domingo, 1 de julio de 2007

El primer europeo en Atapuerca tiene 1,2 millones de años

El diente del primer europeo, encontrado en Atapuerca. (Foto: Jordi Mestre/IPHES)

El europeo más viejo de la Historia nació en Burgos hace la friolera de 1,2 millones de años. Este es el último y extraordinario hallazgo que escondían los yacimientos de Atapuerca y ha salido a la luz durante la campaña de este año: restos de un individuo del linaje humano que habitó en esta sierra castellana y que hacen retroceder casi medio millón de años la llegada de los primeros homínidos a este continente.

Un nuevo hallazgo en los prolíficos yacimientos de Atapuerca ha vuelto a sorprender al mundo de la Paleontología. Se trata en esta ocasión del diente de un homínido que pasó por estos parajes de la sierra burgalesa, o vivió en ellos, hace nada menos que 1.200.000 años. El resto humano más antiguo de Europa, sin duda y con gran diferencia.

Esta pieza dental, «el segundo premolar inferior, un tanto gastado por el uso, de un homínido adulto de entre 20 y 25 años de edad —según José María Bermúdez de Castro, codirector de las excavaciones—, precede al menos en 400.000 años a los restos humanos más antiguos hallados en Atapuerca, los de varios individuos de “Homo antecessor” datados en unos 800.000 años de antigüedad».

El hallazgo se produjo a primera hora del pasado miércoles en la Sima del Elefante, uno de los yacimientos más prometedores del conjunto conocido como la Trinchera del Ferrocarril, muy próxima a la Gran Dolina, donde fueron localizados en 1994 los numerosos y bien conservados restos de «Homo antecessor» que han dado renombre mundial a Atapuerca.

La Sima del Elefante es un gran cúmulo de sedimentos de unos 14 metros de espesor, pertenecientes al pleistoceno inferior. En este enclave tan prometedor, entre andamios, cubos, piquetas, espátulas, pequeñas palas y pinceles, Bermúdez de Castro espera hallar en esta misma campaña más restos de aquella época remota, toda vez que «los trabajos en el nivel TE-9, donde hemos encontrado el diente, apenas acaban de empezar, y ahora redoblaremos los esfuerzos».

El único resto hallado hasta la fecha de aquel hombre que convivió con tigres de dientes de sable, osos de envergadura colosal, leones, hienas, lobos, elefantes..., en el seno de una comunidad primitiva y practicante del canibalismo, fue presentado en sociedad en el propio yacimiento por los tres codirectores de las excavaciones —Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell—, junto con Rosa Huguet, la joven zooarqueóloga que dio el afortunado golpe de piqueta tras el que apareció el premolar.

Lo mostraron dentro de una cajita de plástico para evitar su contaminación. Bermúdez de Castro explicó que «ahora está limpio pero todavía sin consolidar, aunque ya se puede decir que supera todas las expectativas que nos habíamos planteado en Atapuerca al inicio de esta campaña de excavaciones».

En las próximas semanas se realizarán varias pruebas científicas «anatómicas, morfológicas y de morfometría geométrica para determinar con más precisión las características de la pieza; así como los análisis necesarios para datar el diente con mayor exactitud, aunque su antigüedad es sin duda superior a 1,2 millones de años porque la cronología del estrato en el que ha aparecido, el TE-9, está perfectamente determinada por pruebas anteriores».

El antropólogo manifestó que «con sólo un diente es imposible pronunciarse sobre si el individuo en cuestión pertenecía o no a la especie Homo antecessor... tal vez estamos ante un predecesor lejano, o ante una especie diferente a la que habrá que poner nombre». En cualquier caso, añadió Bermúdez de Castro, «confiamos en que la localización de nuevos restos permita identificar la especie a la que perteneció el diente».

La Sima del Elefante se halla muy próxima de la Gran Dolina, donde aparecieron en 1994 los restos de Homo antecessor, por lo que no sería descabellado pensar en la misma especie. Sin embargo, Bermúdez de Castro señaló que «a medida que nos remontamos en antigüedad se podría pensar en alguna relación con el Hombre de Georgia, hallado en el yacimiento de D'Manisi, en el Cáucaso, con una antigüedad de 1,8 millones de años».

«Ya expresamos hace dos años la posibilidad de que el Homo antecessor tuviera origen asiático —continúa el antropólogo— y es que este cruce de caminos entre Asia, África y Europa puede ser un buen centro de origen para la dispersión de muchas especies».

Bermúdez de Castro anticipó que el equipo científico de Atapuerca intensificará sus estudios «en las próximas semanas para sacar a la luz cuanto antes una publicación en una revista de prestigio, ojalá sea en “Science” o en “Nature”, en la que detallar el hallazgo en relación con las herramientas de sílex encontradas en ese nivel del yacimiento en campañas anteriores». En cualquier caso, admite el antropólogo, «nos queda mucho camino por delante porque Atapuerca es un pozo sin fondo... Nos jubilaremos aquí y otros continuarán nuestra tarea. A estos yacimientos les quedan muchos años de producción de primera línea mundial».

Eudald Carbonell, por su parte, decía que el diente es «la confirmación de un hallazgo que ya preveíamos porque habían aparecido en anteriores campañas elementos arqueológicos, fundamentalmente herramientas de sílex, pero nos faltaba la confirmación anatómica que supone encontrar restos de quien pudo hacer o utilizar esas herramientas».

«Cuando supe que lo que había encontrado era un diente de un homínido de 1.200.000 años me eché a llorar». Así contaba Rosa Huguet el momento en que se confirmó el valor de su hallazgo. Eran las nueve de la mañana del pasado miércoles y el equipo comenzaba una jornada más de trabajo minucioso, desmenuzando el terreno fragmento a fragmento, en el mejor de los casos con el resultado de minúsculas esquirlas de huesos de animales.

Zooarqueóloga recién doctorada por la universidad tarraconense de Rovira y Virgili, Huguet dio el enésimo y cuidadoso golpe con su piqueta y levantó un pequeño pedazo de tierra arcillosa. Al desmenuzarla entre sus dedos apreció que había un fragmento. «En seguida empecé a descartar... y parecía que podía ser de un homínido, pero ni nos atrevimos a decirlo en voz alta por miedo a equivocarnos», explicaba la doctora.

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