sábado, 22 de octubre de 2011

Había cazadores en Norteamérica antes de la cultura Clovis

Había cazadores en Norteamérica antes de la cultura Clovis
Una punta de lanza hallada en los restos de las costillas de un mamut han revelado que los humanos cazaban mastodontes al menos 1.000 años antes de la cultura Clovis, considerada hasta hace poco como la más antigua de Norteamérica, según un estudio publicado en la revista Science.

El equipo del profesor Eske Willerslev, del Centro de Geogenética de la Universidad de Copenhague, junto con el del profesor Michael Waters, del Centro de Estudios de los Primeros Americanos de la Universidad de Texas, concluyeron que hubo cazadores en Norteamérica al menos hace 14.000 años.

Los hallazgos sugieren que los cazadores que mataron a este animal vivieron antes del surgimiento de la cultura Clovis, surgida hace 13.000 años, que se pensaba hasta hace un tiempo que fue la primera cultura humana bien establecida en Norteamérica y ha sido vista como un ancestro común para todos los nativos americanos y tribus en esta región.

"Estoy seguro de que los nativos americanos estarán especialmente contentos con los resultados de este estudio", señaló Willerslev, que aseguró que sus resultados son una prueba de que hubo humanos antes de los Clovis, a los que se creía los primeros pobladores.

"La teoría de que los Clovis fueron los primeros (pobladores), que muchos científicos suscribían hace unos pocos años atrás ha sido finalmente enterrada con las conclusiones de este estudio", enfatizó.

Los fósiles fueron descubiertos a finales de los años 70 cerca de Manis, en el estado de Washington.

Pese a que investigadores inicialmente fecharon el esqueleto a hace aproximadamente 14.000 años, otros han cuestionado esta edad y si la costilla guardaba relación con otros restos descubiertos en el yacimiento.

Los Clovis fueron conocidos como cazadores de mamuts, una de las tres especies, junto con los mastodontes y los gonfoterios, clasificados como proboscídeos (mamíferos de gran tamaño).

Pero sus hallazgos, junto con evidencia de otros yacimientos, sugiere que ya había humanos que cazaban mastodontes o mamuts al menos 1.000 años antes que los Clovis.

Los equipos han utilizado técnicas como la espectrometría de masas (que permite analizar con precisión la composición de elementos químicos e isótopos) para datar el carbón en muestras de colágeno de hueso extraídas de la costilla, la punta incrustada y un par de colmillos encontrados en las proximidades del yacimiento.

Sus resultados concluyen que todos estos fósiles tienen la misma edad, aproximadamente 13.800 años.

También utilizaron un escáner de rayos X de alta resolución para visualizar la parte de la punta incrustada en la costilla que, según han calculado, tenía 27 centímetros de largo, similar a la longitud de las puntas utilizadas en las armas de la etapa Clovis.

El equipo analizó además material genético de la costilla y de la punta de lanza que, según descubrieron, estaba a su vez fabricada con hueso de mastodonte.

Los arqueólogos habían apuntado anteriormente a que los cazadores Clovis tuvieron un papel importante en la extinción de los animales de la Edad de Hielo.

No obstante, si bien esto puede ser verdad, ahora se sabe que los cazadores Clovis no fueron los primeros seres humanos en Norteamérica que cazaron grandes animales como mastodontes y se plantean otras causas de la extinción, como el clima.

EFE

domingo, 16 de octubre de 2011

Un taller artístico de 100.000 años de antigüedad

La cueva sudafricana de Blombos. Imagen: Grete Moell Pedersen
Restos de lo que fue un kit de pintura primitivo, con herramientas para procesar, almacenar y usar pigmentos de ocre, han sido hallados en la cueva de Blombos, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Los residuos de mineral y los utensilios, que incluyen dos recipientes, tienen 100.000 años.

Dos conchas con vestigios de ocre, huesos y otras sustancias usadas como pigmentos halladas en Sudáfrica reflejan los hábitos pictóricos de los Homo sapiens hace 100.000 años. “Este descubrimiento muestra por primera vez cómo nuestros ancestros trataban y usaban las materias colorantes”, explica a SINC Renata García-Moreno, paleontóloga de la Universidad de Burdeos (Francia) que ha formado parte del equipo internacional responsable del estudio.

“Previamente se habían hallado fragmentos de óxidos de hierro en contextos de ocupación humana, pero las asociaciones a las herramientas utilizadas para su extracción permanecían desconocidas o poco claras”, relata García-Moreno.

Según los investigadores, este hallazgo retrata con detalle la complejidad de las acciones que los primeros humanos anatómicamente modernos llevaban a cabo.

Los utensilios descubiertos son dos conchas de abulones (moluscos haliótidos) que los investigadores creen que servían de recipiente para mezclar pigmentos, como paleta o para la conservación de la pintura. “Es la primera ocasión en la que se encuentran pigmentos directamente asociados a las herramientas de procesamiento, aún contenidos en una concha”, subraya García-Moreno.

Los dos objetos serán expuestos en el Museo Iziko de Ciudad de Cabo a partir del 14 de octubre.

Técnicas pictóricas premeditadas

“Este hallazgo evidencia la capacidad de abstracción y de planificación que tenían nuestros ancestros hace 100.000 años”, explica la paleontóloga. “Revela una capacidad de premeditación, necesaria para recolectar y explotar materias primas y transportarlas hacia las área de ocupación, para después transformarlas mediante la talla y molienda para obtener el polvo rojo”.

Las dos herramientas fueron encontradas en la posición original en la que las depositaron sus dueños. En ellas han hallado restos de ocre, de hueso, de carbón vegetal, piedras para moler y martillos de piedra.

Los habitantes de este ‘taller pictórico’ poseían conocimientos técnicos avanzados. “Conocían las propiedades colorantes de los óxidos de hierro”, describe García-Moreno. “Y hallamos restos de hueso esponjoso triturado y posiblemente calentado como parte de la mezcla contenida en las conchas. Esto indica que conocían la manera de extraer el tuétano y que lo utilizaban como un aglutinante en la mezcla de pintura”.

Recientes estudios genéticos y de fenómenos de diversidad han aportado datos que apoyan el origen africano del Homo sapiens. El descubrimiento de la cueva de Blombos añade pruebas sobre los primeros desarrollos tecnológicos y de comportamiento de los H. sapiens, y documentan su planificación y producción deliberada de pigmentos.

“También demuestra que estos primeros humanos ya tenían conocimientos básicos de química y habilidad de planificación a largo plazo”, apunta Christopher Henshilwood, autor del estudio e investigador del Instituto de Evolución Humana de la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo (Sudáfrica).

En África y en Oriente Próximo era una práctica común moler y raspar el ocre para producir polvo, que se usaba como pigmento. Las evidencias muestran que fue una habilidad desarrollada por los humanos desde hace precisamente 100.000 años.

SINC

sábado, 15 de octubre de 2011

La alimentación de los homínidos era más variada de lo que se creía

La alimentación de los homínidos era más variada de lo que se creía
La alimentación de los homínidos era más variada de lo que se creía, según un estudio publicado en la revista Science que indica que los entornos locales son mucho más importantes en la determinación de la dieta que la anatomía de la especie.

El profesor Peter Ungar, de la Universidad de Arkansas, y Matt Sponheimer, de la Universidad de Colorado, han revisado los datos de los últimos estudios y han cruzado distintas técnicas "para desarrollar una visión sintética de las dietas de los homínidos tempranos", indicaron en entrevista con Efe.

Tradicionalmente, los estudios en los hábitos alimenticios de las especies de homínidos extintos se han centrado en el tamaño del diente, la forma y morfología, así como herramientas de piedra y huesos de animales sacrificados.

En este estudio han observado los dientes utilizando una técnica de microanálisis del desgaste dental y otra con isótopos que analiza los restos de esmalte, con las que han sido capaces de saber mucho más acerca de los hábitos alimenticios de los ancestros.

Los científicos indican que el desgaste detectado en el microanálisis de los dientes en un animal refleja la dureza y la resistencia o la fuerza de la comida que estaba comiendo en los días o semanas antes de su muerte.

La medición de isótopos estables (especialmente carbono) en el esmalte dental proporciona pistas sobre la proporción de hierbas, frutas y nueces que fueron ingeridos.

Después de combinar estas dos técnicas, los investigadores creen que la dieta humana podría haber sido más diversa en sus principios de lo que se creía y reabren el interrogante sobre las nociones actuales sobre la dieta de las especies extintas.

"Hemos llegado a un punto de inflexión en la investigación paleodietaria en los homínidos, un punto en que no hay vuelta atrás. Claramente, nuestras antiguas repuestas no sirven más", señaló Sponheimer, quien aseguró que hay razones para ser optimistas en la prosecución de la investigación.

Las investigaciones se centraron principalmente en fósiles de Etiopía, Kenia, Tanzania y Sudáfrica, y los resultados indican que especies muy similares (con los dientes muy similares y formas y estructuras craneales) podrían haber tenido dietas muy diferentes.

Según Ungar, la mayoría de los estudios "se ha fijado en los tamaños, formas y estructuras de los cráneos y dientes y los utilizaron para reconstruir la dieta. Pero esto no dice lo que estas personas comían, sino lo que podrían haber comido".

Sin embargo, el microanálisis revela los arañazos y los golpes en los dientes por la alimentación, mientras que los isótopos desvelan la composición química de los alimentos que se consumen, aportando "rastros de la conducta real" de estos homínidos, enfatizó.

Además, indicaron que el análisis en las evidencias de los alimentos ingeridos no se ajusta a lo que se pensaba.

"Si nos fijamos en los dientes y la forma del cráneo, parece que debería ver un aumento progresivo en el consumo de alimentos duros (por ejemplo, nueces, semillas, raíces, tubérculos) en una sabana abierta", indicó Ungar.

Según su estudio, parece, en cambio, que algunas especies comían hierba dura o juncos en vez de arbustos, mientras que otras consumían, aparentemente, alimentos blandos la mayor parte del tiempo y recurrían a alimentos duros cuando no había blandos.

Esto significa que la historia de la evolución de la dieta del ser humano "es mucho más complicada de lo que solíamos pensar", señaló Ungar.

"Ya no podemos pensar en términos de tendencias en el tiempo y patrones comunes. Es posible que los entornos locales sean mucho más importantes en la determinación de la dieta que únicamente la anatomía de la especie".

EFE

martes, 11 de octubre de 2011

Una molécula de azúcar en el origen del género humano

Homo erectus hembra. Imagen: Museo Nacional de Historia Natural 
La respuesta inmune de los primeros homínidos a un azúcar pudo ser clave en la evolución. Un estudio sugiere que el rechazo del sistema inmunológico a cierta molécula provocó incompatibilidades reproductivas que facilitaron la evolución del género Homo.

Hace tres millones de años, algunos de los ancestros comunes de los humanos y otros homínidos sufrieron una mutación genética que les impedía fabricar cierta molécula de azúcar. El cambio los protegió frente a infecciones relacionadas con él éxito de la reproducción y facilitó el desarrollo evolutivo del género Homo.

Estas son las conclusiones de un estudio liderado por expertos de la Facultad de Medicina de San Diego en la Universidad de California, EE UU, que aparece en la última edición de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

En la superficie de las células animales hay unas moléculas de azúcar, los ácidos siálicos, que funcionan como punto de contacto con el entorno celular y también con los patógenos invasivos presentes en él. Durante millones de años, nuestros antepasados producían uno de estos ácidos, el Neu5Gc, hasta que una mutación –probablemente provocada por un parásito de la malaria– desactivó la capacidad de generarlo en los humanos. En su lugar, empezaron a fabricar mayor cantidad de otro tipo de ácido siálico.

“Este cambio supuso que los primeros humanos desarrollaran una respuesta inmune al Neu5Gc. Empezó a ser considerado por sus sistemas inmunes como ajeno, como algo que debía ser destruido. Casi al mismo tiempo, comenzaron a ingerir carne roja, la principal fuente de Neu5Gc, que pudo haber estimulado posteriormente la respuesta inmune” afirma Pascal Gagneux, biólogo evolucionista y profesor de medicina celular y molecular en la Universidad de California.

Según Gagneux y su equipo, este mecanismo inmune tuvo que ver con el origen del género Homo. Estudios anteriores habían demostrado que la pérdida del Neu5Gc tuvo lugar hace dos o tres millones de años, lo que coincide con la aparición del Homo ergaster/erectus.

La hipótesis del estudio es que los anticuerpos ‘contra el ácido’ atacaban el esperma y los tejidos fetales en los individuos sin la mutación, reduciendo sus oportunidades de éxito reproductivo. “La incompatibilidad terminaría por eliminarlos”, afirma Gagneux.

Los investigadores pusieron a prueba la idea exponiendo esperma de chimpancé a los anticuerpos anti-Neu5Gc humanos. Estos acabaron con el esperma de simio. Después, aparearon ratones macho Neu5Gc-positivos con hembras genéticamente modificadas para no producir el ácido, e inmunizadas ante él. La tasa de fertilidad de las hembras fue sensiblemente inferior debido los efectos antiesperma de los anticuerpos femeninos.

Estos hallazgos se relacionan con la idea de ‘especiación por infección’, según la cual las infecciones de una población hace que se diferencie de otras por su incompatibilidad reproductora.

SINC

Seguidores

Google+ Followers

Datos personales

Template Blogger Elegance by Dicas Blogger.

TOP