domingo, 30 de enero de 2011

Dos huesos de Olduvai pueden resolver el enigma de la talla de los primeros homo

Garganta de Olduvai
Dos huesos encontrados por un grupo de arqueólogos españoles en su última campaña de excavaciones en la Garganta de Olduvai (Tanzania) están a punto de resolver la polémica que desde hace dos décadas mantienen los paleontólogos sobre cuál era la talla de los primeros homo y sobre si puede seguir en pie la llamada tesis de la "NBA del Pleistoceno".

Esta polémica arrancó en 1984, con el descubrimiento en Kenia de uno de los fósiles más famosos del mundo, el "chico de Turkana", un esqueleto casi completo de un Homo Ergaster de un millón y medio de años de antigüedad perteneciente a un niño de diez años cuya estatura (1,65 metros) llevó a muchos científicos a presuponer que estos homínidos, de adultos, superaban el 1,80 de altura.

Sin embargo, esa afirmación se basa en dar por buena la presunción de que aquellos homínidos tenían un ciclo de crecimiento similar al del hombre moderno, como apunta el profesor de Prehistoria de la Universidad Complutense Manuel Domínguez-Rodrigo, que lleva 20 años trabajando en África y esta semana ha explicado en la Fundación Botín sus últimos descubrimientos en Olduvai, en un ciclo dedicado a los grandes yacimientos arqueológicos del mundo.

"Si asumimos que el niño de Turkana tenía un período de crecimiento similar al nuestro, una vez que terminara la fase de adolescente podría haber excedido el 1,80. A partir de ahí los paleontólogos empiezan a hablar de la 'NBA del Pleistoceno', porque otros especímenes sugerían esa estatura", explica este investigador, que dirige al primer grupo español que excava en Olduvai.

No obstante, recientes estudios sugieren que esa presunción no tiene por qué ser válida y el problema reside en que no hay forma de comparar al niño de Turkana con un adulto de una antigüedad similar, porque no hay restos para hacer esa prueba. O no los había.

En la conferencia que ha ofrecido en Santander, Domínguez-Rodrigo ha explicado el alcance del hallazgo de un fémur y un radio de Homo Ergaster de 1,3 millones de años de antigüedad que su equipo anunció el verano pasado, dos fósiles recuperados en un yacimiento de Olduvai explorado en los cincuenta por la familia Leakey, el "BK".

El investigador español ha revelado que se trata de dos huesos de adulto, posiblemente del mismo individuo, y que su tamaño y conservación permiten hacer un proyección fiable sobre su estatura. De hecho, su equipo ya tiene avanzada una estimación.

Sin embargo, ha preferido no desvelar aún su estatura, pero ha dado a conocer algunas pistas: la cabeza del radio es un tercio más grande que la del Homo Sapiens y la tuberosidad donde se inserta el bíceps duplica a la del hombre actual. En palabras del propio investigador "su talla no es pequeña. Es un individuo muy robusto".

Martínez-Domínguez ha remarcado además que ésta es la primera vez, para esa antigüedad de fósiles, que se encuentra un radio, lo que también permitirá averiguar cuál era la biomecánica de los brazos de esos antepasados del hombre. Además, no oculta su esperanza de encontrar nuevos restos humanos, porque esos dos huesos han aparecido al excavar una superficie muy pequeña, de solo 30 m2.

Las investigaciones del equipo español en Olduvai también están mediando en otra polémica científica: si los primeros homínidos era cazadores o carroñeros, dos hipótesis entre las que la paleontología humana se ha movido en los últimos años "como un péndulo".

"Hemos pasado de la visión que muestran los primeros minutos de '2001 Odisea en el espacio', de seres agresivos, cazadores, que utilizan huesos y piedras para matar animales, a convertir a esos seres sanguinarios en hippies de sabana, criaturas pacíficas que se desplazan de un comedero de animales a otro", bromea.

El equipo de Martínez-Domínguez defiende que los yacimientos de Olduvai prueban que esos homínidos eran cazadores, no carroñeros, y que no se limitaban a abatir presas pequeñas, sino que también mataron búfalos prehistóricos de tonelada y media de peso e incluso elefantes, como muestran los restos hallados en "BK".

José María Rodríguez | EFE

sábado, 29 de enero de 2011

Los humanos salieron de África y llegaron a Arabia antes de lo que se creía

Homínidos
Los seres humanos salieron de África y llegaron a la Península Arábiga unos 60.000 años antes de lo calculado hasta ahora, según un estudio que publica la revista Science.

Un equipo de investigadores, encabezado por Hans Peter Uerpmann, de la Universidad Eberhard Karls de Tübingen, Alemania, estudió artefactos descubiertos en los Emiratos Árabes Unidos y concluyó que se remontan a más de 100.000 años.

Los científicos indican que es posible que los humanos hayan llegado a la península hace aproximadamente 125.000 años y que lo hayan hecho directamente desde África.

La determinación de las épocas en las cuales los humanos anatómicamente modernos se dispersaron desde África es una de las cuestiones fundamentales en los estudios de la evolución humana.

El consenso entre los científicos, hasta ahora, era que los humanos migraron rápidamente por la costa africana sobre el Océano Índico y hacia la costa del mar Mediterráneo hace unos 60.000 años.

Simon Armitage, de la Universidad de Londres, señaló que "estos humanos evolucionaron en África hace unos 200.000 años y luego poblaron el resto del mundo".

Los científicos descubrieron una caja antigua de herramientas humanas en el campo arqueológico de Jebel Faya, en los EUA, que muestra una tecnología similar a la empleada por los humanos primitivos del África oriental.

Esta caja contiene hachas de mano relativamente primitivas y una variedad de raspadores y perforadores, lo que demuestra que la innovación tecnológica no fue necesaria para que los humanos primitivos emigraran a la Península Arábiga.

Armitage calculó mediante una técnica denominada datación por luminescencia que esos artefactos tienen una antigüedad aproximada de 100.000 a 125.000 años.

Los investigadores también analizaron los registros de niveles del mar y los cambios climáticos de la región durante el primer período interglaciar ocurrido hace unos 130.000 años.

De esta forma determinaron que el estrecho de Bab el Mandeb, que separa la Península de Arabia del Cuerno de África, se estrechó debido a que los niveles del mar eran más bajos y creen que ésto puede haber permitido el paso seguro antes de y al comienzo del último período interglaciar.

En esa época la Península Arábiga era mucho más húmeda que en la actualidad: tenía una mayor cubierta vegetal y una red de ríos y lagos.

Según los investigadores, este entorno puede haber sido acogedor para el asentamiento de los humanos primitivos y su posterior extensión hacia la Media Luna Fértil, en la Mesopotamia entre los ríos Éufrates y Tigris, y hacia la India.

"La arqueología sin épocas es como un rompecabezas en el cual las piezas no encajan bien", comentó Armitage, quien agregó que "hay muchas piezas individuales con información pero no es posible encajarlas para obtener una imagen completa".

"En Jebel Faya las épocas revelan una imagen fascinante en la cual los humanos modernos, con la ayuda de las fluctuaciones de los niveles del mar y los cambios climáticos en la Península Arábiga, emigraron de África mucho antes de lo que se pensaba", concluyó.

EFE

jueves, 20 de enero de 2011

Neandertales, humanos hasta las narices

Neandertales, humanos hasta las narices
Las grandes narices que gastaban los neandertales no eran una adaptación al frío. Así lo asegura un nuevo estudio que ha analizado cráneos de Homo sapiens y sus parientes cercanos para poner a prueba una hipótesis sostenida durante décadas.

Desde que, hace más de 180 años, se desenterraron en Bélgica los primeros fósiles neandertales, estos han pasado de ser deformes embrutecidos a un grupo hermano que llegó a compartir lecho y fluidos con los humanos modernos. Muchas de las diferencias físicas entre ambos se han intentado explicar como adaptación a un clima frío, ya que los neandertales supieron vivir en una Europa gélida durante decenas de miles de años.

"Los neandertales eran considerados como los esquimales del Pleistoceno", explica a Público Todd Rae, un paleontólogo de la Universidad de Roehampton (Reino Unido). Las narices grandes también se habían atribuido a las bajas temperaturas, algo que no tenía mucho sentido, según Todd. "Los esquimales tienen caras y narices estrechas", señala. Para poner a prueba la teoría, Rae comparó los senos nasales de humanos modernos y neandertales. La talla de estas cavidades huecas situadas en el interior del cráneo y las fosas nasales se suponía un indicador de esa adaptación al frío, y estudios anteriores decían que los neandertales las tenían más grandes. De esa forma, sus nasos podían calentar mejor el aire frío.

El equipo de Rae ha analizado radiografías y reconstrucciones en tres dimensiones de cráneos bien conservados de neandertales que vivieron en climas fríos y los comparó con los de Homo sapiens de climas templados. Los resultados, publicados en Journal of Human Evolution, no concuerdan con la teoría de la adaptación a temperaturas bajas. "Los senos nasales de los neandertales de climas fríos resultan iguales que los de los humanos modernos europeos", explica Rae. "La nariz ancha no era una adaptación al frío", sentencia.

Otros estudios apoyan su tesis. Los senos nasales se hacen más pequeños cuanto más bajas son las temperaturas, tanto entre primates como roedores. De forma similar, los senos de los esquimales también son más pequeños que los del resto de los humanos de hoy. La moraleja es que hay que pensar en una nueva teoría para descrifrar el misterio del rostro neandertal. "Es posible que, en lugar del frío, sea una adaptación a la vida en el bosque, ya que otros rasgos neandertales, como las piernas cortas y la menor estatura, se han propuesto como tales", propone Rae.

El caso no está cerrado. "El estudio presenta unas medidas un poco pobres para generalizar", opina el investigador del CSIC Antonio Rosas. Como posible explicación apunta que aquellas caras de grandes narices, pómulos marcados y barbillas retraídas podrían deberse al azar de la evolución, conocido como deriva genética.

"Me convence totalmente la explicación del fenómeno como resultado de la deriva genética desde un antepasado común con nosotros", opina Michael Walker, profesor de antropología de la Universidad de Murcia. De hecho, las formas neandertales podrían ser mucho más comunes que las sapiens. "El rostro neandertal refleja una morfología muy arraigada en el género Homo durante el Pleistoceno medio, lo que es difícilmente compatible con la adaptación al frío", opina el experto.

NUÑO DOMÍNGUEZ | Publico.es

miércoles, 12 de enero de 2011

La esperanza de vida de los Homo sapiens arcaicos y los neandertales era muy similar

Fósiles 'Homo sapiens' arcaicos. Science
La esperanza de vida de los 'Homo sapiens' arcaicos y los neandertales era muy similar. Ambas especies humanas morían en la madurez en edades similares, según se desprende de un estudio dirigido por Erik Trinkaus, de la Universidad de Washington.

En este trabajo, publicado en la revista 'Proceedings of National Academy of Science', se realiza un estudio comparativo de fósiles de ambas especies, que coexistieron durante 150.000 años en varias regiones de Eurasia, e incluso llegaron a cruzarse en los primeros momentos de su encuentro.

Trinkaus pudo disponer de poco material, porque no se han encontrado muchos huesos, pero si los suficientes como para ver que había casi el mismo número de fósiles de adultos entre 20 y 40 años y de mayores de 40 años tanto entre los 'sapiens' como entre los neandertales.

Esta distribución de las edades, según el autor, revela patrones similares en la mortalidad adulta, lo que se opondría a algunas teorías que relacionan la extinción de los neandertales con una esperanza de vida bastante menor. En cambio, Trinkaus propone que la ventaja demográfica para nuestra especie estaría, más bien, en que tenía un índice de fertilidad más elevado y una mortalidad infantil más baja.

Esta hipótesis es compartida por José María Bermúdez de Castro, director científico del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, quien recuerda que la longevidad de los chimpancés y de los humanos sólo se diferencia en seis años: los primeros, en estado natural, viven una media de 50 años y los segundos 56. "Otra cosa es que con los avances médicos y los cuidados podamos alcanzar ahora medias de 75 años o más, pero en estado natural la esperanza de vida nuestra sería como la de los neandertales", argumenta el experto.

Precisamente estos días, Erik Trinkaus se encuentra trabajando en la Sima de las Palomas, en Murcia, con el equipo de Michael Walker. En este yacimiento se han encontrado una decena de esqueletos neandertales articulados

Rosa M. Tristán | ELMUNDO.es

lunes, 10 de enero de 2011

Los humanos modernos comenzaron a vestirse hace unos 170.000 años

David Reed. Museo de Historia Natural de Florida
Un estudio sobre la evolución de los piojos ha revelado que los humanos modernos comenzaron a vestirse hace unos 170.000 años, luego la costura era una tecnología que conocían desde mucho antes de salir del continente africano para expandirse por el planeta.

La investigación es obra de David Reed, un investigador del Museo de Historia Natural de Florida, especializado en mamíferos. Durante cinco años, analizó secuencias de ADN para calcular cuando comenzaron a divergir genéticamente los parásitos que se hacen fuertes en las cabezas humanas.

Sus conclusiones han sido publicadas en la revista 'Molecular Biology and Evolution', según la web 'Science Daily', donde Reed declara que su objetivo desde el principio era establecer con claridad cuando los humanos comenzaron a usar la ropa. "Como se sabe que los piojos se adaptan muy bien, está claro que los piojos de cuerpo y los de la ropa no se diferenciaron hasta que los humanos se vistieron", apunta el investigador.

Los datos indican que los 'Homo sapiens' comenzaron a usar ropa unos 70.000 años antes de emigrar hasta zonas de clima frío, hacia el norte, lo que comenzaron a hacer hace unos 100.000 años. Hasta ahora era imposible poner fecha a las vestimentas, porque no dejan rastro en los yacimientos.

Todo parece indicar que los humanos comenzaron a vestirse después de perder el pelo corporal, un proceso que comenzó hace un millón de años, lo que significa que pasaron muchísimo tiempo totalmente desnudos: sin ropa ni pelo.

Para Reed es especialmente interesante saber que sobrevivieron en África cientos de miles de años de este modo y que la salida de África coincide con el hecho de que decidieran usar pieles para cubrirse.

Si eligió los piojos es porque otros parásitos se han entrecruzado con diferentes especies durante largos periodos y era más difícil seguir el rastro en ADN. Además, los científicos pueden observar los cambios evolutivos en el anfitrión en función de los que ha habido en los parásitos. De hecho, durante los últimos 20 años estas investigaciones han proporcionado importante información para la medicina, la biología evolutiva o la ecología.

Ni siquiera era éste el primer estudio sobre el tema de la vestimenta basado en los piojos. En 2003, otro trabajo del Instituto Max Planck (Alemania) concluía que su origen se situaba hace unos 107.000 años, si bien ahora se ha mejorado el método de cálculo, retrotrayendo ese origen.

"Los 170.000 años es una fecha mucho más antigua de lo que dice la arqueología pero tiene sentido", señala el australiano Ian dicho Gilligan, "porque significa que los 'sapiens' comenzaron a taparse para mantenerse calientes cuando comenzaron a verse expuestos a los primeros momentos de la Edad de Hielo".

Los 'Homo sapiens' aparecieron hace 200.000 años. Los homínidos arcaicos que habían salido antes de África no dejaron descendientes de sus piojos de la ropa, por lo que no se sabe si hace 800.000 años ya se abrigaban. Lo evidente es que sólo nuestra especie ha sobrevivido hasta el presente.

"Algo que pudo haber facilitado el éxito es que durante cientos de miles de años tuvieron la capacidad de hacer fuegos controlado, nuevas herramientas y también vestir ropas", señala Reed.

Rosa M. Tristán | ELMUNDO.es

miércoles, 5 de enero de 2011

Los homínidos remotos ya tenían crías grandes

Lucy
Una cría de chimpancé tiene, al nacer, una masa corporal del 3% de la de su madre, como media, y al año sólo alcanzan el 8,6 del peso de su madre. Sin embargo, en la especie humana, el peso de los recién nacidos (unos 3 kilos de media) ronda el 6% del materno y un año después el niño llega al 14% de la masa de la madre. ¿En qué punto de la historia evolutiva se produjo este cambio? ¿Qué patrón de masa infantil tendrían los homínidos anteriores al género Homo, como los australopitecos de hace entre dos y cuatro millones de años?

Los científicos consideraban que la mayor masa corporal de las crías es un rasgo propio de las primeras especies humanas y que los australopitecos se parecerían en esto mucho a los chimpancés. Pero ahora, un científico de la Universidad de Boston, tras un extenso estudio de fósiles, estadísticas y datos de simios y humanos, afirma que aquellos remotos homínidos de hace más de dos millones de años ya tenían crías de masa considerable (algo superior al 5% del peso de la madre).

El hallazgo tiene implicaciones notables en la sociobiología de aquellos antepasados. Según los expertos, el mayor peso de la cría, al suponer más esfuerzo para la madre que lo cuida y transporta, iría acompañado de un superior nivel tecnológico para la explotación de los recursos por parte del grupo y una organización social que prestase ayuda familiar a la hembra en ese período. Estos cambios serían propios del Homo erectus, de hace unos dos millones de años. Pero Jeremy M. De Silva muestra en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (EE UU), que hay que retrasar esa transición porque los australopitecos ya se parecían a los humanos en este aspecto.

Los ardipitecos, unos homínidos de hace 4.4 millones de años cuyos fósiles se descubrieron en Etiopía, estarían cerca de los chimpancés en cuanto a la masa de sus crías, con 1,3 kilos de media, según los modelos y cálculos aplicados por De Silva.

Pero las hembras de los australopitecos posteriores, con neonatos grandes, tendrían una maternidad difícil, no sólo antes del parto, por las exigencias alimenticias asociadas, sino también después de éste. Mantener a una cría de masa notable, cuidarla y transportarla, supondría un esfuerzo tal que cabe pensar en una ayuda familiar, del macho o de otros individuos del grupo, mientras que las chimpancés, que raramente permiten que otro se acerque al hijo, sugiere De Silva. Estas exigencias maternales también dan pistas sobre los hábitos de vida de los australopitecos. Una hembra con un neonato grande, difícilmente se subiría a los árboles, aunque pudiera hacerlo en situaciones extremas, prefiriendo la locomoción por el suelo, apunta el experto de la Universidad de Boston.

Su conclusión es que "los crecientes niveles de cooperación en los cuidados de las crías, críticos para su supervivencia en los humanos modernos, pueden tener sus raíces en los australopitecos más que en nuestro propio género Homo".

A.R. | ELPAIS.com

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