miércoles, 12 de agosto de 2009

Algunos neanderthales no podían percibir el gusto amargo de los alimentos

Mandíbula de neandertal de El Sidrón. EFEInvestigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han hallado que, al igual que los humanos modernos, algunos individuos neandertales eran incapaces de percibir el gusto amargo de los alimentos, lo que constituye un misterio evolutivo, ya que en muchos casos este sabor es indicativo de toxicidad. Según informa el CSIC, los investigadores han llegado a esta conclusión tras analizar un fragmento del gen TAS2R38 -que codifica la percepción de la amargura en los humanos modernos- en un individuo neandertal del yacimiento de El Sidrón, en el Principado de Asturias.

El investigador del CSIC Carles Lalueza Fox (en la imagen) explica el hallazgo: "Hemos visto que este individuo tenía la variante causante de la no percepción del sabor amargo en una copia del gen, pero no en la otra. A efectos prácticos, esto significa que era capaz de notar el gusto amargo, pero menos". Es decir, necesitaría más cantidad de sustancia para percibir su amargura. "Esto implica, además, que la variante no gustadora del gen TAS2R38 ya estaba presente en los Neandertales y que por tanto habría algunos que, tal como ocurre con los humanos modernos, no notarían el gusto amargo ni siquiera en grandes cantidades".

Los compuestos que causan el sabor amargo están presentes en muchos vegetales, como el brócoli, la col, las coles de Bruselas, las endivias o algunas frutas. Estos compuestos pueden ser tóxicos si se ingieren en grandes cantidades y, por ello, es difícil entender la existencia evolutiva de individuos que no pueden notarlos. "La existencia de individuos que no perciben el sabor amargo es un misterio desde el punto de vista evolutivo. Quizás podría explicarse por algún efecto selectivo que confiriera a los no gustadores alguna ventaja, como poder detectar algún otro compuesto todavía no identificado, pero aún no lo sabemos", explica Lalueza, que trabaja en el Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra).

La variación en la percepción del gusto amargo se descubrió en 1931, cuando Arthur L. Fox, un trabajador químico de la multinacional Pont de Neumours and Company (Estados Unidos), sintetizaba un compuesto llamado feniltiocarbamida (PTC) y éste se volatilizó accidentalmente en el laboratorio. Uno de sus colegas manifestó lo amargo que era, para asombro de Fox, que no notaba nada. Una rápida encuesta entre los empleados mostró que se dividían entre gustadores y no gustadores. Estudios posteriores demostraron que un 30% de los humanos no percibe el sabor amargo.

En 2003 se descubrió que el responsable de la variación es el gen TAS2R38, que codifica una proteína que se encuentra en la membrana de las células gustativas (en las papilas gustativas). Es la interacción de la proteína con la célula amarga la que envía señales al cerebro sobre el gusto de lo que se está comiendo. En el gen hay tres variantes que explican el genotipo gustador-no gustador, pero una de ellas, en el aminoácido 49, es la que tiene mayor influencia en este rasgo. Los individuos que presentan una alanina (una clase de aminoácido) en las dos copias del gen en la posición 49 siempre son no gustadores. Aquellos que presentan la alanina en una de las dos copias del gen, como el hallado en El Sidrón, pueden percibir el sabor, pero menos.

El yacimiento de El Sidrón, en Asturias, en el que se realizan excavaciones desde 2000, ha permitido recuperar hasta la fecha cerca de 1.600 restos óseos de, al menos, diez individuos neandertales. Hace poco, el genoma mitocondrial de un individuo hallado en esa cueva permitió conocer que el antepasado común materno de todos los genomas mitocondriales neandertales, la llamada 'Eva mitocondrial' neandertal, vivió hace sólo 110.000 años, por lo que sería más reciente que la de los humanos modernos, que los investigadores sitúan en África hace 150.000. Además, otra muestra de El Sidrón se utilizó para recuperar un gen de la pigmentación que permitió determinar que algunos neandertales eran pelirrojos.

El yacimiento de El Sidrón (Borines, Asturias) se excava bajo la dirección del profesor Javier Fortea y la codirección de campo de Marco de la Rasilla, ambos de la Universidad de Oviedo. El estudio paleontológico del yacimiento está a cargo de Antonio Rosas, investigador del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. El proyecto de excavación y estudio de los neandertales de El Sidrón está subvencionado por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias.

EUROPA PRESS

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