viernes, 28 de agosto de 2009

La leche se empezó a consumir hace 7.500 años en Europa Central

La leche se empezó a consumir hace 7.500 años en Europa CentralLa leche se empezó a consumir hace 7.500 años en Europa Central, según un estudio realizado por el University College London (UCL), publicado en la revista 'PLOS Computational Biology', que pone de manifiesto que estos antepasados fueron los primeros en poder digerir el producto, tras realizar un estudio simulado sobre la propagación de la persistencia de la lactasa, así como de la extensión de la agricultura en Europa.

En concreto, un cambio genético fue el que permitió beber leche a agricultores que vivían en la región situada entre los Balcanes centrales y Europa Central y no a grupos situados más al norte del continente, según se pensaba hasta ahora.

Con anterioridad a este informe, se creía que la selección natural favorecía el consumo de leche sólo en las regiones más al norte debido a la mayor necesidad de vitamina D en su dieta ya que, a diferencia de las personas que viven en la mayor parte del mundo, que producen vitamina D cuando la luz del sol les golpea en la piel, en las latitudes más septentrionales no hay suficiente luz solar para hacer esto durante la mayor parte del año.

En el estudio, el equipo utilizó un modelo de simulación por ordenador para estudiar la propagación de la persistencia de la lactosa, la ganadería lechera, las prácticas de la recogida de los alimentos y los genes en Europa; lo que constituyó un "modelo integrado de datos genéticos y arqueológicos", que utilizó métodos estadísticos de nuevo desarrollo.

El investigador del estudio, Mark Thomas, explicó que "la mayoría de adultos en todo el mundo no producen la enzima lactasa, por lo que son incapaces de digerir la lactosa". Sin embargo, la mayoría de los europeos siguen produciendo lactasa durante toda su vida, una característica conocida como persistencia de lactasa.

En Europa, un solo cambio genético está fuertemente asociado con la persistencia de lactasa y parece haber dado a la gente una "ventaja grande para la supervivencia". Dado que el consumo de leche fresca de adultos sólo fue posible después de la domesticación de los animales, es probable que la persistencia de lactasa se co-desarrollara con la práctica cultural de la producción lechera, aunque no se sabe cuando surgió por primera vez en Europa o en los factores que impulsó su rápida propagación.

La distribución actual de la persistencia de lactasa parece indicar un origen en el Noroeste de Europa --sobre todo en Irlanda y Escandinavia-- ya que se encuentra en su frecuencia más alta que en la actualidad. Sin embargo, el último estudio sugiere lo contrario, que la realización de esta variante del gen probablemente se originó en Europa central.

Pero, contrariamente a la creencia popular, también han descubierto en este informe que la necesidad de la dieta de vitamina D no es necesaria para explicar por qué la persistencia de la lactasa es común en el norte de Europa a día de hoy.

El estudio destaca las "ventajas" de la leche, que "puede compensar la falta de luz solar al favorecer la síntesis de vitamina D en la piel en las latitudes más al norte, que es necesaria para la absorción del calcio, también contenido en la leche". Este producto, según destacan, también proporciona "una dieta de calorías y proteínas rica en alimentos de origen" y además, cuenta con "una oferta relativamente constante en comparación con el auge y caída de los cultivos de temporada". Por último estaría menos contaminada que los suministros de agua.

Asimismo, el informe remarca que, según evidencian otros estudios, la producción lechera estaba presente en el sureste de Europa poco después de la llegada de la agricultura, mientras que las proteínas de la leche que se han hallado en vasijas de cerámica aportarían datos para la "industria lechera" de las actuales Rumanía y Hungría, algunas de entre 7.900 y 7.450 años.

También indican que "lo más probable" es que la leche fuera fermentada para hacer yogur, mantequilla y queso. "Los romanos usaban leche de cabra y oveja para la fabricación de queso", recuerdan en este sentido. Sin embargo, los pueblos celtas y germanos practicaban la ganadería lechera y consumían leche fresca "en cantidades significativas".

EUROPA PRESS

martes, 18 de agosto de 2009

El inicio de la agricultura pudo contribuir al calentamiento global

El inicio de la agricultura pudo contribuir al calentamiento globalLos métodos agrícolas empleados por las primeras poblaciones humanas pudieron contribuir al calentamiento global, según un estudio de la Universidad de Virginia y la Universidad del Condado de Maryland-Baltimore en Estados Unidos que se publica en la edición digital de revista 'Quaternary Science Reviews'.

Según los autores, la quema masiva de los bosques para usos agrícolas hace miles de años podría haber aumentado el dióxido de carbono atmosférico lo suficiente para alterar el clima global y conducirlo a una tendencia de calentamiento que continúa hasta la actualidad.

Los investigadores señalan que los 6.000 millones de personas de la actualidad utilizan alrededor del 90 por ciento menos de tierra por persona para cultivar alimentos que lo que se usaba por las poblaciones más pequeñas en los inicios de la civilización. Las primeras sociedades probablemente se basaban en técnicas de talado y quema para limpiar grandes áreas de tierra para conseguir una producción de alimentos relativamente pequeña.

Según explica William Ruddiman, responsable del estudio, "utilizaban más tierra para la agricultura porque tenían pocos incentivos para maximizar la producción a partir de menos tierra y porque sobraban los bosques para quemar. Pudieron haber alterado el clima sin saberlo".

Según afirma el investigador, las primeras poblaciones probablemente utilizaban un método de limpieza de la tierra que implicaba quemar los bosques y plantar las semillas entre los restos vegetales en el suelo enriquecido. Utilizarían una gran cantidad de terreno hasta que la producción comenzara a declinar y entonces quemarían otra área de bosque para plantar en ella.

Estos primeros agricultores continuarían con esta forma de producción rotatoria expandiendo las áreas desforestadas a medida que la población crecía y posiblemente utilizarían cinco o seis veces más tierra de lo que se ha empleado en cualquier otro momento de la historia.

Probablemente fue únicamente cuando las poblaciones crecieron mucho más y existía menos tierra para la agricultura o para estar en barbecho cuando las sociedades adoptaron técnicas de agricultura más intensivas y consiguieron producir más a partir de menos tierra.

El investigador señala que con los métodos agrícolas altamente eficaces e intensivos actuales, las poblaciones están utilizando menos tierra por cabeza para la agricultura. Los bosques están regresando en muchas partes del mundo, incluyendo Estados Unidos, Europa, Canadá, Rusia e incluso áreas de China.

Sin embargo, Ruddiman concluye que el efecto ambiental positivo de esta reforestación está siendo cancelado por la quema a gran escala de combustibles fósiles desde la revolución industrial, que comenzó hace 150 años. Los humanos continúan así añadiendo niveles excesivos de dióxido de carbono a la atmósfera, contribuyendo a la tendencia de calentamiento global.

EUROPA PRESS

viernes, 14 de agosto de 2009

Los humanos utilizaban el fuego para trabajar la piedra hace 72.000 años

Cueva en la que está el yacimiento de Pinnacle Point, en Sudáfrica. SCIENCELos primeros seres humanos modernos ya empleaban la tecnología del fuego para fabricar herramientas de piedra hace 72.000 años en el sur de África, según un estudio internacional publicado en la revista Science.

"Hemos descubierto que los primeros hombres modernos, hace 72.000 años, o incluso 164.000 años, en la costa de la actual Sudáfrica, utilizaban un fuego minuciosamente controlado para, tras un procedimiento complejo, calentar la piedra y alterar sus propiedades", afirmó Kyle Brown, de la Universidad del Cabo en Sudáfrica, uno de los principales autores de este estudio.

Hasta ahora los rastros más antiguos conocidos de utilización del calor para fabricar herramientas se remontaban a hace 25.000 años en Europa.

"Nuestro hallazgo de este uso del fuego muestra que estos primeros hombres modernos controlaban el fuego de una manera moderada y sofisticada", añadió Brown.

Restos de silcreta, una amalgama de sílice capaz de ser trabajada al contacto con el calor, fueron encontrados enterrados en un hogar en el sitio arqueológico de Pinnacle Point, en Sudáfrica.

Los arqueólogos repitieron la técnica empleada por los humanos prehistóricos. "Los resultados fueron sorprendentes", dijo Curtis Marean, paleoantropólogo y profesor de la Universidad de Arizona.

"Después de calentada, la silcreta tomó un color rojo profundo y era fácilmente desmenuzable. Además, era muy parecida a la encontrada en el hogar del sitio arqueológico. Al utilizar esta silcreta calentada, éramos capaces de producir copias muy realistas de las herramientas originales", explicó Marean.

Las herramientas fabricadas hace 72.000 años eran "excelentes cuchillos y armas de caza".

"Nuestro descubrimiento demuestra que estos primeros hombres modernos tenían un conocimiento elaborado" del uso del fuego, agregó.

"La expresión de este conocimiento tecnológico por estos primeros hombres modernos en la costa meridional de Sudáfrica nos aporta pruebas suplementarias de que este lugar puede ser origen de los antepasados de todos los hombres modernos, que aparecieron en África hace entre 100.000 y 200.000 años", continuó Marean.

Hace unos 50.000 o 60.000 años, "estos hombres modernos dejaron el clima cálido de África y fueron hacia el ambiente helado de Europa y Asia, donde se encontraron con los hombres de Neandertal", explicó el profesor.

Las poblaciones de Neandertal se extinguieron hace alrededor de 35.000 años, y los hombres modernos dominaron de España a China pasando por Australia.

El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad del Cabo; de Liverpool, en Inglaterra, de Wollongong, en Australia, y de Burdeos, en Francia.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Algunos neanderthales no podían percibir el gusto amargo de los alimentos

Mandíbula de neandertal de El Sidrón. EFEInvestigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han hallado que, al igual que los humanos modernos, algunos individuos neandertales eran incapaces de percibir el gusto amargo de los alimentos, lo que constituye un misterio evolutivo, ya que en muchos casos este sabor es indicativo de toxicidad. Según informa el CSIC, los investigadores han llegado a esta conclusión tras analizar un fragmento del gen TAS2R38 -que codifica la percepción de la amargura en los humanos modernos- en un individuo neandertal del yacimiento de El Sidrón, en el Principado de Asturias.

El investigador del CSIC Carles Lalueza Fox (en la imagen) explica el hallazgo: "Hemos visto que este individuo tenía la variante causante de la no percepción del sabor amargo en una copia del gen, pero no en la otra. A efectos prácticos, esto significa que era capaz de notar el gusto amargo, pero menos". Es decir, necesitaría más cantidad de sustancia para percibir su amargura. "Esto implica, además, que la variante no gustadora del gen TAS2R38 ya estaba presente en los Neandertales y que por tanto habría algunos que, tal como ocurre con los humanos modernos, no notarían el gusto amargo ni siquiera en grandes cantidades".

Los compuestos que causan el sabor amargo están presentes en muchos vegetales, como el brócoli, la col, las coles de Bruselas, las endivias o algunas frutas. Estos compuestos pueden ser tóxicos si se ingieren en grandes cantidades y, por ello, es difícil entender la existencia evolutiva de individuos que no pueden notarlos. "La existencia de individuos que no perciben el sabor amargo es un misterio desde el punto de vista evolutivo. Quizás podría explicarse por algún efecto selectivo que confiriera a los no gustadores alguna ventaja, como poder detectar algún otro compuesto todavía no identificado, pero aún no lo sabemos", explica Lalueza, que trabaja en el Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra).

La variación en la percepción del gusto amargo se descubrió en 1931, cuando Arthur L. Fox, un trabajador químico de la multinacional Pont de Neumours and Company (Estados Unidos), sintetizaba un compuesto llamado feniltiocarbamida (PTC) y éste se volatilizó accidentalmente en el laboratorio. Uno de sus colegas manifestó lo amargo que era, para asombro de Fox, que no notaba nada. Una rápida encuesta entre los empleados mostró que se dividían entre gustadores y no gustadores. Estudios posteriores demostraron que un 30% de los humanos no percibe el sabor amargo.

En 2003 se descubrió que el responsable de la variación es el gen TAS2R38, que codifica una proteína que se encuentra en la membrana de las células gustativas (en las papilas gustativas). Es la interacción de la proteína con la célula amarga la que envía señales al cerebro sobre el gusto de lo que se está comiendo. En el gen hay tres variantes que explican el genotipo gustador-no gustador, pero una de ellas, en el aminoácido 49, es la que tiene mayor influencia en este rasgo. Los individuos que presentan una alanina (una clase de aminoácido) en las dos copias del gen en la posición 49 siempre son no gustadores. Aquellos que presentan la alanina en una de las dos copias del gen, como el hallado en El Sidrón, pueden percibir el sabor, pero menos.

El yacimiento de El Sidrón, en Asturias, en el que se realizan excavaciones desde 2000, ha permitido recuperar hasta la fecha cerca de 1.600 restos óseos de, al menos, diez individuos neandertales. Hace poco, el genoma mitocondrial de un individuo hallado en esa cueva permitió conocer que el antepasado común materno de todos los genomas mitocondriales neandertales, la llamada 'Eva mitocondrial' neandertal, vivió hace sólo 110.000 años, por lo que sería más reciente que la de los humanos modernos, que los investigadores sitúan en África hace 150.000. Además, otra muestra de El Sidrón se utilizó para recuperar un gen de la pigmentación que permitió determinar que algunos neandertales eran pelirrojos.

El yacimiento de El Sidrón (Borines, Asturias) se excava bajo la dirección del profesor Javier Fortea y la codirección de campo de Marco de la Rasilla, ambos de la Universidad de Oviedo. El estudio paleontológico del yacimiento está a cargo de Antonio Rosas, investigador del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. El proyecto de excavación y estudio de los neandertales de El Sidrón está subvencionado por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias.

EUROPA PRESS

viernes, 7 de agosto de 2009

Una cueva navarra esconde un mapa de hace 13.000 años

Una cueva navarra esconde un mapa de hace 13.000 años. Foto: Journal of Human EvolutionUnas rocas con grabados paleolíticos datados hace 13.660 años, ubicada en el cueva de Abauntz (Navarra), ha sido identificada por investigadores de la Universidad de Zaragoza como un mapa que describe el paisaje de la zona, incluidas montañas, ríos y lagunas.

La investigación, publicada 'online' en la revista Journal of Human Evolution, ha sido dirigida por Pilar Utrilla, catedrática de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza, y destaca por describir el mapa más antiguo hallado hasta la fecha en Europa Occidenal.

Algunas posibles rutas y senderos de acceso a diferentes partes de esta geografía también han quedado grabadas dentro de este 'croquis'. Estas grabaciones parecen reproducir el sinuoso cauce de un río que atraviesa la parte superior de la roca, al que se suman dos afluentes en las proximidades de dos montañas.

Una de ellas es idéntica a la montaña que puede verse hoy en día desde la cueva, con rebaños de cabras montesas pintadas en sus laderas, a ambos lados del cañón en frente del cual se sitúa estratégicamente la cueva de Abauntz.

En la parte sur del desfiladero hay una zona completamente llana donde el cauce de agua se remansa, formando meandros e inundaciones en primavera.

Otros elementos también figuran igualmente representados en la roca: trazos concéntricos y haces de líneas que serpentean de forma muy marcada. En resumen, todos esos grabados podrían corresponder a un sencillo mapa de la zona que rodea a la cueva. Podrían representar el planeamiento de una próxima cacería o quizás una historia narrativa de algún acontecimiento previo.

EUROPA PRESS

miércoles, 5 de agosto de 2009

El ancestro común de humanos y simios pudo surgir en Asia

Ganlea megacaninaSegún una investigación, un nuevo primate fósil encontrado en Myanmar (Birmania) sugiere que los ancestros comunes de humanos y monos evolucionaron a partir de primates de Asia, y no de África.

Determinar el origen de los primates antropoides (humanos y simios) a partir de primates más primitivos conocidos como prosimios (lémures, tarseros o tarsios, y sus parientes extintos) ha sido uno de los objetivos principales de la investigación paleoantropológica de los últimos años.

Antes de los recientes descubrimientos en China, Tailandia y Myanmar, la mayoría de los científicos consideraba que los antropoides se originaron en África. El descubrimiento del esqueleto del primate fósil conocido como "Ida" a comienzos de este año en Alemania ha llevado a algunos científicos a sugerir que los primates antropoides evolucionaron a partir de ancestros similares a los lémures conocidos como adapiformes.

Según Chris Beard, paleontólogo del Museo Carnegie de Historia Natural en Pittsburg, Pensilvania, y miembro del equipo internacional de investigadores que ha realizado la investigación, el nuevo primate, denominado Ganlea megacanina, denota que los primeros primates se originaron en Asia y no en África. Estos primeros antropoides asiáticos diferían radicalmente de los adapiformes como Ida, lo cual indica que Ida tiene un parentesco más cercano con los lémures modernos que con los monos y los humanos.

Los fósiles de Ganlea megacanina de 38 millones de años, desenterrados en varios puntos de Myanmar central, pertenecen a un nuevo género y especie. El animal tenía dientes caninos muy grandes que lo distinguen de sus parientes primates más cercanos. El intenso desgaste dental indica que el Ganlea megacanina utilizaba sus grandes dientes caninos para abrir frutas tropicales con cáscaras duras y acceder a las nutritivas semillas de su interior.

Esta inusual adaptación para la alimentación es de una clase nunca antes documentada en los primates prosimios, pero es característica de los monos sakí modernos de América del Sur que habitan en la Cuenca del Amazonas. El Ganlea muestra que los primeros antropoides asiáticos ya habían asumido hace 38 millones de años el papel ecológico de los monos modernos.

domingo, 2 de agosto de 2009

La sexta extinción en masa se ceba sobre Oceanía

Vista de una playa en las Islas de la Sociedad, Polinesia francesa. RvLos archipiélagos y las islas del Pacífico han perdido ya 1.200 de sus aves. La agricultura en Australia ha destruido la mitad de los bosques, y buena parte de los que quedan están siendo talados. Las especies invasoras han causado la extinción del 75% de todos los vertebrados terrestres en las islas, y más de 2.500 plantas intrusas han colonizado ya Nueva Zelanda y Australia.

Éste es el panorama que refleja uno de los estudios más completos realizados hasta la fecha en materia de biodiversidad en la región de Oceanía. Un total de 14 científicos han revisado 24.000 artículos especializados para cifrar sus conclusiones, que aparecen publicadas en 'Conservation Biology'.

Como es el caso de los autores del estudio, buena parte de la comunidad científica considera que estamos viviendo el sexto episodio de extinción en masa de la historia de la vida. El desarrollo de la actividad humana ha ido ocupando espacios naturales y desplazando, en este proceso, a otros seres vivos. Como dice Miguel Delibes de Castro, profesor de Investigación de la Estación Biológica de Doñana del CSIC, una única especie, el 'Homo sapiens', está compitiendo con todas las demás. Para el resto del mundo vivo, la batalla está casi siempre perdida de antemano.

Sexta extinción en masa

"La Tierra está experimentando la sexta extinción en masa", opina Richard Kingsford, catedrático de la Universidad de New South Wales (Australia) y principal autor del informe. "Nuestra región tiene posiblemente el peor registro de extinciones del mundo. Y esto continuará siendo así a juzgar por la manera que tenemos de conservar nuestro entorno. Contamos con un medio natural fascinante en esta parte del mundo, pero gran parte está siendo destruido ante nuestros ojos".

Según el informe, la extinción masiva que amenaza a las especies autóctonas de Oceanía está atacando por seis frentes: la pérdida y la destrucción de hábitats, las especies invasoras, el cambio climático, la sobreexplotación de los recursos, la contaminación y las enfermedades.

Los investigadores instan a los correspondientes gobiernos de Australia, Nueva Zelanda y las islas del Pacífico a actuar de manera urgente para detener esta pérdida de especies. Las autoridades tienen la capacidad de tomar medidas contra la destrucción de hábitats, mediante una política ambiental adecuada, y contra las invasiones biológicas mediante regulaciones estrictas.

Las islas son especialmente vulnerables a la introducción de especies alóctonas ("extranjeras"), pues su aislamiento geográfico ha favorecido en el tiempo la evolución de especies únicas (véanse los koalas, canguros o galápagos, por mencionar los más notorios). Éstas dependen de unas condiciones específicas que no deben ser alteradas para mantener su supervivencia. En general, los animales y plantas únicos de un determinado hábitat ocupan un nicho ecológico concreto, y no están acostumbrados a competir con otras especies.

Sin embargo, la introducción de especies exóticas por intereses comerciales o la llegada accidental de animales a bordo de los barcos -como ha ocurrido recientemente en España con el mejillón cebra- desde que se inventó la navegación ha diezmado considerablemente la biodiversidad insular, y también continental, en todo el mundo.

Hoy en día, las invasiones biológicas se consideran una consecuencia más de la globalización. La intensificación de las relaciones comerciales internacionales y del tráfico marítimo ha multiplicado también el riesgo de extinción en las especies autóctonas.

Tana Oshima / elmundo.es

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