viernes, 11 de mayo de 2007

Correr nos hizo Humanos

Credit: Laszlo Meszoly, Harvard University

Un estudio del biólogo Dennis Bramble, de la University of Utah, y del antropólogo Daniel Lieberman, de la Harvard University, sugiere que los humanos evolucionaron abandonando a sus ancestros simiescos porque necesitaban correr grandes distancias, quizá para cazar animales o buscar carroña en la vasta sabana africana.

Fue esta habilidad de correr la que dio forma a nuestra anatomía, haciéndonos tal y como somos ahora.

Según Bramble y Lieberman, nuestro grupo, Homo, evolucionó hace 2 millones de años a partir de los ancestros llamados Australopitecos, más parecidos a simios, porque la selección natural favorecía la supervivencia de aquellos que podían correr. Con el tiempo, favoreció también las características anatómicas humanas que hacían posibles los desplazamientos de largas distancias.

Poder correr disminuyó nuestra habilidad ancestral de vivir en los árboles, pero al mismo tiempo nos proporcionó la forma corporal humana moderna. Los dos científicos piensan que correr nos hizo humanos, al menos en el sentido anatómico. Correr, en esencia, fue uno de los eventos más transformadores de nuestra historia, estando nuestra aparición unida a la evolución de esta habilidad.

Esta conclusión contradice la teoría convencional de que correr fue simplemente un subproducto de la habilidad humana de caminar. El bipedismo (poder andar sobre las dos piernas), ya había aparecido en los Australopitecos hace al menos 4,5 millones de años, cuando aún mantenían su capacidad de viajar a través de los árboles. El cuerpo del Homo, en cambio, no evolucionó hasta que pasaron otros 3 millones de años (Homo habilis, Homo erectus, Homo sapiens), de modo que la habilidad de andar no puede explicar por sí sola la anatomía del cuerpo humano moderno.

Los Australopitecos caminaron durante 2,5 a 3 millones de años sin acabar pareciéndose a los humanos. Andar no lo consiguió, pero correr, según Bramble y Lieberman, sí.

Los Australopitecos, comparados con los Homo, tenían piernas cortas, brazos largos, hombros permanentemente “encogidos”, tobillos no visibles en apariencia y más músculos conectando los hombros con la cabeza y el cuello. Si la selección natural no hubiera favorecido el correr, aún tendríamos el aspecto de los simios.

Bramble y Lieberman examinaron 26 rasgos del cuerpo humano, muchos visibles también en fósiles de Homo erectus y algunos en Homo habilis, que mejoraron la habilidad de correr. Sólo algunos de ellos se necesitan para caminar.

Los humanos somos pobres velocistas comparados con otros animales que corren. En cambio, somos resistentes. Una alta velocidad no siempre es importante. Lo es una combinación de ambas circunstancias, que permitiría recorrer largas distancias.

Quizá esta habilidad les permitía seguir a sus presas antes del invento de la lanza, el arco y la flecha, por ejemplo. Otra posibilidad es que tuvieran que llegar antes que otros depredadores al lugar en el que yacían animales muertos de forma natural, para poder alimentarse de ellos. En la sabana, bastaría con localizar una bandada de buitres evolucionando en círculos sobre un lugar para tener la seguridad de que existe una presa, a la que hay que llegar lo antes posible.

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