miércoles, 17 de marzo de 2010

La antigüedad de nuestra especie en la península Ibérica

Ornamentos marinos recuperados en el primer nivel del Paleolítico Superior en Cova Gran (Lleida).- CEPAB-UAB¿Cuándo aparecieron los hombres modernos, los de nuestra especie, en la península Ibérica? Una investigación en el yacimiento de Cova Gran (Lleida) aporta nuevas pruebas sobre esta cuestión y sobre si el Homo sapiens estuvo relacionado con la desaparición de los neandertales.

El trabajo, publicado en el Journal of Human Evolution por arqueólogos del Centro de Estudios del Patrimonio Arqueológico de la Prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona (CEPAB-UAB), también cuestiona la validez del carbono 14 como herramienta de datación de restos arqueológicos muy antiguos.

Las muestras obtenidas en Cova Gran datadas con carbono 14 refieren una antigüedad de entre 34.000 y 32.000 años, cuando se produjo este reemplazo biológico en el Mediterráneo Occidental, aunque el estudio relativiza la validez de esta técnica para la datación de materiales del periodo de transición del Paleolítico Medio al Superior (40.000 y 30.000 años). Los resultados también refuerzan la hipótesis de que no se produjo interacción ni convivencia entre ambas especies.

Cova Gran, un espacio que supera los 2.500 metros cuadrados, fue descubierto en 2002. Situado en la localidad de Les Avellanes-Santa Linya, es uno de los escasos yacimientos arqueológicos europeos que permiten estudiar las denominadas transiciones, fases críticas descritas por la paleoantropología en las cuales se detectan transformaciones y remodelaciones esenciales para reconstruir la historia de nuestra especie.

Los investigadores, dirigidos por el catedrático Rafael Mora, trabajaron sobre una superficie de 60 metros cuadrados, en donde reconstruyeron la forma en que vivieron los habitantes de ese abrigo, algo inusual en las excavaciones, que habitualmente se restringen a sondeos de reducidas dimensiones. De este modo, consiguieron recuperar materiales arqueológicos del Paleolítico Medio, atribuidos a Homo neanderthalensis, y del Paleolítico Superior, correspondientes a Homo sapiens. Ambos tipos de restos se encontraban separados por un estrato estéril intermedio de sedimentos.

En los yacimientos arqueológicos lo habitual es encontrar los restos removidos, algo que no se ha producido en el caso de Cova Gran, que muestra un excepcional grado de preservación debido a que no ha sido afectado por alteraciones provocadas por procesos geológicos o biológicos. Un análisis detallado de las herramientas permitió reconocer diferencias importantes en su elaboración: esto indicaría que fueron realizadas por especies distintas. Este hecho, reconocido en otros yacimientos de Europa occidental, refuerza la hipótesis de que ambas especies no se mezclaron ni interaccionaron, "aunque no se puede descartar que habitaran en una misma zona geográfica durante la transición entre el Paleolítico Medio y el Superior".

Cova Gran fue ocupada sucesivamente por neandertales y humanos modernos, en grupos reducidos de entre 15 y 20 personas que vivían de forma similar: cazaban, recolectaban, elaboraban instrumentos para la obtención y procesado de alimentos y otras actividades cotidianas en las que el fuego era un elemento fundamental. Sin embargo, las técnicas y materias primas empleadas por cada especie eran radicalmente distintas. Entre los restos atribuibles al Homo sapiens destacan tornillos marinos perforados, considerados habitualmente como un indicador de la dispersión de esta especie por África, Oriente Medio y Europa Occidental. De igual modo, estos materiales denotan la existencia de un lenguaje simbólico y unas capacidades cognitivas que no se constatan durante el Paleolítico Medio. Los científicos piensan que los Homo sapiens se movían por territorios distanciados más de 150 kilómetros, desde la costa del Mediterráneo hasta el Pre-Pirineo, pero no descartan que existieran grupos conectados entre sí y entre los cuales circularan estos objetos; en este caso, los ornamentos serían un elemento simbólico clave en la configuración social y en la definición de las identidades de esta población.

El trabajo discute la validez del carbono 14 como reloj temporal absoluto y concluye que entre los 40.000 y los 30.000 años la traducción automática a años históricos no es válida. Este isótopo radiactivo se desintegra de manera regular, pero a partir de 30.000 años su presencia en las muestras datadas es residual y, en muchas ocasiones, las muestras han sido sometidas a procesos de alteración difíciles de identificar. Muchas de las fechas habitualmente empleadas en el estudio de este tramo cronológico, argumentan estos científicos, pueden corresponder a muestras que han sufrido contaminaciones o que han sido tratadas en los laboratorios con métodos que no detectaron estos errores.

JOAN CARLES AMBROJO | ELPAIS.com

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