jueves, 18 de abril de 2013

Tras la pista de los primeros pobladores del continente americano

Tras la pista de los primeros pobladores del continente americano 
La hipótesis tradicional más aceptada apunta a que los primeros pobladores de América fueron los clovis, un pueblo de cazadores que debió de llegar al continente hace aproximadamente 13.000 años desde el nordeste de Asia, a través del estrecho de Bering, y que se expandió por todo el territorio americano. Un nuevo estudio sobre genética de poblaciones nativas del continente americano aporta evidencias científicas para reformular el modelo tradicional y definir escenarios alternativos para el poblamiento de América.

El catedrático Daniel Turbón, del Departamento de Biología Animal de la Universidad de Barcelona, es uno de los autores de una investigación internacional, liderada por Lutz Roewer, de La Charité - Universitätsmedizin de Berlín, y que también firman Eduardo Arroyo Pardo y Ana María López Parra, de la Universidad Complutense de Madrid sobre las poblaciones nativas del continente americano.

El trabajo se basa en el estudio de marcadores genéticos del cromosoma Y masculino en casi un millar de individuos de cincuenta tribus nativas de Sudamérica. Según los autores, hay un desacoplamiento entre genética, lenguaje y geografía en las comunidades nativas del sur del continente americano. Todo apunta a que, en el primer poblamiento de América, no hubo una sola migración —independientemente de que fuera o no por el estrecho de Bering—, sino entradas rápidas y largos períodos de aislamiento.

Tal como explica Daniel Turbón, especialista en antropología molecular y forense y en origen y evolución de los homínidos, "América es, probablemente, uno de los ejemplos más recientes de poblamiento de un gran continente por la especie humana. Para los científicos, es un laboratorio excelente para contrastar herramientas metodológicas de estudios genéticos y poblacionales. Aunque la hipótesis de la migración única como explicación del origen de los pobladores de América está bastante arraigada, es una visión reduccionista cada vez más cuestionada científicamente".

Estudiando marcadores genéticos del cromosoma Y

Los autores analizan la variabilidad genética de cada individuo mediante una serie de marcadores genéticos del cromosoma Y masculino: en concreto, en 919 individuos (91 %) de la muestra, se han estudiado los dieciséis polimorfismos de nucleótidos simples (SNP) más frecuentes en Sudamérica, y las diecisiete secuencias cortas y repetidas en tándem (STR) más empleadas en todo el mundo en antropología forense. El análisis de los polimorfismos genéticos ha permitido determinar el origen geográfico de cada individuo y, además, comparar los datos con otras poblaciones del centro y el norte del continente americano.

El trabajo, como primicia científica, presenta una potente base de datos internacional sobre genética forense basada en estudios colectivos de primer rango (con población pequeña y atomizada de origen nativo) de los coautores internacionales. En relación con la parte correspondiente a la UB, también han colaborado los expertos Francesc Bert y Alfons Corella, autores de tesis doctorales leídas en la Universidad bajo la dirección del catedrático Daniel Turbón.

"Hoy en día, la ciencia está fuertemente atomizada", explica Turbón. "Se publican muchos estudios basados en muestras poblacionales reducidas y con pocos marcadores genéticos. Y esto no nos permite ver el bosque, es decir, el escenario global. En el otro extremo, hay macroestudios genéticos que perfilan un escenario más amplio, pero difícil de contrastar por dificultades metodológicas. También se hacen trabajos con muestras biológicas procedentes de hospitales de grandes núcleos de población donde hay un alto nivel de hibridación. Las comunidades nativas, que suelen vivir de manera más aislada, son cada vez más escasas".

Comunidades nativas en riesgo de desaparición

El estudio publicado en PLOS Genetics también identifica un linaje genético no descrito hasta ahora en poblaciones de América central y del norte: es el haplotipo C-M217 (C3*), que es frecuente en el continente asiático. Los expertos, además, han detectado linaje genético de origen polinesio en Perú.

Descubrir el origen de los ancestros de los primeros pobladores de América plantea un gran desafío a la comunidad científica internacional. El nuevo artículo perfila escenarios alternativos a la hipótesis de una única migración —que niega cualquier flujo transpacífico con efectos significativos sobre la genética de poblaciones— como modelo de población del continente americano.

"En el futuro, sería capital encontrar un yacimiento arqueológico con una secuencia arqueológica continua. En paralelo, también habría que elaborar un estudio genético completo de las poblaciones nativas; porque se consideran poblaciones evanescentes y cada día están más amenazadas", concluye el profesor Turbón.

UB | SINC

viernes, 12 de abril de 2013

Australopithecus sediba, candidato a precursor del género Homo

Australopithecus sediba, candidato a precursor del género Homo 
Científicos de todo el mundo han analizado minuciosamente fósiles de Australopithecus sediba y lo han definido como un collage de homínidos primitivos y modernos. Sus dientes, brazos, caja torácica, hombros y pies eran similares a los australopitecos, pero tenía la mandíbula y columna vertebral como los primeros Homo. Sus andares eran peculiares y sus brazos especialmente adaptados para trepar por árboles. Esta mezcla le convierte en candidato ideal a precursor del género Homo.

En agosto de 2008, un niño de nueve años encontró en Mapala (Sudáfrica) restos de Australopithecus sediba, una especie de homínidos no conocida hasta ese momento.

Hoy un equipo de investigadores de 16 instituciones de todo el mundo liderados por Lee Berger, el padre del muchacho, presentan en Science los resultados de cuatro años de análisis de los fósiles de este homínido ancestral que vivió hace dos millones de años.

“Australopithecus sediba tiene una estructura semejante a un mosaico. En él podemos encontrar una mezcla de australopitecos y humanos”, explica a SINC Peter Schmid, autor principal del artículo en el que se analiza el tórax del espécimen.

Según el líder del proyecto, el paleoantropólogo Lee Berger, de la Universidad del Witwatersrand (Sudáfrica), entender bien la anatomía de este australopiteco tendrá implicaciones en la interpretación del proceso evolutivo de los homínidos.

“La gran cantidad de características que comparte con especies como Homo erectus nos lleva a considerarlo un candidato ideal de precursor del género Homo”, asegura Schmid a SINC.

Una de las conclusiones que extrae Schmid es que hay que ser cauteloso a la hora de hacer interpretaciones a partir de material fragmentado, y explica que “el mosaico de sediba, el esqueleto mejor conservado de la época, demuestra que es peligroso sacar conclusiones de fragmentos aislados”.

Los seis artículos publicados hoy analizan los dientes, la mandíbula, los brazos, el tórax, la columna vertebral y las extremidades inferiores de tres individuos de Australopithecus sediba.

Cada una de las partes es por sí misma un ejemplo de la mezcla entre Australopithecus y Homo, como si de un collage se tratara.

Su caja torácica se estrecha en la parte superior tomando una forma cónica que recuerda a los grandes simios más que el tronco cilíndrico y recto de los seres humanos. “Esta caja torácica les impedía respirar con el pecho y refrigerar el organismo de forma óptima, técnica que es típica de corredores de largas distancias” explica Schmid.

Además, la estructura ósea provoca la sensación de que estuviera encogido de hombros, de nuevo como los simios, lo cual le impedía mover los brazos al compás de sus pasos.

Estas características le asemejan más a los Australopithecus que a los Homo, sin embargo, su pelvis es parecida a la de los humanos y da lugar a unas caderas estrechas.

Brazos para trepar y piernas retorcidas

Aunque las extremidades superiores muestran una estructura primitiva, adaptada para trepar a los árboles y posiblemente mantenerse en colgado en ellos, sus manos y muñecas tienen un aspecto más moderno, de humanos.

En cuanto a los pies, los talones y las rodillas, tomados individualmente, tienen una estructura curiosa y única. Sin embargo, en conjunto, forman unas extremidades inferiores consistentes que le permitían caminar sobre dos extremidades de una manera peculiar, con una rotación interna de las rodillas y los pies ligeramente retorcidos. “Esto indica que, entre nuestros ancestros homínidos bípedos, existían diferentes formas de caminar” explica Lee Berger en su artículo.

La mandíbula presenta diferencias de tamaño y forma en comparación con otros australopitecos, y se parece más a la del género Homo. Lo mismo ocurre con la columna vertebral, que tiene el mismo número de vertebras lumbares que los humanos modernos, aunque la parte inferior de su espalda era más larga y flexible.

A partir de los fósiles, los científicos también han sido capaces de llegar a algunas conclusiones sobre la forma de vida de Australopithecus sediba.

“Sus hábitos son comparables con los de otros australopitecos, por eso no lo hemos incluido en otro género. Creemos que no era un cazador nómada, aunque también tiene muchas características que encontramos en el género Homo –explica Schmid–. Hay restos de células vegetales en sus dientes que indican que era vegetariano y el pequeño tamaño del cerebro sugiere que no necesitaba un alto contenido en grasas y proteínas como el género Homo”.

Los científicos sospechan que puede haber materia orgánica conservada en el lugar donde se encontraron los fósiles del que se podría aislar algo de material genético para profundizar en el conocimiento de la especie.

“La investigación continúa en proceso y está dando resultados increíbles que serán presentados pronto”, promete Schmid.

SINC

viernes, 5 de abril de 2013

Los homínidos del norte de África ya actuaban como carniceros hace 1,8 millones de años

Los homínidos del norte de África ya actuaban como carniceros hace 1,8 millones de años 
Un equipo del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) ha encontrado las primeras evidencias de uso de herramientas de piedra por parte de homínidos para extraer la carne animal de los huesos, tal y como lo realizan los carniceros actuales. El hallazgo se ha producido en el yacimiento más antiguo del norte de África, el de El-Kherba (Ain Hanech), en Argelia, que tiene alrededor de 1,8 millones de años.

Científicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) de Burgos han hallado las primeras evidencias de uso por parte de homínidos de herramientas de piedra para extraer la carne animal de los huesos, tal y como lo realizan los carniceros actuales.

El descubrimiento ha tenido lugar en el yacimiento más antiguo del norte de África, el de El-Kherba (Ain Hanech), en Argelia, que tiene aproximadamente 1,8 millones de años. El trabajo ha sido publicado en la revista Journal of human evolution y se enmarca en un proyecto más amplio de investigación paleoantropológica, el Ain Hanech Paleoanthropological Project.

Mohamed Sahnouni, investigador del Cenieh y primer firmante del artículo, explica a DiCYT que este proyecto analiza las primeras ocupaciones humanas del norte de África y las adaptaciones de estos homínidos. El de El-Kherba es un yacimiento 'llave' en este sentido, ya que cuenta con una rica cuenca sedimentaria con depósitos desde el Mioceno medio (hace unos 14 millones de años), hasta el Pleistoceno y el Holoceno (hace unos 11.700 años).

Los investigadores del Cenieh, que colaboran en la iniciativa con la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona y con colegas argelinos, han hallado en este yacimiento unos extraordinarios depósitos de fósiles de mamíferos, “fauna de tipo sabana africana compuesta por elefantes, rinocerontes, bóvidos grandes y pequeños, carnívoros, y otra fauna que indica la presencia de agua”.

El equipo científico ha analizado si existen modificaciones en estos huesos fósiles causadas por los homínidos, para saber si en aquel momento existía un consumo de estos animales, y han obtenido unos interesantes resultados.

“Hemos estudiado la composición anatómica de estos restos y también la composición taxonómica de la fauna, y todo indica que la acumulación de estos huesos fósiles está provocada por los homínidos, que vienen a este lugar donde había agua para la materia prima, para manufacturar artefactos líticos con filos muy eficaces para cortar la carne (hechos de caliza y sílex, como cantos tallados, poliedros, esferoides, lascas y varios fragmentos), un lugar con agua que atrae también a los animales”, detalla Sahnouni.

Pruebas en los huesos y en los utensilios

Tras observar al microscopio las superficies de estos huesos fósiles, han encontrado marcas “claras” de cortes que demuestran la utilización de artefactos líticos para extraer la carne animal, en lo que serían las evidencias más antiguas del norte de África. Los investigadores también han hallado pruebas del uso de estos artefactos hechos de caliza y sílex para cortar carne, a través del estudio microscópico de las huellas de trazas sobre las propias herramientas, principalmente las lascas, “un hecho muy raro, ya que hasta ahora no existe ningún yacimiento del que se tengan evidencias de las dos partes, tanto de los huesos como de los utensilios, en lo que reside la importancia de este estudio”, agrega el científico.

Así, “todo indica que los homínidos de este lugar, de hace cerca de 1,8 millones de años, eran capaces de tener acceso a la carne animal”. Los análisis realizados revelan que estos homínidos realizaban varias actividades carniceras como la evisceración, desarticulación, extracción de la carne, y la fractura de los huesos de grandes mamíferos para poder obtener la nutritiva médula.

Por otro lado, al encontrarse estas evidencias en el norte de África el artículo publicado concluye "que todo el continente africano es un lugar de adaptación y desarrollo del comportamiento de los primeros homínidos", y no solo el este del continente.

Además de la adquisición de comida y la forma de subsistencia de estos homínidos, objeto del artículo publicado, el Ain Hanech Paleoanthropological Project abre otras tres líneas de investigación: la cronología de las primeras ocupaciones humanas en esta parte de África, la reconstrucción del paleoambiente de este yacimiento, de hace unos dos millones de años, y el estudio de la tecnología lítica que utilizan estos homínidos así como aspectos de su inteligencia o adaptación al medio.

DiCYT | SINC

Seguidores

Google+ Followers

Datos personales

Template Blogger Elegance by Dicas Blogger.

TOP