viernes, 7 de septiembre de 2007

La inteligencia humana no esta relacionada con el tamaño del cerebro

Chimpancés

Un hombre saca un trozo de comida de un tubo ante los ojos de un orangután. Después, vuelve a colocar el alimento dentro del recipiente y se lo entrega al animal. El orangután no puede abrirlo. El hombre repite la operación -abrir el tubo, sacar la comida- pero esta vez frente a un niño de dos años y medio. El niño lo observa. Enfrentado a la misma prueba que el mono, el crío consigue hacerse con los víveres. ¿Por qué él puede y el simio no? Un estudio que publica Science, en el que han participado dos científicos españoles, aporta claves sobre las distintas formas de pensar de humanos y monos.

Los científicos, hasta ahora, se han debatido entre dos teorías para explicar la mayor inteligencia del hombre respecto al simio. La primera, llamada hipótesis de la inteligencia general, viene a decir que esta diferencia se debe únicamente a que el cerebro de los humanos es más grande. La segunda, la hipótesis de la inteligencia cultural, sostiene que obedece a que los hombres tienen la capacidad de interpretar intenciones e imitar a otros para resolver problemas. El trabajo publicado en Science, realizado con 106 chimpancés, 32 orangutanes y 105 niños de dos años y medio de edad, se entronca en esta teoría.

"Nunca se había hecho un trabajo tan completo sobre esta cuestión, pero tampoco es habitual que una publicación como Science publique tu investigación", dice María Victoria Hernández Lloreda, de la Universidad Complutense. El equipo en el que, además de otros científicos, participaban Hernández Lloreda y el catalán Josep Call, ha llevado a cabo una investigación durante cuatro años en la que las pruebas se dividieron entre tests relativos al mundo físico -utilización de herramientas o sumas y restas- y tests acerca de la comprensión del mundo social. Esta categoría engloba tareas en las que interviene la imitación de ejemplos anteriores, la comunicación no verbal o la interpretación de las intenciones de otros.

A pesar de que en el primer apartado los resultados de los humanos y de los monos estudiados fueron parejos -e incluso en algunos tests los simios lo hicieron mejor-, en el segundo no hubo color: los niños respondieron correctamente el 74% de las pruebas, mientras que los monos, apenas acertaron el 33%. "Si los niños simplemente tuvieran más inteligencia general que los simios -concluye Hernández Lloreda- se habrían encontrado diferencias en todas las tareas". Pero no fue así.

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