lunes 2 de noviembre de 2009

La civilización nazca sucumbió tras eliminar su línea de defensa natural

La civilización nazca sucumbió tras eliminar su línea de defensa natural. EFELa civilización nazca del Perú precolombino terminó sucumbiendo porque eliminó su línea de defensa natural, los bosques de huarangos, frente a los estragos del fenómeno natural conocido como El Niño.

Ésa es la conclusión a la que han llegado David Besrseford-Jones, del Instituto McDonald de Investigaciones Arqueológicas de la Universidad de Cambridge, y otros colegas tras estudiar los efectos de El Niño en 1998 como modelo para intentar reproducir el impacto de un fenómeno similar al final de esa antigua civilización.

En 1998, El Niño inundó la moderna ciudad de Ica con una capa de dos metros de agua, y una proyección con ayuda del ordenador indica que El Niño que aconteció en algún momento entre los años 500 o 600 de nuestra era debió de tener efectos aún más catastróficos sobre el valle del bajo Ica, uno de los dos centros de esa civilización.

Los nazca podrían haber sobrevivido, sin embargo, a esa catástrofe natural de no haber sido por la tala progresiva de una importante masa forestal que habían llevado a cabo para dedicar el terreno a cultivos agrícolas como el maíz o el algodón.

El valle del bajo Ica, hoy desierto, estuvo poblado de bosques de huarango, un árbol que puede vivir más de un milenio y que, además de abastecer a los nazca de leña y madera para la construcción, cumplía un papel ecológico muy importante ya que sus profundas raíces afianzaban el terreno, protegiéndolo contra la erosión del agua y el viento.

Los árboles constituían además una importante defensa frente a las súbitas inundaciones, señalan los expertos británicos, según los cuales el análisis del polen antiguo muestra que la población de esos árboles comenzó a decaer en los años que precedieron al colapso de la civilización nazca por culpa de la dedicación creciente del terreno que ocupaban a agricultura.

Con esa tala masiva de árboles se eliminaron las defensas naturales frente a un intensísimo fenómeno de El Niño acaecido por aquellos años, explica Beresford-Jones.

"La tala gradual de los bosques terminó superando un umbral ecológico, claramente definido en esos entornos desérticos, con lo que el paisaje quedó expuesto a los vientos extremos del desierto y a los efectos de las inundaciones ocasionadas por El Niño".

"El clima no fue por tanto el único factor (en el fin de esa civilización), sino que los nazca contribuyeron con sus acciones a su propia destrucción", señala el científico británico.

Se cree que la deforestación contribuyó también de modo importante al colapso de otras civilizaciones, como la de la isla de Pascua o la del pueblo anasazi, del suroeste de Esatados Unidos.

"Los errores de nuestra prehistoria nos ofrecen una importante lección sobre la conveniencia de gestionar las frágiles zonas áridas de la actualidad", afirma Oliver Whaley, del Real Jardín Botánico de Kew, otro de los autores del estudio.

EFE

domingo 11 de octubre de 2009

El equipo de Atapuerca intenta un análisis a fondo del cráneo de Homo Heidelbergensis

Juan Luis ArsuagaUn equipo de investigación de la Sierra de Atapuerca, encabezado por Juan Luis Arsuaga, uno de los tres codirectores de las excavaciones, intenta obtener datos fiables sobre la capacidad craneal y características que pudo tener el cerebro del Homo Heidelbergensis.

José María Bermúdez de Castro, director también de las excavaciones y del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), ha explicado a EFE que el "Cráneo 4", encontrado en la Sima de los Huesos de Atapuerca, tiene unos 1.400 centímetros cúbicos.

Lo que pretende ahora el equipo que dirige Arsuaga es conformar a partir de los restos hallados una docena de cráneos que permitan obtener datos con una alta fiabilidad.

Bermúdez de Castro ha desvelado que hace unos dos millones de años el cerebro de los homínidos registró un crecimiento "espectacular" en un periodo relativamente corto de tiempo, unos 200.000 años.

Los homínidos pasaron entonces de un cerebro de unos 400 centímetros cúbicos, poco más que un chimpancé, a tener unos 600.

Hace un millón y medio de años, el Homo Ergaster, localizado en África, ya había alcanzado los 800 ó 900 centímetros cúbicos de cerebro.

Aunque en el caso del Homo Antecessor, cuyos restos de hace más de un millón de años se han encontrado en Atapuerca, no hay todavía un cráneo completo, por las partes que se han localizado hasta ahora se estima que su capacidad craneal podía superar ya los mil centímetros cúbicos.

Bermídez de Castro ha explicado que, aunque la capacidad craneal del hombre actual se encuentra entre los 1.350 y los 1.400 centímetros cúbicos, los neanderthales habían llegado a los 1.500.

Sin embargo, la clave en los homínidos está más en la complejidad del cerebro que en su volumen, según el director del CENIEH.

En este sentido, ha destacado que en los últimos 50.000 años algunas mutaciones han incrementado las conexiones en el cerebro relacionadas con la tecnología y la mente simbólica, que son dos de las claves del hombre actual.

EFE

Un estudio de Atapuerca concluye la conveniencia de leche materna hasta los 4 años

José María Bermúdez de CastroEstudios realizados en los fósiles de Atapuerca concluyen que la leche materna tendría que ser el alimento principal de los seres humanos durante sus cuatro primeros años de vida, afirma el director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), José María Bermúdez de Castro.

En una entrevista con EFE, Bermúdez de Castro, que también es codirector de las excavaciones de Atapuerca, ha explicado que la abundancia de restos de homínidos de la Sima del Elefante, una de las zonas más emblemáticas de los yacimientos, ha permitido estudiar los dientes de varios individuos y medir así las fases de su crecimiento biológico.

La conclusión ha sido que la lactancia materna se prolongaba hasta los tres o cuatro años, lo que los científicos relacionan directamente con su "buena salud" durante el resto de su vida.

La leche humana va cambiando su composición y se va adaptando a las necesidades de crecimiento aportado todo lo necesario, algo que también podría ocurrir en la actualidad, ha añadido.

Bermúdez de Castro ha explicado que cada especie tiene leche materna adaptada a sus necesidades y ha señalado que el consumo humano de la procedente de animales como las vacas o las ovejas, para lo que tuvieron que adaptar su aparato digestivo, es "relativamente reciente" y debió comenzar hace unos 7.000 años.

Además, su consumo contribuye a proteger al hombre de ciertas enfermedades y actúa como elemento para prevenir la obesidad en la etapa adulta.

Una vez que abandonaban la lactancia, los registros fósiles de Atapuerca indican, sobre todo gracias a las dentaduras, que seguían una buena dieta y eran omnívoros, aunque sólo se conservan restos de grasas y carnes.

Aunque los restos vegetales no se conservan, Bermúdez de Castro ha detallado que en la dieta de los homínidos de Atapuerca figuraron con toda seguridad setas, bellotas, frutos silvestres, peces e invertebrados que "variaban en función de la época, porque el clima era templado y había diferentes estaciones con sus propios alimentos de temporada".

Para el director del CENIEH, es "muy probable" que una vez superada la fase de lactancia se utilizara como un alimento clave el tuétano de los huesos, que es una parte muy rica en nutrientes y puede funcionar como sustitutivo del jugo materna.

También la dieta tiene mucho que ver con una de las principales causas de mortandad de los homínidos de la sierra de Atapuerca.

El fósil más antiguo de Europa, de más de un millón de años, encontrado también en la Sima del Elefante, es una mandíbula de un individuo de unos treinta o treinta y cinco años y sus incisivos estaban a punto de desprenderse de la encía.

De hecho, el científico sostiene que al no cocer los alimentos, los problemas de encías que ahora aparecen a los 60 ó 70 años de edad entonces aparecían en torno a los 30.

Los daños en la boca terminaban muchas veces en infecciones que en esa época podían terminar "fácilmente" con la muerte del individuo.

De hecho, las infecciones eran una de las causas más frecuentes de la muerte de estos homínidos, aunque también los accidentes, la acción de predadores y las luchas tribales.

Pedro Sedano. EFE

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