que separa los yacimientos, pero otras parecen tener más que ver con diferencias regionales. Incluso es posible que convivieran poblaciones con rasgos neandertales más o menos marcados junto con otras que presentan un aspecto arcaico.

Según los investigadores, también es probable que hubiera reemplazamientos de unas poblaciones por otras e intercambios genéticos, como se ha apuntado al respecto del genoma mitocondrial recuperado hace poco en uno de los fósiles de la Sima, y que no es del tipo neandertal.

SINC

domingo, 8 de junio de 2014

Las tres ‘manos’ del linaje neandertal

Las tres ‘manos’ del linaje neandertal
Científicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos, y del Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social, de Tarragona, han llevado a cabo un estudio que indica que la utilización de la boca para la manipulación de objetos por parte de los neandertales puede deberse a una capacidad limitada de integración entre cuerpo y cerebro, en particular para aquella funciones de coordinación visuo-espacial asociadas a las áreas parietales.

Emiliano Bruner, paleoneurólogo del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), en Burgos y Marina Lozano, antropóloga del Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), de Tarragona, acaban de publicar un artículo sobre arqueología cognitiva en la revista Journal of Anthropological Sciences, que sugiere que la utilización de la boca para la manipulación de objetos por parte de los neandertales puede ser resultado de una limitada capacidad de integración entre cuerpo y cerebro, en particular para aquella funciones de coordinación visuo-espacial asociadas a las áreas parietales.

Como evidencia el estudio de las estrías en la superficie de sus dientes, los neandertales y sus antepasados (Homo heidelbergensis) utilizaban habitualmente la boca como “herramienta” para manipular objetos. Estas mismas marcas están presentes en poblaciones modernas de cazadores-recolectores, aunque no de una forma tan frecuente.

Bruner y Lozano sugieren en su trabajo que esta necesidad en los neandertales de utilizar la boca como herramienta se pueda relacionar con una organización inadecuada de las áreas neurales que controlan el sistema ojo-mano, principales interfaces entre nuestro cerebro y el ambiente externo.

En este caso, se puede suponer una cierta falta de coordinación entre evolución biológica y evolución cultural, que conllevaría la necesidad de buscar el apoyo de otras partes del cuerpo que no están precisamente adaptadas para la manipulación, incluso arriesgando sus principales funciones, que en el caso de los dientes sería la alimentación.

Los humanos modernos, Homo sapiens, que no muestran marcas de uso de los dientes tan frecuentes, de hecho presentan cambios anatómicos del cerebro que afectan a las áreas parietales, efectivamente dedicadas a integración viso-espacial, es decir, particularmente implicadas en integrar el ambiente externo y el ambiente interno a través del cuerpo.

La mente extendida

Y es que partiendo de la teoría de la mente extendida, que sugiere que nuestra cognición es el resultado de una integración entre cerebro y ambiente, mediada por nuestro propio cuerpo, se podría pensar que en aquellos homínidos extintos el sistema ojo-mano probablemente no era adecuado para permitir una interacción completa a través de estas interfaces del cuerpo, y que como solución, se han arriesgado a involucrar la boca, es decir un elemento que sirve para otra función, y que además es extremadamente sensible y delicado.

“Aunque en arqueología cognitiva las hipótesis son difíciles de demostrar en este caso sí que sería posible buscar más informaciones, analizando evidencias sobre otras funciones asociadas a la integración visuo-espacial en estas especies extintas” , concluye Bruner.

Esta hipótesis, resultado de una integración entre datos arqueológicos, paleontológicos, neurobiológicos, y cognitivos, ha recibido comentarios de especialistas como Lambros Malafouris (Universidad de Oxford), Marco Langbroek (Universidad de Ámsterdam), Thomas Wynn y Frederick Coolidge (Universidad de Colorado) y Manuel Martín-Loeches (Universidad Complutense de Madrid) que se pueden descargar gratuitamente en el sitio web de la revista.

CENIEH | SINC

jueves, 22 de mayo de 2014

Un cambio en el clima provocó la extinción de los hominoideos de Europa

Un cambio en el clima provocó la extinción de los hominoideos de Europa
Tras expandirse por África, los hominoideos empezaron a dispersarse por Eurasia hace 14 millones de años, donde se diversificaron dando lugar a numerosas especies gracias a la especialización alimentaria. Pero este factor parece haber sido responsable de su desaparición, según un estudio publicado en la revista Plos One por un equipo de científicos del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont.

La investigación ha determinado la dieta de cinco especies de hominoideos de la península ibérica a partir del microdesgaste que presentan sus dientes e integra los resultados con los de otras especies del este de Europa.

Según los datos aportados a partir de esta técnica, un cambio climático habría reducido la disponibilidad de su alimento principal y las especies no se habrían adaptado a otros recursos alimentarios.

Cuando los cambios en el clima se hicieron más acusados, los hábitats de estas especies se fragmentaron y sus alimentos favoritos comenzaron a escasear durante largas épocas del año.

En Europa central y occidental, estas especies no habrían sido capaces de adaptarse a otros tipos de alimentación y se extinguieron hace entre doce y nueve millones de años, mientras que las especies del este de Europa sobrevivieron hasta hace siete millones de años.

En la imagen, cráneo de Pierolapithecus catalaunicus, recuperado en 2002 en el vertedero de Can Mata (Els Hostalets de Pierola).

Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont | SINC

viernes, 16 de mayo de 2014

Naia, una de las primeras habitantes de América

Naia, una de las primeras habitantes de América
Naia es el nombre que un equipo internacional de investigadores ha dado a los restos de una chica, de entre 12.000 y 13.000 años, hallados en la cueva marina Hoyo Negro, en México. Sus huesos les han ayudado a responder una pregunta que los científicos llevan haciéndose durante décadas: ¿Quiénes fueron los primeros americanos?

Descifrar el linaje de los primeros pobladores de América ha supuesto un desafío para los científicos. Hasta ahora, al estudiar la genética se creía que los indígenas americanos o amerindios modernos descienden de los siberianos que migraron hacia Beringia oriental –la masa de tierra que conectaba Asia y América del Norte– hace entre 26.000 y 18.000 años. Estos primeros pobladores americanos se habrían propagado después hacia el sur.

Sin embargo, este primer linaje americano continúa siendo un tema de debate académico debido a que las características faciales de los esqueletos americanos más antiguos no son similares a los de los indoamericanos modernos.

Un artículo que publica la revista Science describe un esqueleto descubierto en la cueva Hoyo Negro, sumergida en la Península de Yucatán en México, que pertenece a uno de los primeros americanos.

El hallazgo arroja nueva luz a esta discusión de décadas entre arqueólogos y antropólogos. Los restos pertenecen a una chica joven que han llamado "Naia" y tienen una antigüedad de entre 12.000 y 13.000 años.

“Los amerindios modernos se parecen mucho a las poblaciones de China, Corea y Japón, pero los esqueletos de los americanos más antiguos no. Estos últimos tienen cráneos más largos y angostos que los de los amerindios posteriores, y las caras más pequeñas y cortas, lo que hace que se parezcan más a las sociedades actuales de África, Australia, y la Cuenca del Pacífico Sur”, explica el antropólogo, arqueólogo y paleontólogo James Chatters, dueño de la firma de consultoría forense Applied Paleoscience que lidera el estudio.

“Esto ha dado como resultado –añade Chatters– la especulación de que quizá los primeros americanos y los amerindios provinieron de diferentes lugares de origen, o emigraron de Asia en diferentes etapas en su evolución”.

Pocas pistas para encontrar respuestas

Un rompecabezas complicado de descifrar por lo difícil que es encontrar esqueletos paleoamericanos intactos para su estudio. “Los esqueletos paleoamericanos son raros por diversas razones. Las poblaciones eran escasas, nómadas y enterraban o incineraban a sus muertos donde yacían, lo que hace que las ubicaciones de las tumbas sea impredecible. Además, los procesos geológicos han destruido o enterrado profundamente sus tumbas”, asegura el paleontólogo.

La investigación de los restos sugiere que América no fue colonizada por eventos de migración separados, procedentes de diferentes partes de Eurasia; o múltiples eventos de colonización a partir de Beringia.

Según sus conclusiones, los primeros americanos representan una expansión de la población de Beringia y esto corrobora la hipótesis de que ambos, paleoamericanos y nativos americanos, provienen de una sola población.

“Este proyecto es emocionante por muchas razones: la hermosa cueva, los esqueletos de animales hallados increíblemente bien conservados, el esqueleto humano tan completo, el éxito de nuestra innovadora propuesta de datación... Pero para mí, lo más importante es que finalmente tenemos una respuesta, después de veinte años, a una pregunta que me ha intrigado desde mi primer vistazo al Hombre de Kennewick [los restos de un hombre de 9.500 años de antigüedad hallados en el estado de Washington, EE UU]”, concluye Chatters.


SINC

sábado, 19 de abril de 2014

Neandertales y cromañones no coincidieron en la Península

Neandertales y cromañones no coincidieron en la Península
El encuentro de un neandertal y uno de los primeros humanos no se dio en la Península Ibérica. Esa es la conclusión a la que ha llegado un equipo en el que participan investigadores de Australian National University, Universidad de Oxford, UPV/EHU, Universidad de Maryland, Universitat de Girona y Universidad de Oviedo, tras volver a datar restos de tres cuevas situadas en la ruta de entrada por los Pirineos de los primeros seres de nuestra especie: L'Arbreda, Labeko Koba y La Viña.

El artículo, titulado The chronology of the earliest Upper Palaeolithic in northern Iberia: New insights from L'Arbreda, Labeko Koba and La Viña, se ha publicado en el Journal of Human Evolution.

Para datar restos prehistóricos hasta ahora se venía utilizando el carbono 14, un isotopo radiactivo que con el paso de los años va desapareciendo. Cuando han transcurrido unos 40.000 años, es decir, aproximadamente el periodo de llegada de los primeros humanos a Europa, la porción que queda es tan pequeña que se puede contaminar fácilmente y hacer que las fechas parezcan más recientes.

Fue a partir de 2005 cuando se comenzó a aplicar una nueva técnica, la que se utiliza para purificar el colágeno en pruebas de ADN. Con este método se consigue la porción de materia orgánica original, desprendiendo toda la contaminación posterior.

Y, con esta nueva técnica, en yacimientos clave de toda Europa los científicos van llegando a las mismas conclusiones: "Vemos que la llegada de nuestra especie a Europa se produjo unos 8.000 años antes de lo que se pensaba, y donde podemos ver las dataciones más antiguas de nuestra especie y las más recientes del neandertal vemos que, en un marco regional concreto, no hay superposición", explica Alvaro Arrizabalaga, profesor del departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología y, junto a María José Iriarte y Aritza Villaluenga, uno de los investigadores de la UPV/EHU que ha participado en el estudio.

Las tres cuevas elegidas para la investigación recién publicada se encuentran en Girona (L'Arbreda), Gipuzkoa (Labeko Koba) y Asturias (La Viña), es decir, en los extremos occidental y oriental de los Pirineos, por donde se produce el flujo de poblaciones y animales entre la península y el continente. "L'Arbreda está en el paso oriental; Labeko Koba, en el valle del Deba, se encuentra en el pasillo de entrada por los Pirineos Occidentales (Arrizabalaga e Iriarte la excavaron de urgencia en 1988 antes de que fuera destruida por la construcción de la variante de Arrasate) y La Viña tiene el valor de paradigma, pues proporciona una secuencia magnífica del Paleolítico Superior, es decir, del comportamiento técnico y cultural de los cromañones durante la última glaciación", señala Arrizabalaga.

La selección de restos fue muy estricta y solo se admitieron útiles elaborados con huesos o, en su defecto, huesos con huellas claras de actividad humana, en general, con marcas de descarnizado, es decir, de cortes en las zonas de los tendones para retirar el músculo.

"La cueva de Labeko Koba es la más consistente de las tres, que a la vez son las más consistentes de la Península Ibérica", explica Arrizabalaga. En Labeko Koba se dataron 18 restos, y los resultados son totalmente convergentes con respecto a su posición estratigráfica, es decir, los que aparecieron en las capas más profundas son los más antiguos.

La conclusión principal —"la escena del encuentro de un neandertal y un cromañón parece que no se dio en la Península Ibérica"— es la misma a la que han ido llegando en los últimos tres años diferentes grupos de investigación al estudiar asentamientos clave de Gran Bretaña, Italia, Alemania y Francia.

"Durante 25 años hemos estado hablando de que durante 8.000-10.000 años neandertales y los primeros humanos vivieron juntos. Hoy creemos que en Europa Occidental hay un lapso entre unos y otros y, por tanto, no se produjo la hibridación que en zonas como Oriente Próximo sí se dio", explica Arrizabalaga. El profesor de la UPV/EHU es también coautor de una investigación publicada en 2012 que retrasaba las dataciones de los neandertales.

"Datamos de nuevo, de acuerdo con este tratamiento de ultrafiltración que elimina la contaminación rejuvenecedora, restos del Musteriense, la cultura material propia de los Neandertales, de yacimientos del sur de la Península. En ellos se habían obtenido fechas muy recientes —hasta de 29.000 años—, pero las nuevas dataciones se van hasta 44.000 años, más antiguas que las primeras fechas atribuibles a cromañones", explica el profesor de la UPV/EHU.

EUROPA PRESS

viernes, 18 de abril de 2014

Reconstruyen por primera vez el epigenoma de un neandertal

Reconstruyen por primera vez el epigenoma de un neandertal
Una investigación con participación de la Universidad de Oviedo y publicada por la revista Science describe, por primera vez, la reconstrucción de los epigenomas de un neandertal y de un denisovan.

Un equipo internacional de investigadores, en el que participa el Instituto de Oncología de la Universidad de Oviedo, publica hoy en la revista Science un método novedoso que ha permitido desentrañar el patrón de metilación del ADN de dos especies extinguidas, un neandertal y un homínido de Denisova.

Comparando sus patrones epigenéticos con los de los humanos modernos, han podido identificar los genes cuya actividad difiere entre esas especies, y que marcan los cambios evolutivos que han configurado nuestra especie, es decir, que nos han hecho ser como somos actualmente.

Al desentrañar cómo se regulaban los genes en los neandertales y los denosivares, este estudio aporta por primera vez datos acerca de la evolución de la regulación de los genes en los humanos y abre una ventana a la exploración genética en especies que se extinguieron hace decenas de miles de años.

En el trabajo, coordinado por Liran Carmel, de la Universidad de Jerusalén, ha participado la Unidad de Epigenética del Cáncer del Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias Obra Social Cajastur (Universidad de Oviedo), dirigida por el doctor Mario Fernández Fraga, investigador del CSIC-CNB.

El profesor de la Universidad de Cantabria y del Instituto de Investigación Valdecilla (IDIVAL), José A. Riancho, ha colaborado también en los trabajos desarrollados por el equipo internacional.

"Algunas de las diferencias en los patrones epigenéticos afectan a genes relacionados con el desarrollo de los huesos y podrían explicar las diferencias entre el esqueleto de esas especies antiguas y los humanos actuales", comenta Fernández Fraga.

Otras afectan a genes relacionados con el sistema cardiovascular y el sistema nervioso, los cuales se han asociado con enfermedades como el alzhéimer o la esquizofrenia.

Aunque se desconocen los factores que han dado lugar a esas diferencias, dado que los patrones epigenéticos están influidos tanto por las propias características genéticas como por las condiciones ambientales, como dice Riancho, “surge el interrogante de si esos trastornos, tan frecuentes en la sociedad actual, reflejan una predisposición inherente a nuestra especie o son, por el contrario, consecuencia de la forma de vida y el entorno en el que discurre nuestra existencia”.

La especie elegida

En el mundo actual convivimos humanos de una sola especie, pero eso no fue así en el pasado. Hasta hace algunas decenas de miles de años, nuestra especie, el Homo sapiens, compartió el territorio y probablemente ideas y parejas con otras especies, como los neandertales.

Sabemos poco acerca de cuáles fueron las características genéticas específicas que nos permitieron a los Homo sapiens sobrevivir en condiciones adversas, mientras las otras especies se extinguieron. Aún sabemos menos de las características epigenéticas que hicieron de nosotros 'la especie elegida'. La genética tiene que ver con los cambios en la secuencia de ADN que representa la estructura básica de los genes.

La epigenética, sin embargo, representa las variaciones sutiles de los genes que, sin afectar al núcleo de su estructura, modulan su actividad y pueden transmitirse a través de las generaciones. Entre ellas se encuentran algunas modificaciones químicas, como la metilación del ADN, que controla cuándo y cómo son activados y desactivados los genes que controlan el desarrollo de nuestro organismo.

La determinación de los genomas y los epigenomas de nuestros antecesores es fundamental para entender los mecanismos moleculares responsables de que seamos como somos. Para abordar este reto, Svante Pääbo, científico del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, lleva coordinando desde varios años el proyecto de la secuenciación del genoma del neandertal.

Como resultado de ello, el pasado mes de febrero la revista Nature publicó el primer genoma completo de un neardental. El ADN se obtuvo de un hueso del dedo del pie de un individuo adulto que vivió en las Cuevas de Altai (Sur de Siberia) hace unos 50.000 años. Unos meses antes, el mismo grupo había publicado otro artículo en el que describía el genoma del denisovan, un grupo de humanos arcaicos descubierto recientemente.

Uniovi | SINC

viernes, 21 de marzo de 2014

Los neandertales del norte de España competían con los osos por las cuevas

Recreación artística de una mujer neandertal y un oso de las cavernas. / José Antonio Peñas | Sinc
Investigadores del País Vasco han indagado sobre la interacción de los primeros neandertales y los úrsidos en la cornisa cantábrica. Su trabajo constata un fenómeno particular: los osos de las cavernas alternaron la ocupación de tres cuevas del valle del Deba (Gipuzkoa) con los humanos hace 120.000 años. Esta competencia entre carnívoros también se prueba en otras dos cuevas de la misma región, en humanos adscritos al Chatelperroniense –hace entre 36.000 y 32.000 años–.

En 1996 arqueólogos de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) y la Sociedad de Ciencias Aranzadi comenzaron a excavar tres cuevas del valle del Deba y del Urola (Gipuzkoa): Lezetxiki, Lezetxiki II y Astigarragako Kobea. Sus trabajos, que continúan en la actualidad, han sacado a la luz la actividad de las cuevas durante el final del Pleistoceno Medio y principios del Pleistoceno Superior.

“En estas cavidades se dio un fenómeno particular hace entre 130.000 y 120.000 años, ya que las ocupaciones de humanos y osos de las cavernas (Ursus spelaeus) se alternaron. Esta era una época prácticamente desconocida en la cornisa cantábrica hasta hace pocos años”, declara a Sinc Aritza Villaluenga Martinez, investigador que lidera el estudio que publica la revista Journal of taphonomy.

Las tres cuevas se encuentran en el corredor geográfico que comunica de modo más directo y sencillo el extremo suroeste de Europa y el interior de la Península Ibérica. Al remontar el valle del Deba (Gipuzkoa) se alcanza la cabecera del valle del Ebro y la meseta castellana. Atapuerca se encuentra a 120 km en línea recta. “La presencia de útiles en cuarcita en Lezetxiki y Lezetxiki II –añade Villaluenga– atestiguan estos contactos, ya que este material sólo aparece en el valle del Ebro”.

Varios grupos humanos frecuentaron estas cavidades de un clima templado, parecido al actual. Asimismo, en Lezetxiki II se descubrieron los restos más recientes en Europa de Macaca sylvanus (mono de Gibraltar) y ratón de los abedules (Sicista betulina). Ambas especies vivían en bosques caducifolios.

Los neandertales que vivían en esta región cazaban caballos y bóvidos, pero también debían competir en este espacio con otros carnívoros como leones de las cavernas o leopardos.

“Sin embargo, la especie más abundante en estas tres cuevas es el oso de las cavernas. Hemos hallado esqueletos enteros de este animal, que podía medir hasta 3 metros de altura y pesar cerca de 600 kg. Sabemos por los restos óseos que algunas cuevas estaban ocupadas por grandes machos, mientras que la de Astigarragako Kobea la usaban las hembras para dar a luz y criar a los oseznos durante los primeros meses”, argumenta el científico.

No existen testimonios directos de la interacción entre humanos y osos, pero los científicos han hallado en los mismos niveles arqueológicos útiles líticos y restos óseos aportados por los humanos, junto a multitud de restos de este y otros animales (1287 restos en Astigarragako Kobea, 1085 en Lezetxiki II y 6125 en Lezetxiki).

En definitiva, los investigadores revelan una nueva realidad desconocida hasta ahora y que continúa como objeto de estudio –cada año en el mes de julio se realiza una campaña de excavación en la cueva de Lezetxiki–.

“Hasta el momento apenas existían testimonios directos, aparte de conjuntos líticos al aire libre o algunos niveles arqueológicos (Cueva del Castillo, Puente Viesgo, Cantabria) de la presencia humana durante el Paleolítico Inferior en cuevas del norte de la península ibérica”, concluye Villaluenga.

SINC

sábado, 8 de marzo de 2014

La ocupación neandertal en el centro de Iberia es más antigua de lo que se pensaba

La ocupación neandertal en el centro de Iberia es más antigua de lo que se pensaba
Un equipo internacional de investigadores, con participación española, ha constatado que la ocupación neandertal en el yacimiento de Jarama VI (Guadalajara) es 20.000 años más antigua de lo pensado, llegando a los 50.000 años de antigüedad.

Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista Quaternary Research, en el que han participado investigadores de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

En una nota de prensa, la UNED explica que hasta hace un par de años, la comunidad científica pensaba que los neandertales —Homo neanderthalensis— ocuparon Jarama VI hace unos 30.000 años y que ese abrigo rocoso fue una de sus últimas moradas en la península.

Las técnicas utilizadas se limitaban al carbono 14, impreciso para medir períodos de tiempo superiores a 50.000 años.

Sin embargo, se han estudiado los sedimentos con métodos más avanzados y se concluye que la ocupación es anterior.

"Con este trabajo demostramos que esas ocupaciones neandertales son mucho más antiguas y se remontan a hace unos 50.000 años como mínimo", detalla Jesús F. Jordá, del departamento de Prehistoria y Arqueología de la UNED y uno de los autores del estudio.

Este trabajo confirma las fechas publicadas hace un año en la revista PNAS: el paso por el sur de Iberia de los últimos neandertales se remonta a hace unos 45.000 años y no 30.000 años.

El último análisis de las muestras descarta además que, en una fecha más reciente, en la cavidad habitara una comunidad de Homo sapiens, el sucesor natural de los neandertales.

Los restos son inequívocamente atribuibles a un grupo constituido por humanos de la especie Homo neanderthalensis. Con estas últimas dataciones, los científicos descartan de forma tajante que el yacimiento fuera una de las últimas moradas de los neandertales en la península y que éstos coincidieran aquí con los humanos modernos —Homo sapiens—, como también se apuntaba.

"Con los datos actuales, en el centro de Iberia, entre la extinción de los neandertales y la llegada de los primeros humanos modernos hay un vacío poblacional de más de 20.000 años", subraya Jordá.

No obstante, "queda por verificar si en el sur de Iberia —en Cueva Antón (Murcia) y Gibraltar— los neandertales llegaron hasta fechas más recientes y coincidieron con los sapiens".

Con los datos publicados hasta ahora, los expertos sugieren que el último refugio de los neandertales en Iberia pudo estar en la cornisa cantábrica, donde existen indicios de que coincidieron con los humanos modernos, tal y como revelan diferentes estudios, entre ellos uno realizado en la cueva de la Güelga (Asturias).

En ese estudio dado a conocer en mayo de 2013, se señalaba que neandertales y humanos modernos pudieron convivir en Asturias hace 40.000 años.

Para este nuevo trabajo, los científicos se centraron en dos líneas de investigación: el análisis de los sedimentos que componen los diferentes niveles del yacimiento y el estudio de la cronología de estos estratos.

Para la primera línea usaron técnicas de sedimentología y micromorfología —que estudian las características de los granos y los rasgos dejados por los procesos sedimentarios, respectivamente—, y para la segunda, la técnica de la luminiscencia basada en la medición de la luz que emiten los cristales de los minerales cuando se ven sometidos a calentamiento o son expuestos a la luz, visible o infrarroja.

Además de la UNED, han participado el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, la Universidad de Burgos, la de Colonia (Alemania), el Museo Neanderthal de Mettman (Alemania) y la Universidad Nacional Australiana.

EFE

lunes, 27 de enero de 2014

Un cazador-recolector europeo de hace 7.000 años con los ojos azules y la piel oscura

Un cazador-recolector europeo de hace 7.000 años con los ojos azules y la piel oscura
La Braña 1, nombre con el que se ha bautizado a un individuo del Mesolítico de 7.000 años de antigüedad, cuyos restos fueron recuperados en el yacimiento La Braña-Arintero, Valdelugueros (León), tenía los ojos azules y la piel oscura. Estos detalles son el resultado de un estudio dirigido por el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Carles Lalueza-Fox, en colaboración con el Centre for Geo Genetics de Dinamarca. La Braña 1 representa el primer genoma de un cazador-recolector europeo recuperado. La investigación se publica en la revista Nature.

El mesolítico, un periodo que duró desde hace 10.000 hasta hace 5.000 años (entre el paleolítico y el neolítico), termina con la llegada de la agricultura y la ganadería, procedente del Próximo Oriente. La llegada del neolítico, con una dieta basada en carbohidratos y nuevos patógenos transmitidos por los animales domesticados, supuso desafíos metabólicos e inmunológicos que se reflejaron en adaptaciones genéticas de las poblaciones posteriores al mesolítico. Entre estas se encuentra la capacidad de digerir la lactosa que el individuo de La Braña no poseía.

“Sin embargo, la mayor sorpresa fue descubrir que este individuo poseía las versiones africanas en los genes que conforman la pigmentación clara de los europeos actuales, lo que indica que tenía la piel oscura, aunque no podemos saber el tono exacto”, destaca Lalueza-Fox.

“Todavía más sorprendente fue descubrir que poseía las variantes genéticas que producen los ojos azules en los europeos actuales, lo que resulta en un fenotipo único en un genoma que por otra parte es inequívocamente norte europeo” detalla el investigador del CSIC, que desarrolla su trabajo en el Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto del CSIC y la Universidad PompeuFabra), ubicado en Barcelona.

El estudio del genoma sugiere que las poblaciones actuales más cercanas a La Braña 1 son las del norte de Europa, como Suecia y Finlandia. Además, el trabajo señala que La Braña 1 tiene un ancestro común con los pobladores del yacimiento del Paleolítico superior Mal’ta, ubicado en el lago Baikal (Siberia), cuyo genoma fue recuperado hace unos meses. “Estos datos indican que existe continuidad genética en las poblaciones del centro y del oeste de Euroasia. De hecho, estos datos coinciden con los restos arqueológicos, ya que en distintas excavaciones de Europa y Rusia, incluido el yacimiento de Mal’ta, se han recuperado figuras antropomórficas –las llamadas Venus paleolíticas- muy similares entre sí”, concluye Lalueza-Fox.

ADN con una conservación “excepcional”

El yacimiento de La Braña-Arintero fue descubierto de forma casual en 2006 y excavado por el arqueólogo de la Junta de Castilla y León Julio Manuel Vidal Encinas. La cueva, localizada en una zona fría y montañosa, con una temperatura estable, y a 1.500 metros sobre el nivel del mar, propició la “excepcional” conservación del ADN de dos individuos descubiertos en su interior, y que fueron denominados La Braña 1 y La Braña 2.

Según señala Iñigo Olalde, primer firmante del estudio, “la intención del equipo es intentar recuperar el genoma del individuo de La Braña 2, que está peor conservado, para seguir obteniendo información sobre las características genéticas de estos primeros europeos”.

CSIC

martes, 14 de enero de 2014

Una mano casi humana... de hace 7 millones de años

Una mano casi humana... de hace 7 millones de años
Investigadores del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (ICP) han descubierto que el Oreopithecus bambolii (mono del pantano), una especie de primate hominoideo que habitó las actuales Toscana y Cerdeña hace entre 8,2 y 6,7 millones de años, era capaz de sujetar objetos haciendo una pinza con los dedos parecida a la que hacen los humanos, con una precisión muy superior a la que realizan otros primates actuales. Esta adaptación habría permitido al mono obtener y procesar manualmente alimentos en un ambiente insular donde los recursos eran escasos, según publica el autor de la investigación, Sergio Almécija, en la revista American Journal of Physical Anthropology.

El esqueleto más completo de Oreopithecus bambolii fue descubierto en 1958 en una mina de carbón. Corresponde a un joven adulto macho de unos 30 kilos conocido con el apodo de "Sandrone". Aunque el Oreopithecus es un hominoideo fósil europeo bien conocido, su clasificación ha sido siempre controvertida. Actualmente es considerado un hominoideo, pero a mediados del siglo pasado, algunos autores lo situaron cercano a cercopitécidos (grupo que comprende los macacos o los babuinos, entre otros), o incluso fue considerado como un representante de los primeros homininos (el grupo que comprende los humanos y sus ancestros fósiles). La dificultad en su clasificación es debida a que sus restos parecen un puzzle de caracteres ancestrales y modernos.

La morfología de la mano de Oreopithecus —y particularmente la de su pulgar— ha sido objeto de gran controversia y muchas publicaciones científicas durante los últimos 25 años, informan desde el ICP. En la nueva investigación, el equipo de Sergio Almécija ha comparado la morfología de la falange distal del pulgar de Oreopithecus con la de otras especies actuales y fósiles: seres humanos, diversas especies de monos, hominoideos actuales (gibones, orangutanes, gorilas y chimpancés), y fósiles como Proconsul o Pierolapithecus (la especie encontrada en Els Hostalets de Pierola y descrita por el espécimen conocido popularmente como «Pau»).

El estudio concluye que las proporciones de la falange distal del pulgar del Oreopithecus son parecidas en especies actuales aparentemente tan diferentes como gibones y gorilas, y también en especies fósiles como el Orrorin (uno de los primeros miembros del linage humano) o el Proconsul, lo que los investigadores han interpretado como una característica ancestral del grupo. Por otro lado, sin embargo, la falange de Oreopithecus presenta algunas características anatómicas que sólo se ha encontrado en humanos actuales y fósiles y que estudios previos han relacionado con la capacidad humana de coger objetos usando una pinza de precisión con las partes planas de las yemas de los dedos del pulgar y el índice, una habilidad que se conoce en inglés como pad-to-pad precision grip.

La gran mayoría de primates no humanos son capaces de manipular objetos con cierto grado de precisión utilizando el pulgar y uno o más dedos, pero los humanos son los únicos que pueden sujetar objetos de forma delicada pero segura entre las yemas del pulgar y otros dedos. Esto es posible porque nuestro pulgar es robusto y largo en relación al resto de dedos. En cambio, en los hominoideos actuales como los chimpancés, el pulgar es proporcionalmente mucho más corto que los otros dedos y sólo pueden coger los objetos sujetándolos entre las puntas o los lados de los dedos de una manera menos precisa. En el Oreopithecus, sin embargo, el pulgar era largo en relación al resto de dedos y usaba una pinza de precisión de tipo humano para manipular alimentos.

Según los investigadores, esta capacidad del Oreopithecus se puede explicar por las características del ambiente donde vivió: hace 7 millones de años, la zona de la Toscana y Cerdeña formaban parte de una isla. En condiciones de insularidad, los animales desarrollan adaptaciones particulares para minimizar el gasto energético, ya que el alimento suele ser un recurso limitado y no suele haber depredadores terrestres de los que huir. Estas adaptaciones incluyen cambios en la forma de alimentarse y en la de desplazarse. En el caso de Oreopithecus, la posibilidad de tomar alimentos con precisión la habría permitido ser más eficiente en la recolección y sobrevivir en un entorno con escasez de alimentos.

ABC.es

lunes, 13 de enero de 2014

El precúneo, clave en la evolución cerebral de nuestra especie

El precúneo, clave en la evolución cerebral de nuestra especie
El investigador del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, Emiliano Bruner, establece en un trabajo recién publicado en la revista Journal of Anatomy la importancia del precúneo o precuña –una parte del cerebro en forma de cuña situada en el lóbulo parietal superior– en la organización de este órgano en humanos.

Se acaba de publicar en la revista Journal of Anatomy un estudio del investigador Emiliano Bruner, responsable del Grupo de Paleoneurología del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), sobre la geometría de las áreas parietales profundas del cerebro humano, y en concreto de la parte central, el precúneo, clave en la evolución cerebral de Homo sapiens.

Considerada uno de los principales centros de integración de nuestras redes neurales, e involucrada en procesos asociados a memoria e integración visuo-espacial, este área ha resultado ser la principal fuente de variación anatómica en la organización espacial del cerebro, influyendo sensiblemente con su forma y proporciones en la organización espacial de los hemisferios cerebrales.

Como explica Emiliano Bruner, este mismo patrón de ampliación parietal ha caracterizado la evolución del cerebro en nuestra especie, y es muy interesante saber que sigue siendo un componente importante de la variabilidad moderna. Las funciones cognitivas asociadas al precúneo contribuyen a integrar las informaciones cerebrales (internas) con las informaciones ambientales (externas), y representa por tanto un nudo importante para los procesos que generan autoconciencia y mente. “Queda por evaluar si tales variaciones morfológicas del precúneo pueden estar asociadas con variaciones en las capacidades cognitivas”, añade Bruner.

Hace ya diez años que Emiliano Bruner, entonces en la Universidad La Sapienza de Roma, publicaba los primeros análisis geométricos de la forma cerebral en el género Homo, evidenciando que la característica principal de nuestro cerebro es la ampliación de las áreas parietales, que ocupan la región posterior y superior de la bóveda craneal.

En los años siguientes se descubrió que esta geometría cerebral se alcanza en las primeras etapas de vida después del parto, en un estadio de desarrollo que está ausente tanto en chimpancés como en los Neandertales.También se descubrió que estas áreas representan un nudo fundamental en la organización de las redes del cerebro, y que tienen tipos de células diferentes de los otros primates. Además cumplen un papel fundamental en los procesos asociados a la inteligencia, relacionadas con las capacidades de simulación y de imaginación.

Alzheimer y evolución cerebral

En esta misma área se localizan también los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer, lo cual hizo proponer a Emiliano Bruner y la neuropsicóloga Heidi Jacobs, del Instituto Alemán de Neurociencia y Medicina de Jülich, en un trabajo publicado en 2013, una hipótesis para interpretar la neurodegeneración asociada a esta patología en clave evolutiva.

En este trabajo también han colaborado investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid, de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Maastricht.

CENIEH | SINC

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