Nuevas especies en la Caldera de Luba

El tesoro biológico que esconde la caldera de Luba, en la isla guineana de Bioko, poco a poco deja de ser un misterio. Más de 2.000 especies de flora y fauna, de las que muchas, previsiblemente, serán endémicas de este lugar y desconocidas para la comunidad científica, llenaban en el viaje de retorno el equipaje y las expectativas de los seis exploradores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) que han participado en la aventura.
A falta del análisis botánico y faunístico de todo lo hallado en el interior de este cráter africano (sólo de mariposas han encontrado casi 500 diferentes), los expedicionarios se sienten plenamente satisfechos con el resultado. "Hemos explorado cerca del 15% de la caldera y seguro que hemos traído especies nuevas porque es uno de los lugares más lluviosos de la Tierra, con 14.000 metros cúbicos de lluvia al año, y un ecosistema muy cerrado", asegura Ignacio Martín, profesor de Zoología Forestal de la UPM y promotor de este proyecto.
Una vez en la playa de Moraca, en la isla de Bioko, subieron por el cauce de un río hasta los campamentos utilizados el año anterior pertrechados con cientos de kilos de material. "Yo tenía que herborizar la caldera. Coger muestras de plantas con flor y fruto. Lo primero que pensé cuando ví aquella densa masa verde es si podríamos entrar. Me sentía muy pequeña en aquel lugar. Lo que peor llevaba eran las hormigas que estaban bajo las hojas y mordían, y las arañas. Tremendas. Siempre evitaba ir la primera", reconoce Patricia Barberá, una de las estudiantes que participaron en la aventura africana.
Cada día, por delante de los exploradores, un grupo de guineanos se ocupaba, machete en mano, de ir abriéndoles el camino. Aún así, era imposible recorrer más de 600 metros al día, por lo que se quedaron a unos tres kilómetros del fondo del antiguo cráter.
Pero el objetivo era traer la mayor cantidad posible de material biológico y para ello recurrían a todos los métodos que el entorno permitía. "Para recoger las muestras más altas utilizamos pértigas o, con cuerdas y arneses, colocábamos una sábana en los árboles y recogíamos lo que caía encima. La flora, una vez en el campamento, se prensaba y se metía en alcohol para conservarla".
Pedro Paniagua, con el cazamariposas en ristre, se dedicaba a insectos y coleópteros. Por las noches, uno de los espectáculos más asombrosos era la trampa de luz: una sábana colgada en el interior de la selva que iluminaban con grandes focos. En unos segundos, un sinfín de insectos acudían a la llamada luminosa y quedaban pegados a la tela, momento que aprovechaban para cazarlos sin grandes dificultades.
No menos importante ha sido la tarea de Judith Muñoz, la joven responsable de ir mapeando el terreno con un GPS, una tarea que la densa vegetación de la caldera no le facilitaba. En total recogía unos 300 puntos geográficos diarios, que luego contrastaba con los mapas existentes en su ordenador. "Pensamos que la cartografía actual, que es de los años 50, no es correcta y se trata de que sea lo más precisa posible".
Desde el regreso, todo el equipo se ha puesto manos a la obra para clasificar los dos millares de especies que han traído. Se trata de averiguar si alguna de ellas es nueva para la ciencia, una posibilidad que Ignacio Martín Sanz cree "muy posible". "Queremos que de esta expedición salgan algunas tesis y publicaciones científicas", con la mente ya puesta en el viaje del próximo año. Para esa ocasión, espera poder aumentar el presupuesto, que es aportado por el Ministerio de Educación y Ciencia a través del rectorado de la UPM. "Este año, por falta de fondos, sólo pudimos ir seis investigadores, por lo que no hemos podido hacer un muestreo de mamíferos, ni de reptiles o pájaros. Hubiera supuesto un trabajo que, con los que estábamos allí, no era posible asumir".
Luba es un volcán que se hundió hace millones de años y que funciona como un embudo para el agua que cae en la zona. Su desagüe natural es el río Tudela, que había sido la entrada de las anteriores expediciones. Sin embargo, en la primera organizada por la UPM, Ignacio Martín Sanz y su compañero Daniel Salas optaron por penetrar por la pared del lado contrario, de 1.400 metros de altura. Tardaron una semana en llegar al fondo y cruzar al otro lado. Este año, los expedicionarios madrileños han vuelto a la entrada más fácil, por el cauce del río.
Un grupo de científicos ha clonado unos anticuerpos encontrados en la sangre de las víctimas supervivientes de la gripe aviar y que son capaces de neutralizar el virus H5N1, causante de esa enfermedad, letal para el 60 por ciento de los infectados.
"Una gran ventaja que supondría esta solución es que no nos limita a las muestras que tengamos o a la calidad de las mismas, sino que nos permite tomar como muestra los anticuerpos más eficaces y copiarlos para que sean idénticos genéticamente".
Los científicos estudian el significado exacto de los 3.000 millones de letras de ADN identificadas y su papel en la aparición de enfermedades. Francis Collins fija un plazo de «15 ó 20 años» para la revolución de las terapias.


El robot es la creación del Dr. Garnette Sutherland (profesor de neurocirugía en la Universidad de Calgary) y de su equipo. El Dr. Sutherland ha invertido los últimos seis años en dirigir un equipo de científicos canadienses, en cooperación con MDA Ltd. (una compañía conocida por la creación de robots espaciales empleados a bordo de los transbordadores espaciales de la NASA, y en la Estación Espacial Internacional), para diseñar una máquina que represente una piedra angular en la tecnología médica.

"Esto es grave. Todos los modelos climáticos pronostican que esto continuará y se intensificará durante este siglo", señaló Quéré, quien participó en el estudio junto a científicos del Instituto de de Biogeoquímica Max-Planck, de Alemania.
Un estudio reciente indica que la combustión del etanol en vehículos entraña peligros que ponen en entredicho la conveniencia de sustituir gasolina por este producto.
Siempre se ha dado por sentado que los hombres carecen de reloj biológico por lo que respecta a la fertilidad y la posibilidad de tener hijos normales. A diferencia de las mujeres, pueden tener hijos a cualquier edad. Pero cada vez hay más pruebas que cuestionan esta suposición, e indican que a medida que los hombres envejecen, afrontan un riesgo cada vez mayor de engendrar hijos con anormalidades.
"Lógicamente, existe una diferencia entre hombres y mujeres; las mujeres sencillamente no pueden tener hijos a partir de cierta edad", afirma Harry Fisch, director del Male Reproductive Center del New York-Presbyterian Hospital y autor de The Male Biological Clock. "Pero no se puede garantizar a todos los hombres que todo va a ir bien", añade Fisch. "La fertilidad disminuirá en el caso de algunos, otros mantendrán su fertilidad pero no en la misma medida, y existe un mayor riesgo de anormalidades genéticas".
Teoría del campo de la evolución biológica propuesta por Niles Eldredge y Stephen Jay Gould en 1972. Lo específico de la teoría del equilibrio puntuado tiene que ver con el tempo con el que las especies evolucionan. Según Eldredge y Gould, durante la mayor parte del tiempo de existencia de una especie ésta permanecería estable o con cambios menores (periodos de estasis), acumulándose cambio evolutivo durante el proceso de especiación (formación de una especie nueva), que sería una especie de revolución genética breve en términos geológicos. No se discute el carácter gradual del cambio evolutivo, sino que se niega la uniformidad de su ritmo.
En su caso, la argumentación se refiere a la variación morfológica, y no a la molecular. Mientras que los neutralistas mantienen que el ritmo de evolución es más regular de lo que admite la teoría sintética, los puntualistas sostienen que el ritmo de evolución morfológica es menos regular de lo que esa hipótesis requiere. Los puntualistas niegan que el registro fósil sea incompleto. Sostienen que la aparición súbita de nuevas especies fósiles refleja que su formación se sigue a través de explosiones evolutivas, después de los cuales la especie sufrirá pocos cambios durante millones de años.
Los europeos modernos descienden de cazadores y recolectores que llegaron al centro del continente hace unos 40.500 años, según un estudio publicado en la revista Science. Los colonizadores que llevaron la agricultura a la región hace unos 7.500 años no contribuyeron de manera importante en la estructura genética de los europeos actuales, indicaron antropólogos de Alemania, el Reino Unido y Estonia que participaron en el estudio.
El proyecto incluirá descripciones, imágenes, mapas, vídeos... de los casi dos millones de especies vivas del Planeta; así como avistamientos de aficionados, enlaces y publicaciones del ramo. Uno de los grupos que más se beneficiará será la comunidad científica de los países en desarrollo.

Aún no han explicado de dónde procede el ciclo de 62 millones de años. Se han mencionado hasta 14 posibles causas geofísicas y astronómicas, pero no se ha probado nada. Muller sospecha que hay algún mecanismo astrofísico responsable de la citada periodicidad. Por ejemplo, la perturbación de la nube de cometas de Oort, por el paso periódico del sistema solar a través de determinadas nubes moleculares, u otra estructura de fuerte influencia gravitatoria.

En el sector del transporte, que es la fuente de emisiones de gas que más rápidamente aumenta, destaca como opción la fabricación de los vehículos híbridos, que ya están en el mercado, mayores impuestos para los aceites derivados de fósiles, incentivos para la mejora de los sistemas de transporte público y empleo de medios de transporte no motorizados, como la bicicleta.
Pruetz ha llegado a la conclusión de que el empleo de la cueva por parte de los chimpancés es una respuesta al calor imperante en el área de investigación. Ella recogió datos de temperatura en la cueva Sakoto (la cueva más grande del lugar), así como de diferentes hábitats usados por los chimpancés.
En total, los investigadores grabaron 375 señales comunicativas entre los bonobos y 383 entre los chimpancés. Algunas eran más habituales en una especie que en otra, pero todas se correpondían a siete contextos concretos: amistad, conflicto, alimentación, aseo, juegos, sexo y locomoción. Para diferenciarlas de otras señales sin significado, seleccionaron sólo aquellas que se repetían al menos cinco veces.
