martes, 11 de junio de 2013

La cara de los humanos modernos apareció hace al menos un millón de años

La cara de los humanos modernos apareció hace al menos un millón de años 
Un grupo de investigación hispano-norteamericano ha comparado el crecimiento facial del chico de la Gran Dolina, un Homo antecessor de Atapuerca, y el de Turkana, Homo ergaster hallado en África. Sus datos sugieren que el rostro del chico de la Gran Dolina sería como el de Homo sapiens.

Un estudio, que publica la revista PLOS ONE, ha comparado el crecimiento facial del 'chico de la Gran Dolina', fósil encontrado en Atapuerca (Burgos) perteneciente a Homo antecessor, y 'el chico de Turkana', fósil de Homo ergaster hallado en el Lago de Turkana (África).

Los datos de dicho trabajo, basados en la remodelación que sufre el hueso durante el desarrollo –que deja huellas inequívocas de la dinámica del crecimiento de cada elemento óseo–, sugieren que la cara del chico de la Gran Dolina, cuyos rasgos modernos se han utilizado como prueba de la especie de Homo antecessor, sería como la de Homo sapiens si se hubiera seguido desarrollando hasta la edad adulta –se estima que tendría entre 10 u 11 años–.

“Ahora podemos afirmar que la cara ‘moderna’ apareció en alguna población humana hace al menos un millón de años y que, por el momento, Homo antecessor sigue siendo la especie más antigua con ese rasgo anatómico tan importante”, afirma José Mª Bermúdez de Castro, del Grupo de Antropología Dental del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), que ha participado en el estudio, junto a María Martinón-Torres, del mismo grupo.

Su cara moderna está en consonancia con su tamaño cerebral, de más de 1.000 centímetros cúbicos, y con su patrón moderno de desarrollo dental.

La comparación del patrón de crecimiento facial con un individuo de su misma edad dental, el chico de Turkana, pero fallecido en el este de África hace 1,6 millones de años, ha revelado diferencias sustanciales. Aquel hominino africano fue asignado a la especie Homo ergaster y su patrón de remodelado facial responde al modelo primitivo, que los primeros Homo comparten con Australopithecus.

La especie más antigua de Europa

Como explica Bermúdez de Castro, esta nueva investigación se une a otras realizadas previamente por su equipo investigador, y “nos permiten aproximarnos cada vez más a la historia evolutiva del género Homo en el último millón de años, y a la posición filogenética de Homo antecessor”.

Una de las críticas que recibió la especie Homo antecessor, tras su publicación en la revista Science en 1997, fue que varios de los individuos hallados eran juveniles. “Dicha crítica era discutible, puesto que al menos una especie de gran relevancia en la evolución humana, Australopithecus africanus, fue definida a partir de un individuo infantil”, añade el experto en Antropología dental.

Homo antecessor ganó en credibilidad con la obtención de especímenes de adultos y con el hallazgo de una mandíbula humana en el yacimiento de la Sima del Elefante en 2007. No obstante, quedaba por saber si la morfología moderna de la cara de Homo antecessor, estudiada en el llamado chico de la Gran Dolina, se debía tan sólo a su temprana edad de muerte, unos diez años.

“La especie Homo antecessor sale así reforzada con el estudio de su crecimiento facial”, concluye Bermúdez de Castro.

CENIEH | SINC

viernes, 7 de junio de 2013

Hace 27.000 años usaban conchas marinas para curtir y dar color

Hace 27.000 años usaban conchas marinas para curtir y dar color 
Los habitantes que ocuparon la cueva cántabra de El Salín hace unos 27.000 años -en el Paleolítico superior- utilizaban utensilios fabricados con conchas o fragmentos de estos materiales para realizar tareas relacionadas con el arte rupestre, como el procesado de pieles o la preparación de colorantes. Así se desprende del estudio, realizado por un equipo íntegramente español, de más de 3.500 restos, muchos correspondientes a lapas que previamente servían de alimento a nuestros ancestros.

Los investigadores, adscritos a la Universidad de Cantabria (UC), a la Universidad de York (Reino Unido) y al CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), han publicado estos resultados en el número de junio de la revista norteamericana «Current Anthropology», editada por la Universidad de Chicago.

En el artículo se describe el meticuloso trabajo desarrollado, que ha implicado la clasificación y análisis de miles de conchas o fragmentos correspondientes a la ocupación gravetiense de la cueva, situada cerca de la localidad de Muñorrodero (Val de San Vicente, Cantabria), ha informado la UC en un comunicado.
El estudio de los materiales, que fueron extraídos del yacimiento a principios de los años 90 por los profesores Manuel González Morales y Alfonso Moure, revela que los ocupantes de la cueva usaban las conchas para tareas que se relacionarían con las pinturas rupestres que hay en la cavidad.

La cueva de la Fuente del Salín es famosa por las representaciones de manos en positivo y negativo descubiertas en 1985 por un grupo de espeleólogos. Se trata de una muestra más de la riqueza del arte rupestre cántabro, que tiene su máximo exponente en Altamira pero que se despliega en numerosos yacimientos como este. La excavación se realizó por que los investigadores consideraron que el depósito de restos era sincrónico al momento de ejecución de las pinturas.

La revista «Current Anthropology» es una de las más importantes revistas internacionales en el campo de la Antropología y la Arqueología Prehistórica, donde ocupa actualmente el tercer lugar de un total de 81 revistas en el ranking del ISI-JCR.

El artículo, titulado «Shell Technology, Rock Art, and the Role of Marine Resources during the Upper Paleolithic», está firmado por David Cuenca Solana, Manuel González Morales y Alejandro García Moreno (Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria-IIIPC), Igor Gutiérrez Zugasti (University of York, UK), Jesús Setién y Estela Ruiz (LADICIM - Departamento de Ciencia e Ingeniería del Terreno y de los Materiales de la UC), e Ignacio Clemente (CSIC, Barcelona).

En la publicación de resultados se describe la metodología utilizada, que incluye un sistema de análisis funcional de conchas prehistóricas desarrollado por el primer firmante, David Cuenca.

Este método es resultado de la tesis doctoral que el investigador defendió en diciembre en la UC, y su desarrollo ha sido posible gracias a la colaboración del grupo de materiales del LADICIM -también de la Universidad de Cantabria-. Este laboratorio cuenta con un microscopio electrónico de barrido que se ha utilizado para caracterizar los restos de mineral relacionados con las trazas de uso de las conchas. El estudio taxonómico -clasificatorio- es obra de Igor Gutiérrez.

EUROPA PRESS

jueves, 6 de junio de 2013

Los neandertales sufrieron tumores en los huesos

Los neandertales sufrieron tumores en los huesos 
Los neandertales sufrieron tumores en los huesos como los que padecemos en la actualidad. Así lo confirma un estudio publicado en la revista PLOS ONE, basado en el hallazgo en Croacia de una costilla de neandertal que conservaba evidencias de la displasia fibrosa más antigua hasta la fecha, una tumoración benigna que a veces se acompaña de deformaciones en los huesos.

Un grupo internacional de investigadores, liderado por David Frayer de la Universidad de Kansas (EE UU), ha observado el caso más antiguo de un tumor óseo encontrado en las costillas de un espécimen de neandertal en Croacia.

El estudio, publicado esta semana en la revista PLOS ONE, revela que al menos un neandertal sufrió un cáncer que es común en los seres humanos actuales: la displasia fibrosa, un trastorno de causa desconocida, poco común y benigno, caracterizado por una proliferación tumoral de tejido fibroóseo.

Este descubrimiento, datado en torno a hace 120.000 años, posee más de 100.000 años de diferencia con las evidencias previas que se tenían de estas patologías, que las situaban, por primera vez, hace aproximadamente de 1.000 a 4.000 años.

Los autores destacan que la costilla cancerosa, recuperada en la famosa excavación arqueológica de la ciudad croata de Krapina, es una muestra incompleta, por lo que no pudieron definir los efectos en la salud que dicho tumor podría haber tenido sobre este individuo.

Pocos casos en el registro fósil humano

Aunque la displasia fibrosa en los seres humanos actuales es más frecuente que otros tumores óseos, Frayer explica que la evidencia de cáncer es muy poco frecuente en el registro fósil humano. “Este caso demuestra que los neandertales, que vivían en un medio ambiente no contaminado, fueron susceptibles al mismo tipo de cáncer que los humanos".

Por su parte, Janet Monge, paleoantropólogo del Museo Penn de Pensilvania (EE UU) y primera autora del trabajo, apunta que "este tumor puede proporcionar otro vínculo entre los neandertales y las poblaciones modernas. Parte de nuestra ascendencia proviene de los neandertales, nuestros huesos y dientes crecen de la misma forma y compartimos las mismas enfermedades".

Los expertos señalan que los neandertales vivían probablemente la mitad que los humanos modernos en los países desarrollados y estaban expuestos a diferentes factores ambientales.

"Teniendo en cuenta estos factores, los casos de cáncer son raros en las poblaciones humanas prehistóricas”, afirma Frayer. “Por eso, la identificación de una costilla de neandertal de más de 120.000 años de antigüedad con un tumor óseo es sorprendente, y proporciona información detallada sobre la asociación de los seres humanos con la enfermedad neoplásica".

SINC

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