martes, 26 de junio de 2007

El cerebro y las decisiones complejas

Cerebro humanoUn equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha participado en una investigación española que descifra las bases funcionales de la corteza prefrontal. Esta región cerebral está relacionada con los complejos mecanismos selectivos que debe realizar el cerebro cuando es preciso decidir entre varias opciones o discernir si es conveniente la realización de un determinado acto.

El trabajo, publicado en la revista "Proceedings" de la Academia Nacional de Ciencias estadounidense (PNAS), ha demostrado en un modelo animal que durante la activación de estos mecanismos de decisión el cerebro continúa aprendiendo. El estudio, dirigido por los investigadores de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla, Agnès Guart y José María Delgado, ha contado con la participación del equipo del investigador del CSIC Alfonso Fairén, que trabaja en el Instituto de Neurociencias de Alicante (centro mixto del CSIC y la Universidad Miguel Hernández de Elche).

Para los autores, el trabajo aporta nueva información sobre los mecanismos relacionados con el control de la actividad cerebral durante el aprendizaje. "La corteza prefrontal controla muchas actividades cerebrales que nos distinguen como humanos, no sólo en el aspecto cognitivo, sino también en la valoración subjetiva y afectiva del conocimiento", apuntó Fairén. "Conocer más sobre la corteza prefrontal nos ayudará a conocernos mejor".

Además del conocimiento funcional, según apuntan los investigadores, el estudio puede aportar nuevos datos en investigaciones sobre ciertas patologías psiquiátricas, como la esquizofrenia, que tienen como base una alteración de la corteza prefrontal.

Los científicos analizaron en el trabajo los estímulos cerebrales de varios conejos a través de su parpadeo. En un primer momento, desarrollaron experimentos en los que el animal realizaba simples parpadeos reflejos para, más adelante, estudiar un aprendizaje complejo en el que el animal debía aprender que un breve sonido le alertaba de la llegada de un soplo de aire en su córnea y, por tanto, le convenía cerrar los parpados para evitar molestias.

El tercer paso, aclara el investigador del CSIC, implicó la activación eléctrica de la corteza prefrontal, que indujo la inhibición del comportamiento motor de los conejos que formaban parte del estudio. "Esta paralización motora incluso llega a inhibir el parpadeo normal que sigue a un leve roce de las pestañas", señaló Fairén.

La situación de parálisis que induce la corteza prefrontal en animales como el conejo es una situación bastante habitual que se produce, por ejemplo, cuando aparece en las proximidades un posible depredador.

"La situación de congelamiento se asocia a la reacción instintiva del animal para no ser localizado por el potencial agresor. Sin embargo, el trabajo demuestra que, en ese estado, el conejo sigue aprendiendo. Sin mover ni una sola pestaña, el animal analiza las estrategias de su cazador. El aprendizaje sigue activo, aunque no se manifieste", apuntó el científico del CSIC.

Fairén explica las aportaciones del trabajo al conocimiento de los mecanismos del cerebro humano: "El proceso evolutivo ha ido transformando esa misma inhibición motora propia del conejo cuando se activa la corteza prefrontal en mecanismos más sofisticados". Así, en el ser humano, la activación de esta parte del cerebro permite tomar importantes decisiones sobre lo que debe o puede hacer en determinadas circunstancias, añadió Fairén.

"Esas decisiones se toman con pleno conocimiento de lo que decidimos y hacemos, al tiempo que el cerebro prosigue con su aprendizaje. Podemos, en definitiva, aprender, aunque los efectos externos del aprendizaje no se manifiesten".

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