jueves, 27 de junio de 2013

Los humanos adquirieron la habilidad de lanzar objetos con precisión hace dos millones de años

Los humanos adquirieron la habilidad de lanzar objetos con precisión hace dos millones de años 
Un estudio publicado por la revista Nature sugiere que la capacidad de lanzar objetos de forma rápida y precisa se desarrolló por primera vez hace aproximadamente 2 millones de años para ayudar a la caza.

Los seres humanos son los únicos que tienen esta capacidad de tiro, incluso en comparación con nuestros ‘primos’ los chimpancés. "Los chimpancés son increíblemente fuertes y atléticos, pero los machos adultos solo pueden realizar tiros a unos 20 km por hora, un tercio de la velocidad de un pitcher de 12 años de la liga de béisbol", explica Neil Roach, investigador de la Universidad de George Washington, que lidera el estudio.

Los investigadores utilizaron un sistema de cámaras 3D –como los que se usan para hacer videojuegos y películas de animación–, para grabar los movimientos de lanzamiento de los jugadores de béisbol universitarios, y encontraron que el hombro humano actúa como una honda durante el lanzamiento, el almacenamiento y la liberación de grandes cantidades de energía.

"Cuando los seres humanos arrojan un objeto, primero rotan los brazos hacia atrás, lejos de su objetivo. Es durante esta fase de 'brazo de armado' cuando estiran los tendones, cruzan los ligamentos del hombro y acumulan energía elástica. Cuando esta energía se libera, acelera el brazo hacia adelante, lo que genera el movimiento más rápido que el cuerpo humano puede producir, dando como resultado un lanzamiento veloz".

SINC

miércoles, 26 de junio de 2013

La incógnita del fuego neandertal en la cueva de El Esquilleu

La incógnita del fuego neandertal en la cueva de El Esquilleu 
Los restos óseos de pequeños animales hallados en lo que podría ser una hoguera neandertal en la cueva cántabra de El Esquilleu suponen un enigma para los científicos. Investigadores de la UNED y de la Universidad Complutense apuntan a que la especie ‘hiciera limpieza’ en la cueva quemando los restos de forma sistemática, para evitar infecciones, aunque también podrían servir como fuente combustible.

El comportamiento de los neandertales de montaña es algo todavía bastante desconocido para la comunidad científica, al menos dentro de los límites europeos. Diferentes estudios han demostrado que la especie utilizaba huesos de animales como combustible de las hogueras que encendían, en especial, cuando escaseaba la masa arbórea.

Una comunidad de neandertales residía en la cueva de El Esquilleu (Cantabria), hace entre 53.000 y 30.000 años. Sin embargo, aunque contaban con numerosa vegetación alrededor, los científicos han descubierto restos fósiles de animales en lo que podría ser una hoguera de la cueva.

Una de las hipótesis que plantean en su estudio, publicado en la revista Quaternary Sciencie Reviews, es que fuera una forma sistemática de mantener limpia la cueva, eliminando cualquier tipo de residuo.

“La vida de los grupos humanos en cuevas con bastante humedad, con depredadores al acecho y con residuos de comida en descomposición cerca, acarreaba ciertos riesgos para estos humanos que, además, tenían que permanecer en cierto modo hacinados para hacer frente al frío”, apunta Paloma Uzquiano, investigadora de la UNED y una de las autoras del trabajo.

“No resulta disparatado pensar que eliminando residuos orgánicos de manera sistemática trataran de evitar males mayores”, añade Uzquiano. No obstante, los investigadores, entre los que se encuentran expertos de la Universidad Complutense (Madrid), tampoco descartan la hipótesis de que los huesos sirvieran, a su vez, como combustible de las hogueras, adquiriendo una doble función.

Hay que tener en cuenta que los neandertales mantenían esos fuegos encendidos de forma permanente tanto para cocinar como para iluminar la cueva, construir herramientas e incluso para evitar plagas de mosquitos, típicas en los ambientes húmedos. “Quemar los residuos de animales constituía una buena fuente combustible para los fuegos domésticos, y así ahorraban tiempo y esfuerzo”, comenta la investigadora.

Huesos de cabra en diez hogueras

Para demostrar si estos huesos podían servir como combustible, los investigadores simularon un total de diez fuegos, añadiendo diferentes huesos de cabra, animal al que pertenecían los restos hallados en El Esquilleu.

Estos restos óseos se salen de lo común puesto que, en otras hogueras neandertales, los científicos habían encontrado restos de animales más grandes, como vacas o caballos, que tenían más cantidad de grasa para quemar.

Otra novedad ha sido incluir, junto a los huesos trabeculares –los de las extremidades–, huesos axiales –de la parte central del cuerpo–, que no suelen emplearse en estos experimentos.

“Los fuegos demostraron que los huesos de animales de pequeño tamaño también poseen cualidades combustibles y que, en el caso de los huesos axiales y las epífisis –extremos de un hueso largo–, el proceso de combustión se extendía durante más tiempo”, detalla José Yravedra, investigador de la Universidad Complutense de Madrid y doctor por la UNED.

Resistencia al frío y al calor

La comunidad de neandertales que vivía en la cueva de El Esquilleu hace entre 53.000 y 30.000 años, en el Pleniglacial Medio, tuvo que hacer frente a fuertes etapas de inestabilidad atmosférica, viviendo tanto períodos de clima frío como más cálido.

“Cuanto más se trabaja entre neandertales, más novedades surgen respecto a su comportamiento y a sus mecanismos de adaptación a un medio en constante cambio”, explica la investigadora.

La vegetación dominante de la zona cántabra era de carácter abierto y pre-forestal, por lo que solo matorrales como el de leguminosas, las comunidades de espinos caducifolios, el pino, el abedul, el sauce, el mostajo, el serbal y el enebro (en menor medida) se adaptaron a estos ambientes cambiantes. También consiguieron resistir robles y avellanos, pero refugiados en pequeños enclaves.

Por su parte, la fauna de herbívoros que habitaba entre esta vegetación era muy diversa, con caballos, bisontes y uros en zonas abiertas; corzos y jabalíes en medios más boscosos; cabras en las zonas escarpadas de las laderas y ciervos que realizaban desplazamientos de las montañas hacia los valles.

“Esta biodiversidad hizo posible que los grupos se instalaran de manera itinerante en distintos enclaves, siguiendo los desplazamientos estacionales de las manadas de herbívoros, así como los ciclos de las plantas de todo ese entorno”, concluye Uzquiano.

divulgaUNED | SINC

martes, 11 de junio de 2013

La cara de los humanos modernos apareció hace al menos un millón de años

La cara de los humanos modernos apareció hace al menos un millón de años 
Un grupo de investigación hispano-norteamericano ha comparado el crecimiento facial del chico de la Gran Dolina, un Homo antecessor de Atapuerca, y el de Turkana, Homo ergaster hallado en África. Sus datos sugieren que el rostro del chico de la Gran Dolina sería como el de Homo sapiens.

Un estudio, que publica la revista PLOS ONE, ha comparado el crecimiento facial del 'chico de la Gran Dolina', fósil encontrado en Atapuerca (Burgos) perteneciente a Homo antecessor, y 'el chico de Turkana', fósil de Homo ergaster hallado en el Lago de Turkana (África).

Los datos de dicho trabajo, basados en la remodelación que sufre el hueso durante el desarrollo –que deja huellas inequívocas de la dinámica del crecimiento de cada elemento óseo–, sugieren que la cara del chico de la Gran Dolina, cuyos rasgos modernos se han utilizado como prueba de la especie de Homo antecessor, sería como la de Homo sapiens si se hubiera seguido desarrollando hasta la edad adulta –se estima que tendría entre 10 u 11 años–.

“Ahora podemos afirmar que la cara ‘moderna’ apareció en alguna población humana hace al menos un millón de años y que, por el momento, Homo antecessor sigue siendo la especie más antigua con ese rasgo anatómico tan importante”, afirma José Mª Bermúdez de Castro, del Grupo de Antropología Dental del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), que ha participado en el estudio, junto a María Martinón-Torres, del mismo grupo.

Su cara moderna está en consonancia con su tamaño cerebral, de más de 1.000 centímetros cúbicos, y con su patrón moderno de desarrollo dental.

La comparación del patrón de crecimiento facial con un individuo de su misma edad dental, el chico de Turkana, pero fallecido en el este de África hace 1,6 millones de años, ha revelado diferencias sustanciales. Aquel hominino africano fue asignado a la especie Homo ergaster y su patrón de remodelado facial responde al modelo primitivo, que los primeros Homo comparten con Australopithecus.

La especie más antigua de Europa

Como explica Bermúdez de Castro, esta nueva investigación se une a otras realizadas previamente por su equipo investigador, y “nos permiten aproximarnos cada vez más a la historia evolutiva del género Homo en el último millón de años, y a la posición filogenética de Homo antecessor”.

Una de las críticas que recibió la especie Homo antecessor, tras su publicación en la revista Science en 1997, fue que varios de los individuos hallados eran juveniles. “Dicha crítica era discutible, puesto que al menos una especie de gran relevancia en la evolución humana, Australopithecus africanus, fue definida a partir de un individuo infantil”, añade el experto en Antropología dental.

Homo antecessor ganó en credibilidad con la obtención de especímenes de adultos y con el hallazgo de una mandíbula humana en el yacimiento de la Sima del Elefante en 2007. No obstante, quedaba por saber si la morfología moderna de la cara de Homo antecessor, estudiada en el llamado chico de la Gran Dolina, se debía tan sólo a su temprana edad de muerte, unos diez años.

“La especie Homo antecessor sale así reforzada con el estudio de su crecimiento facial”, concluye Bermúdez de Castro.

CENIEH | SINC

viernes, 7 de junio de 2013

Hace 27.000 años usaban conchas marinas para curtir y dar color

Hace 27.000 años usaban conchas marinas para curtir y dar color 
Los habitantes que ocuparon la cueva cántabra de El Salín hace unos 27.000 años -en el Paleolítico superior- utilizaban utensilios fabricados con conchas o fragmentos de estos materiales para realizar tareas relacionadas con el arte rupestre, como el procesado de pieles o la preparación de colorantes. Así se desprende del estudio, realizado por un equipo íntegramente español, de más de 3.500 restos, muchos correspondientes a lapas que previamente servían de alimento a nuestros ancestros.

Los investigadores, adscritos a la Universidad de Cantabria (UC), a la Universidad de York (Reino Unido) y al CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), han publicado estos resultados en el número de junio de la revista norteamericana «Current Anthropology», editada por la Universidad de Chicago.

En el artículo se describe el meticuloso trabajo desarrollado, que ha implicado la clasificación y análisis de miles de conchas o fragmentos correspondientes a la ocupación gravetiense de la cueva, situada cerca de la localidad de Muñorrodero (Val de San Vicente, Cantabria), ha informado la UC en un comunicado.
El estudio de los materiales, que fueron extraídos del yacimiento a principios de los años 90 por los profesores Manuel González Morales y Alfonso Moure, revela que los ocupantes de la cueva usaban las conchas para tareas que se relacionarían con las pinturas rupestres que hay en la cavidad.

La cueva de la Fuente del Salín es famosa por las representaciones de manos en positivo y negativo descubiertas en 1985 por un grupo de espeleólogos. Se trata de una muestra más de la riqueza del arte rupestre cántabro, que tiene su máximo exponente en Altamira pero que se despliega en numerosos yacimientos como este. La excavación se realizó por que los investigadores consideraron que el depósito de restos era sincrónico al momento de ejecución de las pinturas.

La revista «Current Anthropology» es una de las más importantes revistas internacionales en el campo de la Antropología y la Arqueología Prehistórica, donde ocupa actualmente el tercer lugar de un total de 81 revistas en el ranking del ISI-JCR.

El artículo, titulado «Shell Technology, Rock Art, and the Role of Marine Resources during the Upper Paleolithic», está firmado por David Cuenca Solana, Manuel González Morales y Alejandro García Moreno (Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria-IIIPC), Igor Gutiérrez Zugasti (University of York, UK), Jesús Setién y Estela Ruiz (LADICIM - Departamento de Ciencia e Ingeniería del Terreno y de los Materiales de la UC), e Ignacio Clemente (CSIC, Barcelona).

En la publicación de resultados se describe la metodología utilizada, que incluye un sistema de análisis funcional de conchas prehistóricas desarrollado por el primer firmante, David Cuenca.

Este método es resultado de la tesis doctoral que el investigador defendió en diciembre en la UC, y su desarrollo ha sido posible gracias a la colaboración del grupo de materiales del LADICIM -también de la Universidad de Cantabria-. Este laboratorio cuenta con un microscopio electrónico de barrido que se ha utilizado para caracterizar los restos de mineral relacionados con las trazas de uso de las conchas. El estudio taxonómico -clasificatorio- es obra de Igor Gutiérrez.

EUROPA PRESS

jueves, 6 de junio de 2013

Los neandertales sufrieron tumores en los huesos

Los neandertales sufrieron tumores en los huesos 
Los neandertales sufrieron tumores en los huesos como los que padecemos en la actualidad. Así lo confirma un estudio publicado en la revista PLOS ONE, basado en el hallazgo en Croacia de una costilla de neandertal que conservaba evidencias de la displasia fibrosa más antigua hasta la fecha, una tumoración benigna que a veces se acompaña de deformaciones en los huesos.

Un grupo internacional de investigadores, liderado por David Frayer de la Universidad de Kansas (EE UU), ha observado el caso más antiguo de un tumor óseo encontrado en las costillas de un espécimen de neandertal en Croacia.

El estudio, publicado esta semana en la revista PLOS ONE, revela que al menos un neandertal sufrió un cáncer que es común en los seres humanos actuales: la displasia fibrosa, un trastorno de causa desconocida, poco común y benigno, caracterizado por una proliferación tumoral de tejido fibroóseo.

Este descubrimiento, datado en torno a hace 120.000 años, posee más de 100.000 años de diferencia con las evidencias previas que se tenían de estas patologías, que las situaban, por primera vez, hace aproximadamente de 1.000 a 4.000 años.

Los autores destacan que la costilla cancerosa, recuperada en la famosa excavación arqueológica de la ciudad croata de Krapina, es una muestra incompleta, por lo que no pudieron definir los efectos en la salud que dicho tumor podría haber tenido sobre este individuo.

Pocos casos en el registro fósil humano

Aunque la displasia fibrosa en los seres humanos actuales es más frecuente que otros tumores óseos, Frayer explica que la evidencia de cáncer es muy poco frecuente en el registro fósil humano. “Este caso demuestra que los neandertales, que vivían en un medio ambiente no contaminado, fueron susceptibles al mismo tipo de cáncer que los humanos".

Por su parte, Janet Monge, paleoantropólogo del Museo Penn de Pensilvania (EE UU) y primera autora del trabajo, apunta que "este tumor puede proporcionar otro vínculo entre los neandertales y las poblaciones modernas. Parte de nuestra ascendencia proviene de los neandertales, nuestros huesos y dientes crecen de la misma forma y compartimos las mismas enfermedades".

Los expertos señalan que los neandertales vivían probablemente la mitad que los humanos modernos en los países desarrollados y estaban expuestos a diferentes factores ambientales.

"Teniendo en cuenta estos factores, los casos de cáncer son raros en las poblaciones humanas prehistóricas”, afirma Frayer. “Por eso, la identificación de una costilla de neandertal de más de 120.000 años de antigüedad con un tumor óseo es sorprendente, y proporciona información detallada sobre la asociación de los seres humanos con la enfermedad neoplásica".

SINC

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