miércoles, 14 de marzo de 2007

Homo Sapiens Sapiens

Podemos suponer que nuestra especie, Homo sapiens, se originó en algún lugar de África. Los 200.000 años de vida de nuestra especie son en su mayoría años oscuros. Los primeros sapiens y sus descendientes pasaron la mayor parte de su vida en la Tierra como cazadores recolectores, sin dar muestras de lo que se conoce como el comportamiento humano moderno, que incluye el pensamiento abstracto y el simbolismo, y del cual se cree que han carecido casi todos los demás homínidos. El ‘Homo sapiens’ se expandió por el mundo. Primero conquistó Asia; luego, Europa y América. A su avance, fueron desapareciendo otras Humanidades emparentadas con él, como la de los neandertales.

No se sabe cuándo apareció el comportamiento humano moderno entre nuestros antepasados, aunque la mayoría de los científicos sitúa su generalización hace unos 50.000 años. Ya se conocen para entonces las primeras muestras de un arte prehistórico que alcanzó su máxima expresión en las pinturas rupestres francesas y españolas. Aquel hombre cazaba, pescaba, cuidaba a sus congéneres y fabricaba útiles cada vez más complejos. Las comunidades nómadas se empezaron a asentar en Oriente Próximo hace unos 9.000 años, cuando apareció la agricultura. Las primeras ciudades se levantaron en Mesopotamia, la cuna del primer imperio merecedor de tal nombre, donde hace unos 5.000 años se desarrolló la primera escritura. Y la Prehistoria se convirtió en Historia.

Somos nosotros mismos que con el devenir de los tiempos nos hemos convertido en "Homo Tecnologicus". Durante millones de años (entre cinco y siete) los homínidos tuvieron que evolucionar y luchar contra un medio ambiente no siempre amigo, para llegar hasta lo que somos hoy, una especie inteligente, tanto que somos capaces de destruir el planeta que nos acoge. Y aunque posiblemente no seamos los únicos seres inteligentes del Universo (entre cien mil millones de galaxias con más de cien mil millones de estrellas debe de haber más de un planeta que haya desarrollado la vida y posiblemente la inteligencia), sí somos únicos hasta que no se demuestre lo contrario, y sólo por eso deberíamos respetar más la vida de nuestra propia especie y por supuesto la de cualquier otra especie de este planeta para que la herencia genética siga su evolución, al menos en los próximos cinco mil millones de años que quedan antes de que nuestro Sol en su muerte como estrella arrase la vida y a la propia Tierra.

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