domingo, 3 de agosto de 2014

Una de las primeras ocupaciones humanas de la Península Ibérica

Una de las primeras ocupaciones humanas de la Península Ibérica
Un mundo natural diverso y lleno de grandes mamíferos. Ese es el escenario que reconstruye un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Institut Català de Paleoecología Humana i Evolució Social en el yacimiento de Barranc de la Boella, La Canonja (Tarragona), cuya antigüedad ha sido datada entre un millón y 780.000 años. Los restos arqueológicos hallados en esta excavación evidencian una de las primeras ocupaciones humanas conocidas en la Península Ibérica y gracias a los numerosos restos de animales los investigadores han reconstruido el entorno en el que vivían estos homínidos.­­

El estudio publicado en la revista PLOS ONE atestigua una de las primeras dispersiones humanas portadoras de una tecnología prehistórica, la achelense, que en el Plesitoceno Inferior final estaba muy extendida por África pero no así en Euroasia. De hecho, las rocas talladas con tecnología achelense se generalizaron en los conjuntos arqueológicos de Europa a partir de la colonización definitiva del continente, que según se cree se produjo durante la segunda mitad del Plesitoceno Medio (hace entre 500.000-125.000 años).

La coexistencia del achelense con la tecnología olduvayense, predominante en ese momento en la Península Ibérica, demuestra un nuevo evento de dispersión de homínidos, posiblemente procedentes de África. “Esto sugiere la presencia del achelense en Europa hace un millón de años, de modo que los nuevos emigrantes coexistieron en la Península con pobladores más arcaicos”, explica Antonio Rosas, investigador del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y corresponsable del estudio junto a Josep Vallverdú, del Institut Català de Paleoecología Humana i Evolució Social y director arqueológico del proyecto.

“El Barranc de la Boella constituye un nuevo conjunto de yacimientos que proporcionan una valiosa información sobre la evolución biológica y cultural de las poblaciones humanas durante el Pleistoceno Inferior y Medio, un periodo muy singular de la evolución humana”, asegura el investigador del CSIC.

Una rica megafauna

El equipo de Rosas ha contribuido a la caracterización cronoestratigráfica de los hallazgos de Barranc de la Boella y a la reconstrucción del medio ecológico en el que vivieron los homínidos en esta región a través de los más de 500 restos de fauna encontrados.

Entre las especies fósiles recuperadas, los investigadores han identificado, entre otros, mamuts, rinocerontes, osos, gamos, e hipopótamos. La presencia de estos últimos así como la de huesos correspondientes a castores indica, según este trabajo, que los homínidos explotaron los recursos naturales de ambientes próximos a cursos de agua, sometidos a frecuentes inundaciones.

Los científicos también han encontrado restos de pequeños mamíferos como ratones y también “han aparecido restos de macaco, lo que añade una nota de interés a las investigaciones”, añade Rosas.

Otra de las conclusiones a las que llega el estudio es que hubo actividad de carnívoros en las inmediaciones. Las marcas de dientes detectadas sobre los restos de grandes animales, entre ellos caballosy bóvidos, además de la presencia de heces fosilizadas, apuntan a que carnívoros como las hienas de gran tamaño buscaban allí su alimento.

En el trabajo han participado profesionales de distintas disciplinas e instituciones para establecer un marco cronológico, arqueológico y paleobiológico del yacimiento.

CSIC

sábado, 5 de julio de 2014

Los rasgos propios de los humanos evolucionaron por separado

Los rasgos propios de los humanos evolucionaron por separado
Una nueva evidencia climática y fósil analizada por un equipo de investigadores sugiere que los rasgos propios de los seres humanos no surgieron juntos en un solo paquete.

Por el contrario, varios ingredientes clave que se creían que definían al 'Homo' evolucionaron de antepasados anteriores como el 'Australopithecus' hace entre 3 y 4 millones de años, mientras que otros surgieron mucho más tarde.

Se ha creído durante mucho tiempo que muchos rasgos únicos de los seres humanos se originaron en el género 'Homo' hace entre 2,4 y 1,8 millones de años en África. Aunque los científicos han reconocido estas características desde hace décadas, se están reconsiderando los verdaderos factores evolutivos que los generaron.

Un cerebro grande, piernas largas, la capacidad de elaborar herramientas y largos periodos de maduración se cree que han evolucionado de forma conjunta al inicio del linaje del 'Homo' conforme las praderas africanas se ampliaban y el clima de la Tierra se volvía frío y más seco.

Este equipo de investigación, cuyo trabajo se publica en 'Science', usó un enfoque innovador al integrar datos paleoclimáticos, nuevos fósiles y la comprensión del género 'Homo', restos arqueológicos y estudios biológicos de una gran variedad de mamíferos (incluidos los humanos).

La síntesis de estos datos llevó a estos expertos a la conclusión de que la capacidad de los primeros seres humanos de adaptarse a las condiciones cambiantes posibilitó en última instancia a las primeras especies de 'Homo' variar, sobrevivir y empezar a propagarse desde África hacia Eurasia hace 1.850.000 años.

Uno de los autores, el paleoantropólogo de la Institución Smithsonian, en Washington, Estados Unidos, Richard Potts, desarrolló un nuevo marco climático para la evolución humana de África oriental que representa la mayor parte de la era de entre hace 2,5 millones a 1,5 millones años como una época de fuerte inestabilidad climática e intensidad cambiante anual de las estaciones secas y húmedas.

Este marco, que se basa en los ciclos astronómicos de la Tierra, proporciona la base para algunas de las principales conclusiones del artículo y sugiere que múltiples especies coexistentes con el 'Homo' que se superpusieron geográficamente surgieron en entornos altamente cambiantes.

"Las condiciones climáticas inestables favorecieron la evolución de la flexibilidad de las raíces humanas en nuestros ancestros --sentencia Potts, conservador de Antropología y director del Programa de Orígenes Humanos en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian--. La narrativa de la evolución humana que surge de nuestro análisis hace hincapié en la importancia de la capacidad de adaptación a entornos cambiantes, en lugar de adaptarse a cualquier entorno, en el temprano éxito del género 'Homo".

El equipo revisó todo el cuerpo de la evidencia fósil relevante para el origen de 'Homo' para comprender mejor cómo evolucionó el género humano. Por ejemplo, cinco cráneos de alrededor de 1,8 millones de años del sitio de Dmanisi, en la República de Georgia, muestran variaciones en los rasgos típicamente vistos en el 'H. Erectus' de África pero difieren de la definición de los rasgos de otras especies de 'Homo' temprano conocido sólo en África.

Esqueletos recientemente descubiertos de 'Australopithecus sediba' (de unos 1.980.000 años de edad) de Malapa, Sudáfrica, también incluyen algunas características del 'Homo', como sus dientes y manos, al tiempo que muestran rasgos no únicos de este género, como el cráneo y los pies.

La comparación de estos fósiles con el rico registro fósil de África del Este indica que la diversificación temprana del género 'Homo' fue un periodo de experimentación morfológica, en el que varias especies del linaje 'Homo' vivieron al mismo tiempo.

A pesar de que todas las especies 'Homo' superpusieron los tamaños del cuerpo, el cerebro y los dientes, también tenían cerebros y cuerpos más grandes que sus posibles ancestros, los 'Australopithecus'. Según el estudio, estas diferencias y similitudes muestran que los distintos rasgos humanos evolucionaron por separado y en diferentes momentos en el pasado en lugar de todos juntos.

Además de estudiar el clima y los datos fósiles, el equipo de investigadores también revisó la evidencia de antiguas herramientas de piedra. "En conjunto, estos datos sugieren que las especies de 'Homo' antiguo eran más flexibles en sus hábitos dietéticos que otras especies -dice Leslie Aiello, presidenta de la Fundación Wenner-Gren para la Investigación Antropológica, en Nueva York, Estados Unidos-. Su dieta flexible, probablemente centrada en la carne, se ingirió con la ayuda de herramientas de piedra que ayudaron a nuestros antepasados a explotar una amplia gama de recursos".

El equipo llegó a la conclusión de que esta flexibilidad probablemente mejoró la capacidad de los ancestros humanos para adaptarse con éxito a un entorno inestable y disperso de África. Esta flexibilidad sigue siendo un sello distintivo de la biología humana en la actualidad y, en última instancia, fomenta la capacidad de ocupar diversos hábitats en todo el mundo.

Las investigaciones futuras sobre nuevos fósiles y hallazgos arqueológicos tendrán que centrarse en la identificación de las características adaptativas específicas que se originaron con los primeros 'Homo', lo que dará lugar a una mejor comprensión de la evolución humana.

EUROPA PRESS

sábado, 28 de junio de 2014

Los restos de una de las mayores hogueras neandertales de Europa

Los restos de una de las mayores hogueras neandertales de Europa
Los arqueólogos que trabajan al yacimiento del Paleolítico mediano de la Roca de los Bueyes de Sant Llorenç de Montgai (Lleida) han descubierto una hoguera hecha por el hombre de Neandertal que podría ser una de las más grandes de Europa cuando se acabe de excavar totalmente. Hasta ahora, han podido comprobar que tiene más de tres metros de ancho y los arqueólogos creen que no se usaba para cocinar sino para hacer fuegos rituales -como las hogueras que se hacen para San Juan-, algo que "no sería extraño", según el director de la excavación, Rafael Mora.

El equipo de arqueólogos que durante este junio excava al yacimiento de la Roca de los Bueyes centra su trabajo en intentar explicar la funcionalidad que podría tener la hoguera, de la que queda una acumulación de cenizas de tres metros de diámetro originadas hace 55.000 años. Sus grandes dimensiones, más del triple de lo que se había encontrado hasta el momento, lo convierten en casi único en toda Europa. Este hecho, sumado a la forma cóncava que tiene y los restos recuperados a su interior, hace plantear la hipótesis que los grupos de neandertales que vivían en la zona lo hubieran encendido con finalidades rituales.

Además de las cenizas propias de la combustión de la hoguera, que tienen más de 20 centímetros de profundidad, se han encontrado diferentes objetos quemados que forman parte de su vida cotidiana, como por ejemplo osos y objetos líticos (de piedra). Además de estos vestigios, también se han localizado y documentado varios restos de fauna carbonizada de especies poco habitual en el registro, como por ejemplo carnívoros y aves carroñeras, todos con marcas de corte que fueron consumidas. El estudio de los materiales, que se hace a las instalaciones del Espacio Orígenes, en Camarasa (Lleida), servirá para obtener datos con las que, entre otros, confirmar que la actividad simbólica de estos grupos es real.

Rafael Mora, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) ha matizado que todavía es difícil determinarlo mediante la metodología científica y que serán necesarias diversas campañas de excavación para poder contrastar estos datos. Las excavaciones, coordinadas desde el Centro de Estudios del Patrimonio Arqueológico de la Prehistoria (CEPAP) de la UAB, se llevan a cabo con el apoyo técnico y económico del Departamento de Cultura y el de Educación de la Generalitat, el Ministerio de Economía y Competitividad español y el Ayuntamiento de Camarasa.

Las tareas de excavación al yacimiento y del laboratorio, donde se cataloga y se define la morfología de los objetos encontrados, las llevan a cabo una veintena de arqueólogos y estudiantes de arqueología de diferentes universidades de todo el Estado. El equipo se incrementará con diez personas más a partir de julio, cuando empiecen los trabajos a la Cueva Grande de Santa Linya, donde se contará con la colaboración de una docena de profesionales y alumnos de varias universidades de los Estados Unidos. Todo ello está abierto a la ciudadanía, a través de la actividad Work in process..., con la que todo el mundo puede ir a ver cómo realizan el trabajo. Es una manera de divulgar su tarea y explicar la importancia que tiene la preservación y valorización del patrimonio.

El yacimiento de la Roca de los Bueyes, museizado desde 2010, se puede visitar de forma guiada con el apoyo de tabletas digitales. Este sistema permite recrear y dar a conocer cómo era la forma de vida de los neandertales, que utilizaban esta cavidad como lugar de paso durante sus viajes entre las comarcas de la llanura de Lleida y las del Pirineu. La apuesta por las nuevas tecnologías permite al visitante acercarse al entorno y la prehistoria de forma autónoma y, con la ayuda de un guía a la parte final del recorrido, conocer la metodología de investigación en arqueología con la que se descubren nuevos detalles sobre los primeros pobladores de la zona.

ACN | 20minutos.es

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