jueves, 28 de junio de 2012

Recuperan por primera vez genoma humano del Mesolítico

Recuperan por primera vez genoma humano del Mesolítico
El análisis genómico de dos individuos cazadores-recolectores que vivieron hace 7.000 años revela que los habitantes de la península ibérica no proceden genéticamente de estos grupos. El trabajo, coordinado por el español Carlos Lalueza-Fox, obtiene los primeros datos genómicos de personas que vivieron en el Mesolítico europeo.

“Es la primera vez que se obtienen datos genómicos de individuos del Mesolítico europeo”, dice a SINC Carles Lalueza-Fox. El investigador del Instituto de Biología Evolutiva (Universidad Pompeu Fabra-CSIC) ha coordinado un trabajo internacional que recupera parte del genoma de dos individuos cazadores-recolectores de hace 7.000 años. Según el artículo, publicado en Current Biology, las poblaciones ibéricas actuales no descienden genéticamente de estos grupos.

Los restos proceden del yacimiento leonés de La Braña-Arintero, en Valdelugueros. Los mesolíticos vivieron en un período enmarcado entre el Paleolítico y el Neolítico, que se caracterizó por la llegada de la agricultura del Próximo Oriente. Estos son los fósiles prehistóricos más antiguos de nuestra especie de los que se ha hecho un análisis paleogenético y superan en 1.700 años los de Ötzi, el popular ‘hombre de hielo’, cuyo genoma también fue recuperado.

Los investigadores han analizado el 1,34% y el 0,5% del total del genoma de los dos individuos. “Puede parecer poco, pero es la prueba de que es factible sacar adelante el proyecto de la secuenciación completa”, declara Lalueza-Fox.

Además, han conseguido recuperar el genoma mitocondrial completo de uno de los individuos. Estos genes se encuentran en las mitocondrias, fuera del núcleo celular, y solo se transmiten por vía materna. Los datos analizados muestran que los cazadores-recolectores compartían el mismo linaje mitocondrial, pero sus hábitos nómadas los distribuyeron por toda Europa, en las regiones que actualmente corresponden a Inglaterra, Alemania, Lituania, Polonia y España.

Los resultados muestran que los cazadores-recolectores no están directamente relacionados con las poblaciones actuales de la Península Ibérica. Los ibéricos del Mesolítico se parecían más a las poblaciones actuales del norte de Europa.

¿De dónde venimos?

“Hay muchas hipótesis sobre las afinidades poblacionales y los movimientos migratorios en la prehistoria de Europa. A partir de ahora las podremos testar utilizando datos genómicos enmarcados en el tiempo y en el espacio”, explica Lalueza-Fox.

Una de esas hipótesis es que los ibéricos actuales podrían descender de los siguientes protagonistas de la historia, los agricultores del Neolítico. Se cree que en este periodo hubo grandes cambios en las poblaciones europeas.

“No podemos afirmar científicamente que descendamos de aquellos agricultores, pero la hipótesis más plausible es que en el Neolítico hubiera una gran sustitución poblacional en el sur de Europa” dice Lalueza-Fox. Los científicos creen que los agricultores llegaron al norte más tarde y en un número más reducido, por lo que se asimilaron con las poblaciones mesolíticas. “Podría ser por eso que los dos individuos que hemos analizado sean más cercanos a los poblaciones actuales del norte del continente que del sur”, continúa el biólogo.

Sin embargo, Lalueza-Fox destaca que la secuenciación de estos genomas ofrecerá una visión de los cambios que experimentaron las poblaciones europeas actuales con la llegada de la agricultura y la ganadería. Al final, concluye: “Todos venimos del neolítico, tenemos dietas neolíticas, enfermedades neolíticas y organizaciones sociales neolíticas”.

SINC

El homínido «A. sediba» ingería alimentos duros, como cortezas de árboles

El homínido «A. sediba» ingería alimentos duros, como cortezas de árboles
Los homínidos africanos de hace dos millones de años, a la hora de comer, en posición vertical, tenían una dieta que se diferenciaba de la del resto de los antepasados humanos conocidos, según un estudio dirigido por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania), en el que ha participado también la Universidad de Colorado Boulder, y que publica la revista Nature.

El Australopithecus sediba -un corto, desgarbado homínido que vivió en el sur de África- comía alimentos más duros que otros anteriores: árboles, arbustos y frutos. Los ancestros humanos analizados de África, incluido el Paranthropus boisei, llamado «el Hombre cascanueces» por sus enormes mandíbulas y dientes, se alimentaban de pastos y juncos, afirma Paul Sandberg, un doctorando de la Universidad de Colorado coautor del nuevo estudio.

La dieta del A. sediba se averiguó zapeando con láser los dientes fosilizados, afirma Sandberg. El láser libera carbono del esmalte de los dientes, lo que permite a los científicos identificar los tipos de plantas consumidas y los entornos en los que los homínidos vivían. Las señales de carbono de los dientes se dividen en dos grupos: plantas C3, como árboles, arbustos y matorrales preferidos por A. sediba, y las plantas C4, como las hierbas y almendras consumidas por otros muchos homínidos anteriores.

Los dientes de dos individuos A. sediba analizados en el estudio tenían valores de isótopos de carbono fuera del rango de los 81 homínidos previamente estudiados. «La falta de cualquier evidencia de C4, y la evidencia del consumo de objetos duros, son las que hacen inferir nuestra deducción sobre la dieta», sostiene Sandberg.

«Es un hallazgo importante porque la dieta es uno de los aspectos fundamentales de un animal, que impulsa su comportamiento y nicho ecológico. A medida que los entornos cambian con el tiempo debido a los cambios climáticos, los animales generalmente se ven obligados a moverse o a adaptarse al nuevo entorno», recuerda Sandberg.

Los investigadores concluyeron que la corteza y otros alimentos resistentes a la fractura eran parte de la dieta al menos durante alguna estación de los A. sediba. Mientras que los tejidos de corteza y de madera no habían sido documentados como un componente de la dieta de cualquier otro homínido africano antiguo, estos alimentos son consumidos por muchos primates contemporáneos y contienen proteínas y azúcares solubles. La dieta de los A. sediba se asemeja a la de los chimpancés de hoy en día la sabana africana.

Un aspecto singular del proyecto fue el análisis de partículas microscópicas, fósiles de tejido de la planta conocida como fitolitos atrapados en el sarro, una forma endurecida de la placa dental, sostiene otra autora del estudio, Amanda Henry, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva...

José Grau | ABC.es

jueves, 21 de junio de 2012

Los humanos del Sáhara elaboraban productos lácteos hace 7.000 años

Los humanos del Sáhara elaboraban productos lácteos hace 7.000 años
Los seres humanos procesaban grasas lácteas en objetos de cerámica hace 7.000 años. Esta es la conclusión a la que han llegado un equipo internacional de investigadores liderado por la Universidad de Bristol al analizar, a partir de una técnica de biomarcadores, los restos encontrados en vasijas prehistóricas.

“Nuestra investigación confirma que los grupos humanos prehistóricos que vivían en el Sáhara libio elaboraron productos lácteos en, aproximadamente, la mitad de las vasijas que hemos analizado”, explica a SINC Richard P. Evershed, científico de la Universidad de Bristol (Reino Unido) y coautor del estudio que publica la revista Nature.

Esto sugiere que la leche y sus derivados –mantequilla, queso y yogur, sin poder definir cuál– desempeñaron una parte importante de la dieta de los humanos hace 7.000 años.

“Los datos muestran que cocinaban los productos derivados de los rumiantes muertos (vacas, ovejas y cabras) en las ollas, y también han aparecido pequeñas cantidades de productos de origen animal no rumiante, procedentes probablemente de animales salvajes locales”, apunta el experto.

Producción lechera del Sáhara central

Hasta ahora se sabía, por los restos de los esqueletos de los animales domésticos encontrados –procedentes de ganado vacuno, ovejas y cabras–, que estos animales estaban presentes en la zona desde principios del sexto milenio a. C. (hace 8.000 años), y que eran mucho más comunes en el quinto milenio a. C. (hace 7.000 años).

“Por desgracia, estos restos estaban muy fragmentados y mal conservados, por lo que no se podía decir si los rebaños de animales se criaban por la carne o por la leche. Por primera vez, presentamos pruebas químicas directas de los inicios de la producción lechera del Sáhara central”, señala.

Además, hay evidencias químicas que indican que los productos de las plantas se procesaban también en estas vasijas, hecho que se confirma con las excavaciones arqueológicas de la zona, en las que se recuperaron una gran cantidad de restos vegetales orgánicos.

Biomarcadores lipídicos y arte rupestre

La técnica utilizada para descubrir los lácteos de los rumiantes y no rumiantes fue a través de biomarcadores lipídicos –en este caso, los ácidos grasos– extraídos de los residuos de alimentos absorbidos por las vasijas. Estos se detectaron e identificaron por cromatografía de gases y espectrometría de masas, dos técnicas que permiten determinar el origen de las grasas y que se han utilizado anteriormente para datar con precisión los inicios de la producción láctea en Europa y Asia.

Otra prueba evidente del pastoreo prehistórico en el norte de África proviene de las pinturas rupestres y grabados del Sáhara. El extenso arte rupestre demuestra que el ganado jugaba claramente un papel importante en la vida y la ideología de los antiguos grupos humanos que vivían en esta región durante el Holoceno. “Sin embargo, no había ninguna prueba concluyente de que estas personas elaborasen productos lácteos, de ahí la importancia de este estudio”.

SINC

viernes, 15 de junio de 2012

El arte rupestre de Europa puede ser sapiens o neandertal

El arte rupestre de Europa puede ser sapiens o neandertal
La datación por series de uranio, publicada en Science, revela que las pinturas paleolíticas de la cueva cántabra de El Castillo tienen más de 40.000 años y abre el camino a la especulación sobre su autoría que podría atribuirse tanto a Homo sapiens como a Homo neanderthalensis.

Un equipo internacional de científicos, con participación española, sitúa el arte rupestre más antiguo de Europa en la cueva cántabra El Castillo, con más de 40.000 años de antigüedad. Los investigadores analizaron 50 muestras de 11 cuevas del norte de España, entre las que destacan las cuevas de Altamira (Cantabria), y la de Tito Bustillo (Asturias).

Según los resultados de ese proyecto, financiado por el Consejo de Investigación Natural y Medioambiental de Reino Unido (NERC) y que ha sido portada en la revista Science, el arte rupestre paleolítico comienza en Europa 10.000 años antes de lo que hasta ahora se había pensado.

Por tanto, Altamira, El Castillo y Tito Bustillo pudieron ser realizadas por los primeros humanos modernos que llegaron al continente europeo, o incluso podrían atribuirse a los neandertales.

"Los resultados muestran que el arte rupestre en la península Ibérica no se limita al último Paleolítico superior, hace 20.000 años, sino que se remontaría por lo menos al primer Paleolítico superior, hace 35.000 años. La edad mínima obtenida en las pinturas de El Castillo abre la posibilidad de que este arte surgiera en las sociedades neandertales, o como producto de las interacciones entre neandertales y humanos modernos durante el periodo en el que estuvieron en contacto en Europa", explica Yoão Zilhão, investigador del Instituto Catalán de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) y de la Universidad de Barcelona que también participa en el estudio.

Esta nueva datación abre el camino a la especulación sobre la autoría de las primeras pinturas rupestres ya que Homo sapiens y Homo neanderthalensis coexistieron en Europa, y es compatible con la idea de que hubo un incremento gradual en la complejidad gráfica y tecnológica de las pinturas, así como una aparición gradual de las imágenes figurativas.

La edad de los pigmentos de las cuevas

Los investigadores, liderados por Alistair Pike de la Universidad de Bristol (Reino Unido), utilizaron el método de datación por series de uranio para fechar de forma absoluta el arte rupestre europeo con mucha más precisión.

A pesar de los grandes avances en las técnicas de datación, "es extremadamente difícil determinar la edad de las finas capas de pigmentos halladas en las cuevas", indica Dirk Hoffmann, responsable del laboratorio de Series de Uranio del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) y coautor del estudio.

Esto se explica porque por un lado, los métodos tradicionales, como la datación por radiocarbono, no funcionan donde no hay pigmento orgánico; y por otro lado, a menudo, los investigadores se limitan a reconstruir la cronología mediante la comparación de los estilos de las pinturas y, cuando es posible, relacionándolas con los restos humanos o artefactos encontrados en el entorno inmediato.

El arte rupestre se encuentra normalmente en terrenos carbonatados, donde se han desarrollado la mayoría de las cuevas en todo el mundo. Las estalagmitas, estalactitas y formaciones de calcita similares que crecen en estas cuevas, conocidos en su conjunto como espeleotemas, contienen pequeñas cantidades de uranio y por tanto son susceptibles de someterse a este método de datación, “el más eficaz con el que contamos para este tipo de materiales”, afirma Hoffmann.

Otra ventaja fundamental de este técnica frente a otras es que no causa daños a las pinturas, “es más en muchos casos los materiales que recogemos una vez retirados permiten ver mejor los pigmentos. Podríamos decir que las limpiamos”, añade este experto en la datación de espeleotemas.

SINC

jueves, 14 de junio de 2012

Completado el genoma del bonobo

Completado el genoma del bonobo
Un equipo internacional de científicos ha logrado secuenciar en su totalidad el genoma del bonobo, el último gran simio sin secuenciar, y ha señalado que se distingue de los chimpancés en un 0,4 por ciento y que, pese a ser muy parecidos genéticamente, mantienen un comportamiento "muy diferente".

Según el estudio, en el que ha participado un investigador del Instituto de Biología Evolutiva, un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra, y que ha sido publicado en la revista 'Nature', los chimpancés y los bonobos están "más estrechamente relacionados" y su genoma coincide en un 99,6 por ciento, frente al 1,3% de genoma que separa a estos simios del ser humano. El trabajo destaca que la secuenciación del genoma del bonobo puede ayudar a entender el comportamiento de los humanos.

Para el investigador Tomás Marqués-Bonet, se trata de un "importante hito científico" que puede proporcionar un mayor conocimiento de las relaciones entre dichas especies animales y de éstas con los seres humanos. "Una vez obtenida la secuencia del genoma del bonobo, se alcanza el objetivo propuesto de secuenciar el genoma de todos los otros grandes simios: chimpancé, orangután y gorila", ha precisado.

Los bonobos son una especie de simios cercana al chimpancé y tienen comportamientos sociales muy diferentes, a pesar de que ambas especies se separaron hace apenas un millón de años.

El científico comenta además que mientras el chimpancé tiene un comportamiento más agresivo con "episodios más frecuentes de guerras entre tribus" y un "fuerte componente territorial", el bonobo se caracteriza por su carácter pacífico y su alto nivel de actividad sexual. "En los bonobos, el sexo tiene una función de unión social, pacificadora y de reducción del nivel de estrés", añade.

Además, apunta que el estudio de la relación genómica entre bonobos y chimpancés parece indicar que hubo un proceso de creación de especies limpio y sin cruces posteriores.

En cuanto a los territorios que ocupan ambas especies, se sitúan en África Central y están muy próximos, únicamente separados por el río Congo. Se cree que la formación de este río pudo ser la causa de la evolución del antepasado de los chimpancés y los bonobos en dos especies de simios distintas.

La investigación recuerda que los bonobos y los chimpancés son los parientes vivos más cercanos genéticamente a los seres humanos. De promedio, el genoma humano difiere en la misma proporción de los bonobos y de los chimpancés...

EUROPA PRESS

domingo, 10 de junio de 2012

Los neandertales crecían más despacio que los sapiens

Los neandertales crecían más despacio que los sapiens. Eduardo Saiz Alonso
El Grupo de Paleofisiología del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) publica en la revista Journal of Human Evolution el primer modelo matemático del crecimiento en estatura de una especie fósil.

El Grupo de Paleofisiología del CENIEH, liderado por Ana Mateos, modeliza por primera vez el crecimiento en altura de los niños neandertales desde el nacimiento hasta los 5 años, en un artículo que acaba de ser publicado en la revista Journal of Human Evolution, del que se desprende que el crecimiento en niños neandertales es mucho más lento que el observado en los sapiens.

Además de este trabajo en el que se ha analizado un conjunto de diez recién nacidos y niños neandertales, cuyas alturas estimadas se han comparado con dos poblaciones humanas modernas, se infiere que las tasa de crecimiento mucho más lento del Homo neanderthalensis pueden ser atribuibles a restricciones ontogenéticas o al estrés metabólico, y puede contribuir a la baja estatura de adultos en relación con el Homo sapiens.

Como se explica en este artículo, el estudio de la aparición de distintos patrones de crecimiento humano es esencial para entender la evolución de nuestra especie.

El modelo desarrollado matemáticamente por Jesús A. Martín, investigador adscrito al CENIEH del Departamento de Matemáticas y Computación de la Universidad de Burgos, muestra las diferencias en el crecimiento postnatal entre neandertales y sapiens, en línea con las últimas investigaciones publicadas por equipos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania) y la Universidad de Harvard (EE UU) que evidencian diferencias ontogenéticas en el desarrollo craneal y dental.

El Grupo de Paleoecología del CENIEH, liderado por Jesús Rodríguez y el Laboratorio para la Investigación de la Biología Humana de la Universidad del Noroeste (EE UU), dirigido por William R. Leonard, también han colaborado en este trabajo que abre camino para estudiar el crecimiento en otras especies fósiles y en otras etapas de la vida.

CENIEH | SINC

viernes, 8 de junio de 2012

Un nuevo fósil constata la evolución antropoide en Asia

Un nuevo fósil constata la evolución antropoide en Asia. CHRISTOPHER BEARD
Un equipo internacional de investigadores ha anunciado el descubrimiento de 'Afrasia djijidae', un nuevo primate fósil, encontrado en Myanmar, que ilumina un paso crítico en la evolución de los primeros antropoides -el grupo que incluye a humanos, simios, y monos-.

'Afrasia djijidae', de 37 millones de años, se parece mucho a otro antropoide arcaico, 'Afrotarsius libycus', descubierto recientemente en el desierto del Sáhara. La similitud entre Afrasia y Afrotarsius indica que los primeros antropoides colonizaron África poco antes de la época en que vivieron estos animales -la colonización de África por los primeros antropoides fue un paso fundamental en la evolución de primates y humanos, ya que sentó las bases para la posterior evolución de los simios más avanzados-. El artículo científico que describe el descubrimiento ha sido publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.

Durante décadas, los científicos han pensado que la evolución antropoide tuvo sus raíces en África. Sin embargo, los descubrimientos de fósiles más recientes en China, Myanmar, y otros países asiáticos, han alterado rápidamente la opinión científica acerca del lugar donde este grupo de lejanos ancestros humanos, evolucionó por primera vez. 'Afrasia' es el último de una serie de descubrimientos de fósiles que están derribando el concepto de África como punto de partida de la evolución de los primates antropoides.

"'Afrasia' no solo ayuda a demostrar que los antropoides evolucionaron, por primera vez, en Asia, sino que también desvela que nuestros antepasadosantropoides primero se dirigieron a África, donde continuaron evolucionando en monos y seres humanos", afirma Chris Beard, paleontólogo en el Museo Carnegie de Historia Natural, y miembro del equipo del descubrimiento, que también incluyó a investigadores de Myanmar, Tailandia y Francia. Beard es conocido por su extenso trabajo sobre la evolución y origen de los primates antropoides.

Los paleontólogos no se ponen de acuerdo sobre cómo y cuándo los primeros antropoides asiáticos hicieron su camino desde Asia hasta África. Si bien el descubrimiento de Afrasia no resuelve la ruta exacta seguida por los antropoides para llegar a África, sí sugiere que la colonización se produjo hace relativamente poco tiempo.

'Afrasia', de 37 millones de años, posee dientes parecidos a los de 'Afrotarsius libycus', un primate del norte de África, del mismo período. Los cuatro dientes estudiados de 'Afrasia' fueron recuperados después de seis años de tamizar toneladas de sedimentos, cerca de Nyaungpinle. Los detalles de la forma de los dientes de 'Afrasia' indican que estos animales probablemente comían insectos.

Debido a la complicada estructura de los dientes de los mamíferos, los paleontólogos los utilizan, a menudo, como huellas digitales para reconstruir cómo las especies extintas se relacionaron entre sí, y con sus parientes modernos. Estas similitudes proporcionan una fuerte evidencia de que los parientes del 'Afrasia' asiático colonizaron el norte de África, poco antes de la aparición del Afrotarsius en el registro fósil africano.

"Durante años, pensamos que el registro fósil de África era simplemente escaso", declara el profesor Jean-Jacques Jaeger, de la Universidad de Poitiers, en Francia, líder del equipo y socio del Museo Carnegie de investigación. Según Jaeger, "el hecho de que estos antropoides similares vivieran al mismo tiempo, en Myanmar y Libia, sugiere que la brecha en la evolución temprana de los antropoides africanos es real".

El descubrimiento de 'Afrasia' muestra que un linaje de antropoides tempranos colonizaron África hace 37 millones de años. Sin embargo, la diversidad de antropoides tempranos en Libia sugiere que la imagen real es más complicada: estos fósiles libios pueden ser los descendientes de uno o más colonos asiáticos, ya que no parecen estar especialmente relacionados con 'Afrasia' y 'Afrotarsius'. La evidencia fósil de la evolución de la divergencia -cuando una especie se divide para crear nuevos linajes- son los datos fundamentales para los investigadores en la evolución. El descubrimiento pionero de la relación entre Afrasia, de Asia, y Afrotarsius, de África del Norte, es un importante punto de referencia para precisar la fecha en que los antropoides asiáticos colonizaron África.

EUROPA PRESS

martes, 5 de junio de 2012

El Homo heidelbergensis era un poco más alto que el neandertal

El Homo heidelbergensis era un poco más alto que el neandertal. José Antonio Peñas
La reconstrucción de 27 huesos completos de extremidades humanas encontrados en Atapuerca (Burgos) ha servido para determinar la estatura de varias especies del Pleistoceno. Homo heilderbergensis, como los neandertales, tenía una altura similar a la de las actuales poblaciones mediterráneas.

Junto a su enorme cantidad de fósiles, uno de los aspectos importantes de la colección de la Sima de los Huesos (SH) de Atapuerca, en Burgos, es el magnífico estado de conservación que presentan, que ha hecho posible la reconstrucción de 27 huesos completos de hace 500.000 años.

“La increíble colección nos permite hacer estimaciones de la estatura en especies como Homo heidelbergensis –que habitó Europa durante el Pleistoceno Medio y es antepasado de los neandertales–, basándonos exclusivamente en huesos largos completos, como todos los del brazo y la pierna”, explica a SINC José Miguel Carretero Díaz, investigador del Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad de Burgos y autor principal del estudio que publica el Journal of Human Evolution.

Además, al estar los huesos completos, los investigadores han podido atribuir cada uno a un sexo determinado para calcular la estatura en algunos hombres y mujeres. “Las estimaciones que habíamos hecho hasta ahora se basaban en huesos incompletos, cuya longitud había que estimar, y utilizábamos fórmulas basadas en una sola población de referencia, que no sabíamos si era o no la más adecuada”, señala el investigador.

Dado que no conocían cuál sería la afinidad racial y ecológica más adecuada para estos humanos, los científicos utilizaron fórmulas multirraciales y multisexuales para estimar la estatura con todos ellos para reducir el margen de error y acercarse más a la realidad. “Calculamos un promedio general para la muestra y uno para cada sexo. Lo mismo se ha hecho con los fósiles de neandertales y cromañones”, apunta Carretero Díaz.

Sus resultados indican que tanto los hombres como las mujeres de la población de la Sima de los Huesos eran solo ligeramente más altos en promedio que los hombres y mujeres neandertales. “Ni unos ni otros pueden calificarse como humanos de baja estatura, sino que se sitúan dentro de las categorías de individuos medianos y supermedianos, aunque entre ellos haya también individuos altos”, aseguran los expertos.

La estatura de estas dos especies se parece mucho a la que presentan las poblaciones actuales que viven en latitudes medias, como las de Europa central y mediterránea.

Los humanos que llegaron a Europa en el Paleolítico superior, y que sustituyeron a las poblaciones neandertales, son los ‘cromañones’ o humanos anatómicamente modernos. Presentan una estatura significativamente superior a la de las otras especies humanas, con promedios más elevados que caen dentro de la categoría de individuos muy altos en los dos sexos.

La altura se mantiene estable durante 2 millones de años

Según los investigadores, dejando al margen las especies de biotipo pequeño como Homo habilis (Este de África), Homo georgicus (Georgia) y Homo floresiensis (Isla de Flores), todos los humanos conocidos del Pleistoceno Inferior y Medio que habitaron África (Homo ergaster, Homo rhodesiensis), Asia (Homo erectus) y Europa (Homo antecessor, Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis) parecen presentar durante la mayor parte de este período también estaturas medianas y supermedianas, “aunque entre todas ellas podamos encontrar siempre algún individuo alto o muy alto”, señalan.

En su opinión, esto quiere decir que la estatura del género Homo ha permanecido más o menos estable en el tiempo durante casi 2 millones de años, hasta la aparición hace tan solo 200.000 años en África “de una especie rompedora en este sentido”, el Homo sapiens, cuyos primeros representantes eran significativamente más altos que los de cualquier otra especie que hubiera existido hasta ese momento.

“La explicación la encontramos en el cambio morfológico general del biotipo corporal que protagonizó nuestra especie respecto a las anteriores. El Homo sapiens presenta un cuer`o más estrecho, huesos más ligeros, estatura más elevada y piernas más largas”, añade el investigador.

Un cuerpo más ligero les ayudó a sobrevivir

Se han apuntado varias ventajas para que el biotipo del sapiens fuera más adaptativo, entre ellas las de carácter termorregulador, obstétrico y nutricional, pero a juicio de los expertos, la mayor ventaja de este nuevo cuerpo es de tipo energético.

“Unas piernas más largas, una cadera más estrecha, una mayor estatura y unos huesos más ligeros, además de significar un menor peso corporal (menor masa muscular), favorecen una zancada más larga, mayor velocidad y menor coste energético para mover el cuerpo, caminar y correr”, indica Carretero Díaz.

Esta anatomía pudo ser una gran ventaja para la supervivencia en Eurasia durante el Pleistoceno Superior, cuando dos especies humanas inteligentes (los neandertales y los cromañones de cuerpo ligero) tuvieron que afrontar duras condiciones climáticas, cambios drásticos en los ecosistemas y competencia ecológica entre ellas.

SINC

sábado, 2 de junio de 2012

Los primeros homínidos fieles

Los primeros homínidos fieles
El concepto de lo que hoy conocemos como familia o, al menos el germen, nació hace más de cuatro millones de años. En esa etapa tan precoz de la evolución humana, nuestros antepasados los «Ardipithecus», apenas unos primates que caminaban sobre dos patas, dieron el paso necesario para que surgieran los valores familiares. Lo consiguieron al abandonar la promiscuidad por la fidelidad y la relación de pareja.

El cambio no fue casual y fue fruto de una combinación de variables que hizo cambiar la estrategia de las hembras para garantizar la supervivencia de su prole y también la de los machos menos favorecidos, según una investigación del Instituto Nacional de Matemáticas y Síntesis Biológica de la Universidad de Tenessee (Estados Unidos). Los detalles se publican en la revista científica «Proceedings».

La estrategia femenina cambió las reglas de la evolución. Ya no triunfaba ni se reproducía el más fuerte. Las hembras dejaron de elegir a los machos dominantes como pareja reproductiva por aquéllos menos importantes en la jerarquía, pero que les proporcionaban otras seguridades, desde alimento hasta protección para sus crías. A cambio, ellas se convirtieron en sus fieles compañeras.

Esta nueva investigación plantea dos asuntos interesantes, reflexiona Antonio Rosas, profesor de investigación del CSIC y del Museo Nacional de Ciencias Naturales. «Una es la estrategia combinada entre las hembras y los machos inferiores en la jerarquía de la dominancia. Ellos terminan llevándose el gato al agua, frente a los más fuertes. En lugar de pelearse con otros machos, utilizan su energía en ganarse a una hembra con comida y protección para las crías. Pero eso solo funciona con el requisito de la fidelidad. Si no sería una pérdida de tiempo y de energía»...

N. RAMÍREZ DE CASTRO | ABC.es

Los instrumentos musicales más primitivos se fabricaron con hueso

Los instrumentos musicales más primitivos se fabricaron con hueso
La música ha acompañado al ser humano desde tiempos remotos. Es muy probable que, en sus inicios, la percusión con pies y manos fuera la forma en la que los primeros humanos comenzaran a seguir un ritmo, pero no dejaron huella. Lo que sí sabemos ahora es que los primeros flautistas vivieron en Europa hace unos 43.000 años porque un equipo de arqueólogos europeos han encontrado dos flautas datadas en esta época.

Los investigadores encontraron, en 2009, ambos instrumentos en la cueva Geibenklösterle, en Alemania, un importante yacimiento del Paleolítico, ocupado por los primeros 'Homo sapiens' que colonizaron este continente tras su salida de África.

Son, según publican en la revista 'Journal of Human Evolution', los primeros instrumentos musicales de la Humanidad. Una de las flautas está hecha con marfil de mamut y otra, mucho más delicada, se fabricó con el hueso radio de un buitre leonado.

Aunque en un principio se dijo que habían sido realizadas hace 35.000 años, y así se publicó en 'Nature' en 2009, ahora, gracias a un nuevo método de datación, se ha sabido que son unos 7.000 años más antiguas.

El equipo de investigadores, dirigido por el arqueólogo Tom Higham, de la Universidad de Oxford, ha utilizado un método de datación más sofisticado que el anterior, teniendo en cuenta la edad de los huesos de animales de las mismas capas geológicas, y eso es lo que ha permitido retrasar varios miles de años su ejecución.

"Estos resultados son consistentes con la hipótesis que hicimos hace varios años de que el río Danubio era una ruta muy utilizada en la expansión de los primeros humanos modernos y, por tanto, en esa zona de Europa Central hubo importantes innovaciones tecnológicas hace entre 40.000 y 45.000 años", apunta el coautor Nick Conard, de la Universidad de Tubinga, en un comunicado...

Rosa M. Tristán | ELMUNDO.es

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